Por: Bache3000
Las elecciones legislativas de 2025 quedaron atrás pero nadie guardó las banderas. En Río Negro hay tres polos que miran el mismo punto en el horizonte: la gobernación de 2027. Todo lo que pasa ahora, cada movimiento, cada alianza, cada denuncia, es un anticipo de esa batalla. Y en ese tablero hay algo que llama la atención: el peronismo se siente fuerte, quizás demasiado.
La alianza con Aníbal Tortoriello ya es un hecho. No hace falta que lo anuncien en conferencia de prensa. Se ve en la Legislatura, donde firman proyectos juntos, coordinan acciones, denuncian en tándem. Tortoriello se despegó de Lorena Villaverde con la misma naturalidad con la que alguien cambia de vereda para evitar un charco. Ahora saca a relucir su partido Creo y se aleja de los libertarios rionegrinos. La fórmula Tortoriello-Soria deja de ser un rumor de pasillo para convertirse en una estrategia visible. Es el regreso del eje Cipolletti-Roca que llevó al Gringo Soria a la gobernación. Un camino conocido, con sus promesas y sus fantasmas.
La estrategia tiene lógica. Ampliar la base, sumar otras identidades, armar un frente que vaya por el poder y no se quede discutiendo conceptos. Es pragmatismo puro. El problema es que el peronismo pasa demasiado tiempo mirando a Milei. El eje anti libertario les da cohesión, pero les quita oxígeno. Se olvidan de las propuestas, del modelo de provincia que mejoraría la vida de los rionegrinos. Es una trampa común: definirse por lo que uno rechaza y no por lo que uno quiere construir.
Desde el sorismo saben que viene una embestida. Mediática y judicial, dicen. Ya adelantan que pretenden generar problemas a Tortoriello con la causa Techo Digno. Mientras tanto, trabajan en construir las tres patas: Pesatti en Viedma, Tortoriello en Cipolletti, los hermanos Soria en Roca. Algunos incluso sugieren incluir a Gustavo Gennuso, fortalecido tras su victoria judicial. La idea es juntar todo lo que Juntos no sume en un frente amplio. Será un arduo trabajo de convencimiento puertas adentro, sobre todo para los que siguen pensando que la pureza ideológica es más importante que ganar.
Por supuesto, faltan detalles. Pero el concepto de frente existe, algo similar a lo que llevó a Carlos Soria a ganar.
Del otro lado, en Juntos Somos Río Negro, el golpe post electoral se sintió. Hubo un encuentro con los legisladores y algunos se atrevieron a señalar errores, a cuestionar la estrategia del propio Alberto Weretilneck. Él tomó nota. Y ya dio instrucciones sobre lo que vendrá: confrontar con el peronismo, llamarlo kirchnerismo hasta el hartazgo, acercarse al Gobierno Nacional. La defensa a Lorena Villaverde para que asuma su banca es parte de ese movimiento. También hay gestos internos, un intento por darle lugar a nuevas referencias. Hay una lectura clara: faltó renovación, hace falta adaptarse a los nuevos tiempos en estilo y en nombres.
Bariloche será clave en esa renovación. Después de la salida de Gennuso del gobierno nunca más se pudieron aunar los islotes en que se convirtió el partido. La alianza con Walter Cortés los hundió ante la clase media. Las peleas del final los debilitaron en donde pensaban ser fuertes (el sector sur). Viedma también entra en una etapa de reconstrucción tras el vendaval con Pedro Pesatti, con quien no hubo mejora en la relación.
Desde otras estructuras partidarias hablan del fin de ciclo. Pero los números dicen otra cosa. En la última elección nacional, en medio de una polarización tremenda, Juntos sacó más de cien mil votos. Perdió diputados y senadores, es cierto, pero cuando se mira el mapa de Río Negro todo quedó prácticamente verde. La pregunta es dónde buscar los votos para recuperarse de cara al 2027. La respuesta probablemente esté en el libertarismo. Los demás partidos se irán sumando alrededor de uno u otro polo. Además, Juntos cuenta con el poderío del Estado, con la posibilidad de provincializar la elección, poner la fecha junto con las municipales. Sigue siendo una fuerza tremendamente competitiva.
Y después está La Libertad Avanza, todavía convulsionada por la presencia de Lorena Villaverde. Su caída en el Senado la debilita en la provincia. Muchos espacios piden que sea Enzo Fullone quien asuma el ejercicio del poder. Esta semana ya puso al jefe del PAMI. Fullone cosecha fácil los malos tratos y las malas formas de Villaverde en el resto de la provincia. Ella tiene fecha de vencimiento: en dos años termina su mandato como diputada y no hay muchos aliados internos que la defiendan.
Lo notable es que sin nada, sin estructura, y con una pésima candidata, LLA logró ganar en la franja de diputados y quedó muy cerca en senadores. Hay potencial electoral ahí. Puro y duro. La pregunta es si van a poder ordenar el espacio a tiempo, si van a encontrar candidatos mejores, si van a construir algo más que bronca y redes sociales. Una alizan con JSRN, no está descartada.
La batalla por 2027 ya empezó. Y lo que se juega no es solo quién gobierna Río Negro los próximos cuatro años. Se juega qué modelo de provincia queremos, qué respuestas vamos a dar a los problemas concretos de la gente. Por ahora hay tres polos mirando el mismo horizonte. Falta ver quién llega primero y con qué proyecto bajo el brazo.