Por: Bache3000
Lucas Chiappe mira piedras. Santiago Rey lo cuenta en elDiarioAR con esa economía brutal que tienen las grandes crónicas: "Con una gorra marrón bajo la cual asoman sus pelos blanquísimos, un buzo, jean, borcegos y guantes amarillos, se para en el ángulo que pocas horas antes era su rincón de lectura, y mira las piedras, humeantes". El hombre que durante décadas defendió el cerro Pirque, que peleó contra los pinos implantados y contra un dique que hubiera sumergido Epuyén, ahora está parado donde era su casa y no puede hablar. "No, flaco, no puedo, mirá lo que es esto. No puedo ni hablar", le dice al periodista.
Rey describe lo que eran esas piedras hace menos de doce horas: se apilaban unas con otras, se intercalaban con troncos, material, y formaban la casa de los Chiappe, "El Santuario" por el que miles de personas pasaron buscando conocimiento, amistad, fuerza para la pelea, belleza. Hoy es un revoltijo de piedras humeantes, hierros.
El periodista estuvo ahí, en el lugar donde más de seis mil hectáreas se están consumiendo desde el lunes 5 de enero. Cuenta que el jueves 8 de enero, a última hora de la tarde, una lengua de fuego entró en la garganta de la ladera del Pirque y quemó la casa de Lucas y su compañera Jillian, además de otras seis viviendas. Solo en ese lugar el fuego destruyó siete casas, en el marco del peor incendio que recuerde el noroeste de la provincia de Chubut.
Manu Murillo, yerno de Lucas, le cuenta a Rey entre lágrimas cómo intentaron defender el lugar: cuando entró la lengua de fuego fueron a atacarlo por el frente, pero cuando cambió el viento "en diez minutos se nos vino encima", había casi treinta personas trabajando, y "no hubo forma de pararlo". Manu recuerda que esa casa "era un santuario", un lugar "que Lucas construyó hace muchos años" al que "todos los días metía mucha energía y amor", las "muchas vidas que fueron pasando", los "hermanos que se criaron acá".
Rey habló con más de una decena de bomberos y brigadistas. Ninguno aceptó dar su nombre. Todos hablan de represalias, de perder el trabajo. Y todos coinciden en lo mismo: falta equipamiento terrestre, fundamentalmente camiones cisterna, tanques de agua transportables, bombas para extracción de agua de ríos. Faltan aviones hidrantes de mediana envergadura, del tipo AT-802 Fire Boss, que son los que pueden acercarse a los focos. El sueldo de los brigadistas es bajísimo, un ingresante cobra unos seiscientos mil pesos, y entre los despidos y las renuncias, el número de personas destinadas es insuficiente.
Sobre el Boeing 737 Fireliner que envió el gobierno de Santiago del Estero, los brigadistas le explican a Rey dos problemas: vuela muy alto y con el calor que emiten los focos, el agua se evapora antes de llegar; y cuando logra sortear esa situación, la cantidad de líquido genera un desplazamiento de oxígeno al que le sigue un reingreso que aviva las llamas. "Detrás de sí, el Boing deja una estela de fuego", escribe Rey.
El periodista pone carnadura a datos duros: la sub-ejecución del presupuesto del Servicio Nacional de Manejo del Fuego alcanzó el 60,6% en 2024 y el 48,2% en 2025. Y el presupuesto 2026 incluye una nueva quita: los veinte mil millones asignados representan una caída real del 69% respecto a 2023. Además, los cuarteles de bomberos de todo el país recibieron menos del cincuenta por ciento de los fondos que Nación debía enviarles: solo treinta y un millones al año por cuartel, de los sesenta y seis millones previstos. Uno de los bomberos que cuidaba la zona del arroyo Minas en Epuyén le contó que equipar correctamente a un solo efectivo cuesta más de veinte millones de pesos.
Rey estuvo en la conferencia de prensa donde el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, en lugar de responder sobre el destino de los fondos enviados por Nación para los afectados por el incendio del año pasado, eligió agredir al periodista que preguntó. "Yo estoy cansado de escuchar pavadas", dijo Torres, y agregó que no iba a tolerar "ningún tipo de manifestación infundada y de mala fe en este momento, donde hay cientos de familias que la están pasando mal". Torres amenazó: "Cuando termine la conferencia, vas a venir conmigo y con el fiscal y vas a realizar la denuncia de lo que acabás de decir, que supuestamente los recursos no llegaron donde tenían que llegar". El gobernador, sin embargo, no dio respuesta a la consulta sobre el destino de los fondos y la situación de los vecinos que aún no pudieron reconstruir sus casas.
A las 9,47 del jueves 8, cuenta Rey, la escritora Claudia Aboaf recibió un WhatsApp de Jillian diciéndole que estaba bien, que por ahora el fuego no había llegado, que se había autoevacuado, y que Lucas había quedado en la casa, trabajando en tareas preventivas. Doce horas después el fuego consumiría El Santuario.
Aboaf le explica al periodista que todos los que se fueron en los setenta de la ciudad tenían una doble gesta: "lograr salir de las fauces de la dictadura y la otra era ir a encontrar lugares en esta misma Argentina, en un exilio interior, para desarrollar una movida ecológica". Lucas Chiappe y Jillian forman parte de ese grupo que, en Chascomús, San Marcos Sierra, Epuyén y muchos otros lugares, defienden desde hace más de cuarenta años la naturaleza, impulsaron proyectos de desarrollo conscientes del medio ambiente, y le pusieron el cuerpo a iniciativas para la preservación de los espacios vitales.
"Lo que más bronca da es que esto es producto de una policrisis anunciada", le dice Aboaf a Rey, y se refiere al avance extractivista, al desarrollo inmobiliario y turístico sin control ni respeto por el entorno, al desguace de las áreas capaces de prevenir y accionar ante la emergencia, al cambio climático y la ausencia de políticas públicas para mitigarlo.
La crónica cierra como empezó: con Lucas mirando las piedras humeantes. El Pirque que defendió está hecho cenizas, también su casa. Prefiere por ahora no hablar. "No puedo", dice. Manu dice que El Santuario puede renacer, pero tal vez, "en otro espacio" porque "este espacio también murió. Porque la vida era el bosque".
La nota completa de Santiago Rey está disponible en elDiarioAR. Vale la pena leerla entera, quedarse con esas imágenes que construye desde el territorio: Lucas Chiappe que tanto habló, que tanto dijo contra la implantación de pinos, que tanto gritó contra la instalación del dique, Lucas Chiappe, setenta y cinco años, el "enano guardián del bosque", ahora no puede ni hablar. Vale la pena pensar en lo que significa que un país deje arder así a su gente, a su naturaleza, a su historia.
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