viernes 30 de enero de 2026 - Edición Nº351

El Bardo de Siempre | 27 ene 2026

LO ENTRENARON PARA PELEAS CLANDESTINAS

Rocky: el perro rescatado que no quiere ser malo, ahora busca familia

Un perro que sufrió maltrato extremo y fue utilizado en combates clandestinos logró ser liberado gracias a la intervención de una fundación y con la colaboración del concejal Leandro Costa Brutten. Hoy, recuperado de sus heridas, espera encontrar un hogar donde pueda conocer por primera vez el amor y la paz.


Por: Bache3000

Integrantes de una Fundación rescataron este sábado 17 de enero a un perro en situación extrema de maltrato en un barrio de Bariloche, con la colaboración del concejal Leandro Costa Brutten, quien formalizó la denuncia contra el responsable y este lunes amplió la presentación judicial aportando nuevos elementos probatorios ante la Fiscalía. Gracias a esa intervención y al trabajo de la fundación, el animal logró ser liberado de una vida de violencia y ahora tiene la posibilidad de encontrar una familia que le brinde el hogar que nunca tuvo.

La historia de este perro es la historia del sufrimiento que muchos no quieren ver. Durante meses, tal vez años, fue sometido a una existencia brutal. Vecinos del barrio aseguran que fue entrenado para peleas ilegales, forzado a pelear contra otros animales en combates clandestinos donde la sangre y el dolor son moneda corriente. Su cuerpo lo confirma: las cicatrices en el cuello, las heridas profundas, las marcas de mordidas antiguas y recientes, todo habla de una vida donde la violencia fue la única constante. Cuando fue encontrado, estaba atado en condiciones precarias, abandonado, rodeado de suciedad, sin agua, sin comida, sin ningún tipo de cuidado. Ya no servía para pelear, entonces simplemente lo dejaron morir.

Pero algo pasó antes de que fuera demasiado tarde. Vecinos que no pudieron seguir mirando para otro lado comenzaron a denunciar la situación. A pesar de las amenazas, a pesar de la inacción inicial de las autoridades, insistieron hasta que lograron que alguien escuchara. La Fundación (que por medidas de seguridad no quiso dar su nombre), respondió al llamado y organizó el rescate con la colaboración de Costa Brutten, quien acompañó la intervención y formalizó la denuncia judicial. Entre todos lo sacaron de ese lugar de horror, lo subieron a un vehículo, lo llevaron a un veterinario. Y ahí, bajo la luz de un consultorio, se pudo dimensionar la magnitud del daño.

Las heridas en su cuerpo no eran recientes. Eran el mapa de una vida entera dedicada a la violencia impuesta por un humano que lo vio como una herramienta, no como un ser vivo. El cuello presentaba lesiones compatibles con el uso de cadenas y collares de castigo, utilizados en el entrenamiento forzado para peleas. Las patas mostraban señales de haber estado amarrado durante largos períodos. El pelaje, opaco y sucio, evidenciaba meses de abandono. Pero lo más grave no estaba en las heridas visibles, sino en la mirada. Una mirada que no conocía la ternura, que solo había aprendido a defenderse, a desconfiar, a esperar el próximo golpe.

Integrantes de la fundación se hicieron cargo de su recuperación. Los primeros días fueron difíciles. No dejaba que nadie se acercara demasiado, temblaba cuando escuchaba voces masculinas, reaccionaba con miedo ante cualquier movimiento brusco. Había pasado tanto tiempo siendo lastimado que ya no sabía que existía otra forma de vivir. Pero los voluntarios de la fundación no se rindieron. Con paciencia, con cuidados médicos, con palabras suaves y tiempo, el perro comenzó a cambiar. Las heridas del cuerpo empezaron a sanar. Las del alma llevarán más tiempo, pero también están sanando.

Hoy, días después del rescate, ese perro ya no es el mismo animal aterrorizado que fue liberado. Todavía desconfía, todavía tiene momentos donde el miedo vuelve, pero también ha aprendido a mover la cola cuando alguien se acerca con comida. Ha aprendido a dormir sin estar amarrado. Ha aprendido que no todas las manos lastiman, que existen las caricias, que la vida puede ser diferente. Y ahora está listo para conocer lo que nunca tuvo: una familia.

Hoy, vecinos y el concejal Costa Brutten buscan un hogar para él. Un hogar donde haya paciencia, donde entiendan que este perro necesita tiempo para confiar, donde no haya gritos ni violencia, donde pueda caminar libremente por un patio sin cadenas, donde pueda dormir adentro de una casa cuando hace frío, donde alguien lo mire con amor y no con la frialdad de quien ve un objeto. No necesita mucho, en realidad. Solo necesita lo que cualquier ser vivo merece: respeto, cuidado, un lugar seguro donde envejecer en paz.

Hoy los vecinos de Bariloche y el concejal le dieron una segunda oportunidad. Ahora falta alguien que le dé la primera vida verdadera que va a tener. Una vida sin violencia, sin miedo, sin dolor. Una vida donde ser perro no signifique ser una herramienta de combate sino simplemente ser querido. Ese es el final que este animal merece, y ese es el final que todos los que participaron de su rescate quieren para él. Porque cuando se salva una vida, cuando se le da la oportunidad de empezar de nuevo, se marca un límite claro a la crueldad. Y ese límite es lo único que nos separa de convertirnos en lo mismo que condenamos. Hoy, recuperado de sus heridas, espera encontrar un hogar donde pueda conocer por primera vez el amor y la paz.

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