domingo 11 de enero de 2026 - Edición Nº332

Sólo el vecino salva al vecino | 10 ene 2026

ENCUESTA SOBRE LA DEMOCRACIA

La paradoja democrática: cuando la confianza se erosiona pero el sistema persiste

Una encuesta de Bache3000 revela que el 46% de los barilochenses tiene poca o ninguna confianza en el sistema democrático, mientras crece el cuestionamiento hacia un Estado que no cumple sus promesas.


Por: Bache3000

La democracia argentina enfrenta una crisis de legitimidad que ya no puede ignorarse. Los números son contundentes: de 803 casos relevados por Bache3000, apenas el 54% de los barilochenses manifiesta tener "mucha" confianza en el sistema democrático. Del otro lado, un 46% se distribuye entre quienes confían poco (10%), muy poco (15%) o directamente nada (21%).

El dato sorprende y, a la vez, era esperable. Sorprende porque estamos hablando de casi la mitad de la población que cuestiona el sistema que rige nuestra convivencia política. Pero era esperable porque vivimos en un contexto donde la democracia no ha logrado resolver los problemas fundamentales de la población, y donde el Estado —esa institución que durante décadas se promocionó como la herramienta salvadora de todos los males— se encuentra fuertemente cuestionado.

La paradoja es evidente: la sociedad barilochense quiere que el Estado funcione bien, pero simultáneamente cuestiona el uso de los fondos públicos y el pago de impuestos. "¿Para qué pagar si no funciona?", es la pregunta que circula cada vez con más fuerza en conversaciones cotidianas, en redes sociales, en asambleas vecinales. Este razonamiento, por lógico que parezca desde la perspectiva individual, genera un espiral peligroso para quienes manejan el poder del Estado. Menos recursos implican peores servicios, lo que alimenta más desconfianza, lo que justifica mayor resistencia al pago de impuestos, lo que deteriora aún más la capacidad estatal. Y así sucesivamente.

El problema de fondo no es técnico sino político: ¿qué democracia estamos defendiendo cuando ésta no logra garantizar condiciones dignas de vida para sus ciudadanos? La pregunta no es retórica. Durante décadas se nos dijo que un Estado presente era la solución. Que más gasto público significaba más bienestar. Que la democracia era sinónimo de progreso inevitable. La realidad barilochense —como la del resto del país— desmiente esas promesas. Los servicios públicos no funcionan como deberían, la inseguridad crece, la infraestructura se deteriora, y la sensación generalizada es que los recursos se utilizan mal o, directamente, se desvían.

Que el 54% todavía crea "mucho" en el sistema democrático es, en cierto modo, un testimonio de resiliencia cívica. Pero también es un llamado de atención: ese porcentaje viene cayendo. Y lo que antes era un consenso casi unánime sobre el valor de la democracia, hoy es una mayoría cada vez más erosionada. Lo preocupante no es solo el número de quienes desconfían, sino la tendencia. Cada gestión que promete y no cumple, cada escándalo de corrupción, cada servicio público que falla, alimenta este crecimiento del escepticismo.

Para quienes ejercen el poder —desde el municipio hasta los niveles provinciales y nacionales— el mensaje es claro: la confianza no se recupera con discursos, sino con gestión efectiva y transparente. Los barilochenses no están pidiendo milagros, están exigiendo que el dinero público se use bien, que los funcionarios rindan cuentas, que el Estado cumpla con lo básico. La democracia no se sostiene solo con elecciones periódicas. Se sostiene con resultados concretos que mejoren la vida de la gente.

Mientras eso no ocurra, ese 46% que ya desconfía seguirá creciendo, hasta que la pregunta deje de ser "¿cuánto crees en la democracia?" y pase a ser "¿para qué sirve la democracia?". Y esa, definitivamente, no es una pregunta que ninguna sociedad debería estar haciéndose.

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