Por: Bache3000
El arquitecto Raúl Martinau no se sorprende con el comunicado de ARSA que solicita a los vecinos de San Carlos de Bariloche "realizar un uso responsable del recurso" ante el elevado y "en algunos casos indiscriminado" consumo de agua potable. Desde su perspectiva, es muy probable que los administradores de esta sociedad estén de vacaciones en El Cóndor o Las Grutas y, desde allí, pidan con facilidad "reducir el consumo". La ironía de Martinau apunta al corazón de un problema estructural: la falta de inversión en infraestructura por parte de una empresa que, según su análisis, nunca estuvo a la altura de las necesidades de la ciudad.
Creada en 1998, ARSA avanzó sobre los servicios que los propios vecinos habían construido con gran esfuerzo, tomando control de las tomas de agua y sistemas primitivos pero eficientes de potabilización que cada barrio había desarrollado. En Bariloche, sobre la base de ese sistema comunitario, se realizó la toma de agua del Nahuel Huapi y se mejoraron algunos mecanismos existentes durante la primera década del siglo. Sin embargo, como señala Martinau, después de esos años iniciales no hubo más avances significativos.
El problema central, según el arquitecto, radica en que ARSA es conducida desde Viedma sin participación de la ciudad autónoma de San Carlos de Bariloche, y nunca desarrolló un sistema compatible con la localidad más poblada de la provincia. Los números son contundentes: la población pasó de cien mil habitantes en los primeros diez años del siglo a casi doscientos mil en la actualidad, es decir, una duplicación de consumidores. A esta cifra hay que sumarle el millón de turistas que, según datos oficiales, visitan la ciudad cada año. Frente a este crecimiento exponencial, la empresa conducida políticamente desde Viedma no invirtió en infraestructura acorde a las necesidades reales de Bariloche.
Solo ahora, tras cinco años de demora, parece que se construirá una nueva toma desde el Lago Gutiérrez. Martinau es claro al señalar la causa de esta situación: los gobiernos municipales nunca tuvieron la voluntad de presionar a ARSA ni a otras oficinas provinciales, pese a contar con la bandera de la autonomía consagrada en la Constitución Nacional, la Provincial y la Carta Orgánica. Mientras tanto, el comunicado de la empresa se limita a pedir a los vecinos que eviten el riego, el lavado de autos y veredas, el llenado constante de piletas y que reduzcan consumos innecesarios. Las recomendaciones suenan huecas cuando provienen de una institución que, según la mirada crítica de Martinau, nunca cumplió con su parte del contrato: invertir en la infraestructura que una ciudad en crecimiento necesita para garantizar el acceso al agua potable.