Por: Bache3000
En un rincón del Barrio Unión, donde funciona el Hogar de Cristo con poco apoyo del Estado y mucha solidaridad de organizaciones y vecinos, Matías cuenta su historia con la tranquilidad de quien ha encontrado un rumbo. "Mi llegada fue conociendo a Walter, el operador, conociendo todo desde Mendoza, de donde soy yo. El 25 de diciembre del 2024 decidí pedir ayuda a Walter y le pasé el número de mi abuelo para la entrevista", relata el joven de 21 años que ayer cumplió once meses en la comunidad terapéutica.
El proceso no fue sencillo. Matías intentó llegar tres veces antes de lograrlo. "Hicimos la entrevista un 3 de enero para venirme para acá, hablé con Michael, el referente del hogar, y me dijeron que sí, que estaba listo. Mi hermana me pagó el pasaje para el 7 de enero, iba con todas las cosas y me fraudé de vuelta, me agarró un miedo. Fui a la terminal y cuando dije que iba al baño me escapé donde limpiaba el vidrio que quedaba sobre la costanera", confiesa sin eludir los detalles de aquellos días.
La escena se repitió en febrero. Su hermana volvió a pagarle el pasaje el 3 de ese mes y Matías volvió a fugarse, perdiendo nuevamente los 95 pesos que costaba el viaje. "Pasé mi cumpleaños con mi familia el 10 de febrero y el 17 hablé con mi hermana y le dije que era mi decisión venirme de un día para otro. Le dije que era seguro, pero le había hecho perder dos veces mucha plata", recuerda Matías, quien finalmente se instaló en Bariloche, donde lo esperaba Walter, con quien Bache3000 habló en la primera parte de este informe desde el Hogar de Cristo.
Desde ese momento comenzó lo que él llama "la experiencia del hogar, encontrarme conmigo mismo, buscarme, dejar el pasado atrás". Matías habla de un pasado muy oscuro, una vida muy golpeada desde muy pibe. En agosto tuvo su primera visita después de seis meses en el centro. "Vino mi familia a visitarme desde Mendoza, mi abuela, mi hermana y mi sobrina. Tuve una semana con ellos", cuenta con emoción contenida. Luego vino otra etapa cuando el 27 de agosto se fue a la granja por tres meses y medio, profundizando su proceso de recuperación.
"Hoy en día me he encontrado conmigo mismo, me he encontrado con la clase de persona que soy sin consumo. Pude conseguir vínculo con mi familia, cosas que nunca pude recuperar. Cuando salgo a caminar, a pasear o a jugar a la pelota, salgo a disfrutar. Antes salía con consumo, iba a la plaza con consumo, iba a disfrutar con consumo", explica Matías.
Los logros que enumera tienen peso. Terminó el quinto año del secundario el año pasado y tiene el diploma, se recibió de panadero en el hogar. "Muchas puertas se me han abierto, mucho conocimiento hoy en día de lo que era y lo que soy. Gracias al hogar y a la voluntad mía que pongo día a día", reflexiona el joven que el 19 de febrero cumplirá un año en la comunidad y está a días de su primera salida, programada para el 24 de febrero, cuando viajará cinco días a la casa de su hermana en Mendoza.
Cuando se le pregunta qué mensaje le daría a otros jóvenes que están atravesando lo que él vivió, no duda. "Lo más lindo que diría es que solo no se puede. Yo intenté mil veces, de mil formas, solo yo nunca pude. Lo mejor que hay hoy en día es pedir ayuda, que solo no podemos", finalizó Matías.