miércoles 07 de enero de 2026 - Edición Nº328

El Bardo de Siempre | 5 ene 2026

PIDEN NO REGAR JARDINES

Bariloche enfrenta su peor sequía en décadas: Aguas Rionegrinas trabaja a máxima capacidad para garantizar el suministro

La sequía más severa de los últimos años mantiene en alerta al sistema de abastecimiento de agua potable en San Carlos de Bariloche. El arroyo Ñireco registra niveles históricos a la baja mientras las temperaturas récord disparan el consumo, configurando un escenario crítico que obliga a Aguas Rionegrinas a implementar medidas excepcionales en pleno verano. La zona sur y el Alto de la ciudad son los sectores más comprometidos.


Por: Bache3000

Desde el domingo a primera hora, la empresa puso en marcha un operativo especial que se mantendrá durante toda la temporada estival. Dos camiones cisterna recorren diariamente las zonas más afectadas, relevadas previamente por el personal técnico, para llenar reservas domiciliarias y atender a los vecinos que se acercan en busca de agua. La escena se repite en barrios donde las canillas hace días que apenas gotean o directamente permanecen secas.

Mientras tanto, el área técnica trabaja contrarreloj ejecutando maniobras diarias para redistribuir el agua disponible de la manera más equitativa posible. La tarea no es sencilla: se trata de optimizar un recurso cada vez más escaso priorizando los sectores alejados de las fuentes principales de abastecimiento, aquellos que históricamente sufren las consecuencias cuando el sistema se tensiona.

La respuesta de la empresa incluyó además forzar la maquinaria hasta su límite. La producción de agua potable pasó de un promedio de 63 millones de litros diarios a cerca de 80 millones, llevando los equipos a trabajar a máxima capacidad. Es un esfuerzo que permite sostener el servicio, aunque nadie en la compañía oculta que se trata de una solución transitoria frente a un problema estructural que arrastra años de postergaciones.

En Villa Lago Gutiérrez, la Cooperativa de Electricidad Bariloche intervino para ajustar el transformador del sector, lo que permitió mejorar la disponibilidad energética. Con esa mejora, el sistema de bombeo incrementó el caudal de agua que se impulsa hacia Estancia del Carmen, donde ahora funcionan cuatro equipos en simultáneo. Cada litro cuenta cuando las reservas naturales siguen bajando.

La crisis obliga a un cambio radical en los hábitos de consumo. Aguas Rionegrinas insiste en que el sistema no está preparado para soportar el riego de jardines, el llenado de piletas o cualquier uso recreativo del agua. El mensaje es claro y reiterado: cada gota que se destina a un uso no esencial impacta directamente en otros vecinos que pueden quedarse sin servicio. El recurso disponible debe reservarse exclusivamente para consumo humano y necesidades básicas del hogar. No hay margen para excepciones.

Además de la emergencia hídrica, la sequía multiplica el riesgo de incendios en una región naturalmente vulnerable. En respuesta a esa amenaza, la empresa adquirió 30 nuevos hidrantes que se encuentran en tránsito hacia la ciudad para su instalación inmediata. La medida busca reforzar la capacidad de respuesta ante eventuales focos ígneos y apoyar el trabajo de los equipos de bomberos y defensa civil que durante el verano trabajan en alerta permanente.

Pero la noticia que podría cambiar definitivamente el panorama del abastecimiento de agua en Bariloche está en marcha, aunque no brindará alivio inmediato. Luego de años de postergaciones producto del cierre de programas nacionales como ENHOSA y la ausencia de financiamiento federal, el Gobierno de Río Negro logró asegurar recursos a través de un préstamo internacional otorgado por la CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina. Con ese financiamiento se ejecutará la obra más importante de las últimas tres décadas para la ciudad: la nueva toma de agua del lago Gutiérrez.

La primera etapa licitatoria ya fue completada y el próximo 20 de enero se realizará la apertura de sobres de la segunda etapa. Se trata de una intervención estratégica que demandará aproximadamente dos años de ejecución, tiempo durante el cual la ciudad deberá seguir ajustándose el cinturón y confiando en que cada verano no traiga nuevas marcas de temperatura ni sequías más prolongadas.

Hasta que la nueva toma de agua entre en funcionamiento, Bariloche dependerá del compromiso colectivo y del trabajo diario de quienes operan un sistema diseñado para otra época, con otra población y otro clima. La solución de fondo está en camino, pero la emergencia es hoy. Y hoy, cada canilla que se cierra a tiempo es un gesto de solidaridad con el vecino del barrio de al lado que tal vez recién esta noche vea correr agua en su casa.

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