domingo 11 de enero de 2026 - Edición Nº332

El Bardo de Siempre | 11 ene 2026

ALEGRÍA INCONMENSURABLE

(Video) Lluvia de esperanza: las primeras precipitaciones abrazan Epuyén y frenan el fuego que arrasó la cordillera

17:14 |Las precipitaciones que comenzaron este domingo representan un cambio crucial en la batalla contra el fuego que mantiene en alerta a la comarca andina desde hace días.


Por: Bache3000

El cielo de la comarca andina cambió este domingo por la tarde. Alrededor de las 14 horas, las primeras gotas comenzaron a caer sobre Epuyén, esa localidad que venía observando con angustia cómo las llamas devoraban los cerros cercanos. La lluvia, ese fenómeno que en otras circunstancias pasa desapercibido, llegó esta vez como un alivio colectivo para una región que llevaba días conviviendo con el humo, el calor extremo y la amenaza constante del fuego.

Las precipitaciones no se limitaron a Epuyén. También alcanzaron Esquel, El Hoyo, el Parque Nacional Los Alerces y el paraje Rincón de Lobos, extendiendo ese manto de esperanza sobre todos los puntos que el incendio forestal había puesto en jaque. No se trata de lluvias torrenciales, pero en este contexto cada gota cuenta. El agua comenzó a hacer lo que cientos de brigadistas y bomberos venían intentando con esfuerzo agotador: reducir la temperatura del suelo, humedecer la vegetación seca, frenar el avance de las llamas.

Para quienes están en el frente de combate, el cambio climático representa mucho más que un respiro. Las precipitaciones abrieron una ventana de oportunidad que hasta hace horas parecía lejana. En aquellos sectores donde el calor extremo y el viento habían complicado cada movimiento, cada línea de contención, ahora las cuadrillas pueden trabajar con mayor seguridad. El Servicio Provincial de Manejo del Fuego y el personal de Parques Nacionales aprovechan estas horas para reforzar estrategias, para avanzar sobre puntos críticos que antes resultaban inaccesibles.

Los vecinos de Epuyén, Esquel y El Hoyo recibieron la lluvia con una mezcla de alivio y cautela. Durante días habían visto cómo el humo teñía el horizonte, cómo las llamas se acercaban peligrosamente a zonas pobladas. El olor a quemado se había instalado en las calles, en las casas, en la ropa. Ahora, con el sonido de la lluvia golpeando los techos, hay espacio para respirar un poco más tranquilos, aunque todos saben que la batalla no ha terminado.

Desde los organismos que coordinan el operativo remarcan que el trabajo continúa. Quedan tareas pendientes: liquidar puntos calientes, mantener guardias de ceniza, estar atentos a posibles reactivaciones cuando las precipitaciones cesen. La experiencia indica que un incendio de esta magnitud no se apaga de un día para el otro, ni siquiera con la ayuda del clima. Pero este cambio en las condiciones meteorológicas es, sin dudas, el aliado que todos esperaban.

Para los combatientes, estas lluvias significan también un descanso merecido después de jornadas extenuantes. Han trabajado sin pausa, enfrentando el fuego con recursos limitados y condiciones adversas. Ahora, mientras la lluvia hace su trabajo, pueden reorganizarse, recuperar fuerzas, planificar los próximos pasos en un escenario que, aunque sigue siendo complejo, se presenta un poco menos hostil que hace apenas unas horas.

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