Por: Bache3000
Los 75 estudiantes secundarios de la zona andina que permanecían varados en Córdoba desde el 31 de diciembre finalmente partieron anoche a las 19:30 rumbo a casa. El colectivo que los traerá de regreso fue puesto por F2 Turismo Travel Dreams, pero solo después de que el intendente Walter Cortés interviniera con una llamada telefónica a la empresa emplazándolos a resolver el problema de inmediato. El viaje de aproximadamente 24 horas permitirá que los jóvenes lleguen este sábado por la tarde a Bariloche, poniendo fin a una pesadilla de cuatro días que expuso la negligencia de los organizadores, el abandono por parte de las autoridades nacionales y la desesperación de familias enteras que llegaron a organizar una caravana de rescate para ir a buscar a sus hijos.
La partida del colectivo se produjo horas después de que el municipio clausurara el local de F2 Turismo este viernes, tras las denuncias formales de los padres.
El problema no fue solo las sucesivas cancelaciones de vuelos de Flybondi, sino una seguidilla de incumplimientos contractuales y situaciones de riesgo que convirtieron lo que debía ser un viaje de egresados en una experiencia traumática. Los padres señalaron a este medio que durante la estadía en Camboriú, Brasil, muchas de las excursiones que estaban contempladas en el contrato nunca se realizaron. La agencia no proveyó los puntos de hidratación que habían prometido, dejando a los jóvenes expuestos al calor brasileño sin acceso garantizado a agua potable. La comida era pésima, un reclamo que se repetiría luego en Córdoba. Pero lo más grave ocurrió cuando una de las estudiantes sufrió un intento de abuso por parte de alguien vinculado a la organización del viaje.
Una vez que los chicos debían regresar a Bariloche, comenzó el calvario de las cancelaciones. El 31 de diciembre les suspendieron el primer vuelo. Luego vino una segunda cancelación, y una tercera. Flybondi, la aerolínea low cost que debía trasladarlos, estuvo cancelando vuelos masivamente durante esos días, afectando a múltiples pasajeros en distintas rutas del país. La justificación oficial habló de una tormenta con granizo que habría afectado las operaciones, pero las familias ya no confiaban en ninguna promesa. Mientras tanto, los estudiantes permanecían en un hotel deplorable de Córdoba, sin servicio de lavadero, obligándolos a pasar días enteros usando la misma ropa sucia, con comida que las propias familias describían como "pésima" e "impresentable".
Yanina, una de las madres cuyo testimonio en audio se viralizó en redes sociales y medios locales, describió un panorama desesperante durante esos días. "El hotel es impresentable, la comida es pésima. Los chicos no tienen ropa limpia porque no hay lavadero", relataba mientras transmitía la impotencia de no poder hacer nada desde la distancia. Varios estudiantes enfermaron durante la espera. "Hay mucha tos, mucho moco. El clima igual es diferente, encima, viste, de golpe llueve", explicaba tratando de encontrar explicaciones racionales a una situación que claramente superó cualquier previsión que los organizadores debieron haber tenido.
Uno de los casos fue particularmente grave: una joven empeoró tanto que sus padres no tuvieron más opción que viajar ellos mismos a Córdoba. Pagaron los vuelos de su propio bolsillo, llegaron a la ciudad, sacaron a su hija del hotel con todas sus pertenencias y la llevaron a una clínica donde le hicieron estudios y estuvo varias horas con suero. "Está un poco mejor", decía Yanina con alivio al contar la situación de la compañera. Pero la historia de esa familia no terminaba ahí: ellos también debían regresar y su vuelo de Flybondi les fue cancelado, quedando varados junto a los estudiantes sin saber cuándo podrían volver a Bariloche.
Las familias intentaron por todos los medios conseguir ayuda de las autoridades. Yanina contactó a un conocido que le sugirió que el secretario de Turismo de la Nación debería intervenir para disponer un vuelo que traiga de regreso a los chicos de Bariloche y también a otro grupo de San Martín de los Andes que estaba en la misma situación. Ella logró conseguir el número del funcionario y le escribió un mensaje que aparentemente nunca fue leído. "Ni me lo leyó creo", decía con resignación. También habló con un referente local que le confirmó haber contactado con Daniel Scioli, pero la respuesta fue tajante: no hay vuelos disponibles. Incluso intentó comunicarse con otros contactos en la administración nacional, pero tampoco obtuvo respuesta. "Ya estoy desesperada", admitía después de agotar todas las vías institucionales.
Ante la falta de respuestas, las familias comenzaron a organizar soluciones por su cuenta. "Si nos toca esperar, esperaremos hasta el 3 igual. Si no, si nos vuelven a suspender el vuelo, nos subiremos a autos particulares para ir hasta Córdoba a buscar a los chicos", explicaba Yanina. No era un plan improvisado sino una operación que estaban coordinando varios padres y madres desesperados. "Nos traeremos a dos o tres por cada auto, porque encima tenemos que ir dos manejando", detallaba, consciente de que el viaje de aproximadamente 1.700 kilómetros requería precauciones. "Iremos en caravana, no sé cuántos autos tendremos", agregaba, mostrando que ya estaban calculando logística, costos y riesgos de lo que sería un operativo de rescate organizado por las propias familias.
Los chicos, mientras tanto, solo querían volver a casa. "Los chicos no tienen ganas ni de ir a excursión ni nada, están re amargados", repetía Yanina, capturando el estado anímico de jóvenes que pasaron de la expectativa de un viaje de egresados a sentirse abandonados en hoteles deplorables a miles de kilómetros de sus casas. Las familias intentaban levantarles el ánimo como podían. "Tratamos de convencerlos de que hoy se pidan una pizza, que la pagamos, o sea, les mandamos plata, ¿viste?", contaba Yanina sobre los esfuerzos para que al menos tuvieran una comida decente. Incluso les ofrecieron una excursión como compensación, pero los estudiantes la rechazaron.
La empresa dispuso un colectivo que partió anoche a las 19:30 desde Córdoba capital con destino a Bariloche. El viaje de aproximadamente 24 horas hará que los estudiantes lleguen este sábado por la tarde a la ciudad, recibidos seguramente por familias que durante cuatro días vivieron con la angustia de tener a sus hijos abandonados a 1.700 kilómetros de distancia.
Para las familias, el regreso de sus hijos este sábado será un alivio inmenso, pero también el cierre de una experiencia que nunca debió ocurrir. La pesadilla termina, pero las preguntas y las responsabilidades quedan pendientes.