lunes 02 de febrero de 2026 - Edición Nº354

Sólo el vecino salva al vecino | 28 ene 2026

HISTORIA CON POLÉMICA

Anchorena: La casa que mira el lago desde 1902 fue renovada

La Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi completó la primera etapa del rediseño de la muestra histórica ubicada en el interior de la Casa Anchorena, en la Isla Victoria. El trabajo forma parte de un proceso más amplio de mejoras en el uso público del área, y busca ofrecer a los visitantes que llegan acompañados por guías de las empresas habilitadas un recorrido interpretativo por las distintas etapas de ocupación humana de la isla, desde sus primeros habitantes hasta la figura de Aarón Anchorena.


Por: Bache3000

En esta primera instancia se finalizó el diseño del ala de los navegantes, donde se exhiben antiguas canoas indígenas que forman parte del patrimonio del Parque Nacional. La intervención incluyó además la incorporación de cartelería interpretativa que invita a conocer las formas de relación de los pueblos originarios con el lago y su entorno. Según informaron desde la Intendencia, este avance constituye un paso fundamental en la consolidación del conjunto histórico del área central de la Isla Victoria como espacio emblemático del Parque Nacional.

La Casa Anchorena es uno de los principales atractivos arquitectónicos del Parque Nacional Nahuel Huapi y forma parte del inventario de edificaciones de valor histórico, urbanístico y arquitectónico de Bariloche. Está registrada como Patrimonio de Interés Histórico y Cultural de la Administración de Parques Nacionales y su historia se remonta a los primeros años del siglo XX, cuando la isla comenzó a cobrar relevancia como sitio estratégico en la incipiente Colonia Nahuel Huapi.

La figura de Aarón Anchorena está indisolublemente ligada a la historia de la Isla Victoria. En 1902, este joven aristócrata porteño de apenas 25 años llegó a la región acompañado por Esteban Lavallol y Carlos Lamarca en una expedición de tres meses por la Patagonia que contó con el apoyo del presidente Julio Argentino Roca. Desembarcaron en una bahía de la isla que los deslumbró por su belleza, y allí pasaron varios días cazando cabras salvajes en medio de bosques impenetrables de cipreses y hayas. Los vecinos de la zona bautizaron el lugar como Puerto Anchorena en recuerdo de aquella estadía.

Anchorena quedó fascinado con la isla. Intentó comprarla, pero como las islas eran propiedad inalienable de la nación según la legislación de la época, debió iniciar trámites para obtener su usufructo. En 1902 consiguió la concesión de arrendamiento por parte de la Dirección de Tierras y Colonias, y en 1907 la ley 5267 del Congreso le otorgó el usufructo de por vida, a condición de invertir 200.000 pesos en mejoras.

El millonario descendiente de familia patricia se dedicó entonces a transformar la isla con el afán de fundar una estancia modelo. Instaló allí al ingeniero alemán Otto Mühlenpfort, quien construyó un astillero en Puerto Anchorena y levantó la casa que hoy puede visitarse restaurada. Mühlenpfort fabricó embarcaciones como el famoso Nahuel Huapi, encargado por Primo Capraro, y el Patagonia, para el propio Anchorena. También desarrolló actividades forestales y agro-ganaderas, introdujo especies exóticas como ciervos Axis y faisanes, y estableció un vivero que más tarde se convertiría en la base de la Estación Forestal.

Pero la permanencia de Anchorena en la isla fue breve. El intelectual francés Paul Groussac, trabajando como periodista del diario La Nación, publicó una serie de notas cuestionando duramente el privilegio que representaba el usufructo otorgado a Anchorena. Las críticas se intensificaron y motivaron una inspección del Subsecretario de Agricultura de la Nación. Presionado por la polémica pública, en 1911 Anchorena renunció al usufructo y la isla pasó a manos del Ministerio de Agricultura, donando todo lo invertido en construcciones, astillero, vivero y mejoras.

Algunos historiadores señalan a Anchorena como el primer turista de Bariloche, movido por impulsos de disfrute y contemplación más que de poblamiento y desarrollo productivo. Su empecinamiento por transformar la isla y diseñar su propio paisaje fue característico de una época en que la región experimentaba profundas alteraciones en su entorno natural, con la introducción de especies exóticas como las truchas y salmones que cambiarían para siempre la biodiversidad de los lagos patagónicos.

Tras la renuncia de Anchorena, la isla siguió evolucionando. En 1924 el ministro de Agricultura Tomás Le Breton decidió recrear el vivero iniciado por Otto Alberti, convirtiéndolo en un vivero forestal que llegó a albergar especies de los orígenes más diversos del mundo. Para 1949 la Estación Forestal superaba el millón de plantas. En 1945 se instaló una usina eléctrica, una línea telefónica interna, sistemas de riego artificial, se mejoraron caminos y sendas, y se iluminaron muelles y puertos. En 1946 funcionó una escuela primaria en un pequeño edificio de madera, y en 1948 se inauguró la hostería Nacional de la Isla Victoria, diseñada por el arquitecto Miguel Ángel Césari.

La Casa Anchorena conserva en sus amplias habitaciones diversos relatos, fotografías y documentos que reconstruyen la imagen que tanto la vivienda como la isla fueron adquiriendo como sitios de inigualables recursos culturales, naturales y económicos. Su arquitectura oscila entre lo sencillo y lo lujoso, con espacios pensados para el disfrute de una vida social en pleno contacto con el medio natural. Hábiles artesanos al servicio de Anchorena definieron el aspecto de las construcciones que configuraron el perfil inicial del asentamiento durante las primeras décadas del siglo pasado.

La puesta en valor del conjunto histórico del área central de la Isla Victoria representa ahora una oportunidad para que los visitantes puedan comprender no solo la historia reciente vinculada a Anchorena y las transformaciones que impulsó, sino también las capas más antiguas de ocupación humana. Las canoas indígenas exhibidas en el ala de los navegantes y la nueva cartelería interpretativa invitan a reflexionar sobre las formas en que los pueblos originarios habitaron estos territorios mucho antes de la llegada de los primeros exploradores europeos y los aristócratas porteños de principios del siglo XX.

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