viernes 13 de marzo de 2026 - Edición Nº393

Sólo el vecino salva al vecino | 20 ene 2026

El movimiento obrero ante la reforma laboral: la advertencia de UTHGRA Bariloche

En las oficinas de UTHGRA Seccional Bariloche, Nelson Rasini, secretario general del sindicato de trabajadores gastronómicos y hoteleros, analiza con preocupación el avance de la reforma laboral que impulsa el gobierno nacional. Mientras las cámaras del Congreso se preparan para sesiones extraordinarias en febrero, el dirigente advierte sobre la falta de coordinación del movimiento obrero frente a una estrategia gubernamental que considera meticulosamente planificada.


Por: Bache3000 // producción Martín Pargade

"El Gobierno tiene una estrategia clara, y la tuvo siempre clara", afirma Rasini al repasar el camino que llevó al oficialismo desde la intervención en el sistema de salud, pasando por las medidas contra los jubilados, hasta llegar ahora a la reforma laboral. Lo que más inquieta al dirigente es la asimetría en la comunicación: mientras el gobierno trabaja para convencer a los jóvenes y al electorado de que la reforma ampliará las posibilidades de inserción laboral, el sindicalismo parece perdido en un discurso de negación sin lograr transmitir con claridad los riesgos concretos que implica.

La crítica de Rasini apunta directamente a la conducción de la CGT. "Lo que preocupa es la inacción de los dirigentes de la CGT, que tienen que representar al movimiento obrero", señala con énfasis. Según el secretario general de UTHGRA, la anterior conducción perdió un tiempo valioso repitiendo que la reforma no prosperaría sin atreverse a explicar sus verdaderas consecuencias. Y ahora, con una CGT renovada dando sus primeros pasos, tampoco hay claridad sobre la postura política ni sobre las estrategias de articulación con los legisladores que deberán votar.

El dirigente no escatima en detalles cuando describe el impacto que tendría la reforma en el sector turístico barilochense. "En una actividad como la nuestra, que tiene trabajos temporales, el turismo estudiantil terminó y ese trabajo tiene siete, ocho meses de duración, con suerte", explica. Con la reforma, advierte, esos trabajadores que hoy son efectivos permanentes con tareas discontinuas pasarían a estar en período de prueba cada temporada, compitiendo con otros compañeros por la misma estabilidad laboral que hoy tienen garantizada. "Nunca vas a tener una estabilidad laboral", resume.

UTHGRA Bariloche ha logrado hasta ahora frenar esta precarización amparada en el convenio zonal que establece que durante los ciclos de temporada no puede haber trabajadores a prueba, tal como indica la Ley de Contrato de Trabajo. "Gracias a Dios, en la provincia de Río Negro lo podemos hacer y tratamos de visitar todos los establecimientos", cuenta Rasini, quien describe cómo controlan que los temporarios sean efectivamente temporarios y que los reemplazos estén debidamente justificados. Sin esas protecciones, advierte, quedarían todos en el aire.

Pero la defensa en el territorio tiene sus límites cuando las grandes decisiones se toman en Buenos Aires. Rasini reconoce esa distancia con realismo: "Estamos lejos, pero por lo menos nosotros, los dirigentes, tenemos la responsabilidad y la capacidad de transmitir todo esto, el perjuicio que puede ser". Por eso el sindicato viene trabajando desde hace tiempo en campañas de información, con spots publicitarios y material en la calle para advertir sobre los riesgos de la reforma, una tarea que, según el dirigente, debería haber sido asumida por todas las conducciones sindicales.

La convocatoria del 10 de febrero para las sesiones extraordinarias le resulta una estrategia deliberadamente desorientadora. "Lo veo muy bien pensada, porque termina siendo acertada", reflexiona al observar cómo los tiempos vacacionales de enero y febrero parecen haber dispersado la atención del movimiento obrero justo cuando más coordinación se necesitaría. "La cabeza del movimiento obrero o está desorientada o está, lamentablemente, de vacaciones", dispara con ironía, "estando en otro lado mientras todo esto sigue avanzando".

Rasini participó recientemente de una reunión convocada para articular la respuesta sindical, pero salió sin definiciones claras. Se habló de una charla con Sergio Capozzi, diputado del PRO, pero faltó lo fundamental: una conducción que trace el camino. "No hay una cabeza conductora, por lo menos no lo detecté yo", confiesa. Se mencionó la posibilidad de movilizaciones o panfleteadas, pero el dirigente advierte que cualquier medida debe ser estratégica. "Si nosotros hacemos una movilización nuevamente, la vara con la última movilización quedó muy alta. Si nosotros no superamos con responsabilidad el número, perdemos ante la vista del Gobierno".

Para el secretario general de UTHGRA, la medida adecuada sería un paro contundente, pero con una condición imprescindible: primero hay que concientizar masivamente sobre las razones. "Antes de hacer el paro tenemos que concientizar el todo, ¿por qué hacemos el paro? Porque si no somos nosotros claros en decir todos los perjuicios que nos va a ocasionar, sobre todo en una actividad como la nuestra que tiene trabajos temporales", insiste.

El análisis de Rasini no se queda en lo coyuntural sino que rastrea las causas estructurales de la debilidad actual del movimiento obrero. Señala el descrédito generalizado hacia la política y los sindicatos, un descrédito que, reconoce con autocrítica, "nosotros lo generamos". Primero fueron los partidos políticos tradicionales, que prácticamente desaparecieron. Luego vino la fragmentación de la CGT de Río Negro, una central que tenía peso importante y que fue dividida por zonas, según cuenta, "por orden de alguno y por conveniencia de los políticos". Esa división estratégica debilitó la capacidad de convocatoria y de interlocución con el gobierno provincial. "No tener una CGT que llame hoy, por ejemplo, al gobernador, que llame a los representantes, a ver cuál va a ser la postura, para tenerlo claro con el movimiento obrero, qué decisión van a tomar", lamenta.

Mientras tanto, el gobierno nacional aprovecha ese descrédito y recorre las provincias comprando voluntades. Rasini observa con preocupación las visitas del ministro del Interior a provincias como Chubut, golpeada por conflictos, y a Río Negro, que quedó "huérfana de representación". La estrategia nacional incluye presionar a las provincias a través del reintegro demorado de los fondos que el Estado debe a las obras sociales por medicación de alto costo. "El Gobierno, que tiene la obligación de reintegrar esa plata a la obra social, tarda y juega con eso. Entonces, siempre te va presionando, porque ellos son los que tienen el poder", describe el mecanismo de extorsión institucional.

En ese contexto, Rasini se declara "defensor de lo que es, en este caso, representante de los trabajadores" y reivindica el rol de las obras sociales sindicales como sostén del sistema de salud. Medicaciones que cuestan entre dieciocho y cincuenta millones de pesos, según el tratamiento, solo pueden ser cubiertas por un sistema solidario como el de las obras sociales. "Si lo trasladás al servicio público, hay grandes profesionales, excelentes empleados en los hospitales públicos, pero no tienen los insumos", plantea. La consecuencia es que quienes no tienen obra social enfrentan esperas interminables, incluso para intervenciones básicas.

El gobierno nacional llegó sin aparato partidario tradicional, utilizando inteligentemente las redes sociales y capitalizando el enojo popular, reconoce Rasini. Frente a eso, critica la falta de reacción de quienes deberían "sacar la cara para revertir esta situación". Y advierte con contundencia: "Se terminó el tiempo de jugar tibio, ya hace rato. Cuando estamos jugando tibio nosotros, nos van a llevar puesto. Por jugar tibio, ya sea a nivel local, cuando queramos acordarnos, nos arrastra toda la corriente".

El dirigente también rechaza las actitudes defensivas o temerosas que detecta en algunos sectores sindicales. Comentó haber escuchado con preocupación que en una manifestación reciente alguien advertía sobre el cuidado que debían tener por las "afirmaciones de quién venía", refiriéndose a la posible infiltración o espionaje en las reuniones gremiales. Para Rasini, eso es inaceptable. "A los dirigentes no nos tiene que dar miedo para nada. Nosotros no podemos estar escondidos, representamos a un cierto número de trabajadores, por lo cual somos los referentes, los que tenemos que dar la cara", afirma categórico.

Recuerda sin dramatismo su propia experiencia cuando el sindicato cortó la ruta reclamando ayuda del Estado y terminó procesado, con la Gendarmería preguntando en su barrio quién era y cómo vivía. "A mí no me asustó nunca, y si tenía que pagar el reclamo justo de los trabajadores por no ser escuchidos, no tenía ningún inconveniente, porque eso tenemos que ser claros nosotros", relata. Y advierte sobre el peligro de la autocensura: "¿Cómo nos vamos a andar escondiendo para ver, che, tené cuidado, a ver si viene alguno a filmar y tenemos miedo? Te imaginás que este tiempo de ser así llevó a pasar años tristes de nuestra historia".

La postura de Rasini es clara respecto a la independencia sindical: los dirigentes tienen una responsabilidad exclusiva con los trabajadores, sin tener que preocuparse por agradar a intendentes, gobernadores o legisladores. "Tenemos que ser claros y también exigirle que ellos tengan claridad, porque ellos llegaron a través del voto del pueblo", plantea. Y remata: "Tienen que dar la explicación al pueblo después, más allá de qué lado se van a poner".

Con las sesiones extraordinarias programadas para febrero y el gobierno nacional avanzando en su estrategia de convencimiento y presión sobre las provincias, el panorama que describe Rasini es inquietante. Un movimiento obrero fragmentado y desorientado, partidos políticos desintegrados, y una CGT nacional que no logra articular una respuesta contundente frente a una reforma que, en sectores como el turismo, amenaza con precarizar definitivamente el empleo. "Ojalá se revierta", dice sin demasiada convicción, "pero yo no veo de parte nuestra, por lo menos nuestra me refiero al movimiento obrero, menos de los partidos políticos que están desintegrados, estar parado en una posición firme en contra del avance del Gobierno".

La advertencia del secretario general de UTHGRA Bariloche resuena con urgencia: mientras el sindicalismo se entretiene en debates internos y no logra comunicar con claridad los riesgos de la reforma, el gobierno sigue comprando voluntades y avanzando. "Una vez que nos acordemos, va a ser tarde, pero también vamos a tener que hacer un mea culpa, a ver si estuvimos a la altura, los dirigentes, de querer impedir esto", concluye Rasini, dejando planteada una pregunta que el movimiento obrero deberá responder en las próximas semanas: ¿habrá capacidad de coordinación y firmeza antes de que sea demasiado tarde?

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