Por: Bache3000
La política rionegrina comienza a esbozar un tablero donde las antiguas etiquetas parecen desdibujarse frente a un objetivo común: la sucesión de Alberto Weretilneck en 2027. En este escenario, una alianza que hasta hace poco sonaba a herejía o mera especulación de pasillo –la entre el peronismo que responde a los Soria y el exintendente de Cipolletti, Aníbal Tortoriello– cobra visos de realidad estratégica y es articulada en voz alta por sus propios actores.
Lo crucial es "quién" la enuncia. No es un analista externo ni un rumor de pasillo. Es "José Luis Berros", jefe del bloque peronista Vamos con Todos en la Legislatura y considerado una de las espadas fundamentales y un operador clave del espacio que lideran los Soria en la provincia. Su palabra tiene el peso de quien está en la mesa chica de las decisiones. Cuando Berros afirma que “compartimos con Aníbal Tortoriello que Río Negro necesita una transformación profunda”, está haciendo mucho más que un comentario amable: está tendiendo un puente oficial, probando temperaturas y enviando un mensaje claro al interior de su fuerza y al electorado.
Esta posibilidad, que para muchos análisis tradicionales parecía imposible por considerar que ambos sectores “se anulan entre sí”, fue anticipada con precisión por Bache3000. En una nota puntual, ha sostenido que esta alianza va encaminada y que sólo resta cerrar acuerdos “hacia abajo” del peronismo. Su tesis se refuerza con la declaración de Berros: el peronismo sabe que, en un escenario de "elección por tercios", su piso electoral, aunque sólido, necesita sumar una porción decisiva de alguno de los otros dos tercios (o el provincialista o el libertario). Tortoriello, con su capital político en el Alto Valle y su imagen en el resto de la provincia, aparece como la llave para capturar ese segmento.
Pero ojo, también lo nombró a Pedro Pesatti: "es parte del campo nacional y popular, más allá de que en el ámbito provincial tuviera definiciones partidarias diferentes. Desde lo político e ideológico hay muchas coincidencias, por historia y por la mirada común sobre el presente nacional. Veremos si coincidimos en el futuro".
Un dato elocuente es que esta señal del peronismo no ha recibido ningún desmentido por parte de Aníbal Tortoriello. El exintendente y fundador de CREO siempre presentó a ese partido como su proyecto político personal, una herramienta construida con paciencia. Para algo lo estaba armando. Su silencio estratégico ante la apertura de Berros sugiere que el diálogo no es descartado, sino que podría estar en una fase de evaluación y negociación.
El movimiento no pasa desapercibido en las esferas más altas. Hace apenas unos días, la exgobernadora Arabela Carreras, observando estas dinámicas desde los pasillos de la política, definió a este incipiente bloque como el "nuevo provincialismo". Una categoría que intenta nombrar precisamente esa recombinación que trasciende los partidos rígidos.
Berros, en su análisis, aporta el relato histórico que justifica esta afinidad: “La buena relación entre los Soria y Tortoriello nace cuando Martín y Aníbal fueron intendentes… por una forma similar de hacer gestión”. Está construyendo el marco narrativo para una convergencia que, hace unos años, era inimaginable.
Una categoría que intenta nombrar precisamente esa recombinación que trasciende los partidos rígidos, tal como el propio Berros insinuó al afirmar que lo importante “ya no serán los partidos, sino las personas”.
Mientras Berros diagnostica un gobierno provincial “agotado, sin ideas” y en “fin de ciclo”, señala que la convocatoria del peronismo debe ser "amplia. El peronismo nunca deja a nadie atrás, por eso vamos a seguir ampliando y abriendo los brazos cada vez más, convocando a todos y todas, para construir una provincia diferente, más inclusiva, con trabajo, con más infraestructura".
Mientras el gobernador Weretilneck enfrenta un año complicado, la oposición teje su futuro. La proyección de Berros pinta un escenario claro: 2027 se juega desde ahora, y la fórmula para ganar podría ser la suma de una base peronista unida y un líder externo que atraiga el viento de cambio de un sector desencantado. La “transformación profunda” que pregona Berros para Río Negro podría comenzar, justamente, con esta transformación táctica en su propia coalición.