Por: Bache3000
Hay algo fascinante en la manera en que un partido que se construyó sobre la promesa de dinamitar la vieja política termina reproduciendo cada uno de sus vicios con una torpeza casi conmovedora. La Libertad Avanza en Río Negro no es ya un proyecto político sino un manual de todo lo que juraron no ser: aprietes, facturas truchas, coimas a empresarios, amenazas a funcionarios propios, y esa vocación insaciable por convertir cada estructura partidaria en un kiosco personal. Lo anticipamos hace un mes, cuando todavía algunos creían que las grietas eran anécdotas menores, ruido de fondo en medio de la revolución libertaria. Hoy la confirmación llega desde el propio territorio nacional: el partido está virtualmente fracturado y al borde de la intervención federal, programada para febrero con la bendición explícita de Karina Milei.
El plan ambicioso de Javier Milei para las elecciones de 2027 encontró en Río Negro su primer obstáculo de peso, pero no por la oposición externa sino por la autodestrucción interna. La negativa de Lorena Villaverde a abandonar la presidencia de la fuerza obligó a la mesa política nacional a tomar una decisión que ya venía gestándose desde hace meses: intervenir el distrito durante febrero para "tomar otro rumbo", eufemismo elegante para decir que viene la limpieza. Villaverde no cede en sus posiciones, y eso no sorprende a quienes siguieron de cerca el derrotero del partido provincial. Algo similar había ocurrido cuando tras las conexiones que ligaban a miembros del partido con Fred Machado le pidieron que renuncie y se negó. Entonces, frente a las cámaras, Villaverde alegó haber abandonado la banca de senadora porque el escándalo afectaba a su familia, aunque la verdad más prosaica es que nunca logró construir poder político real más allá de lo que le concedían desde el gobierno nacional.
La figura de Villaverde, golpeada tras su intento fallido de asumir una banca en el Senado provincial, terminó de desplomarse este mes cuando el propio senador Enzo Fullone y el vicepresidente del partido Damián Torres confirmaron que la legisladora ya no puede ser "la cara visible" del espacio y que la estructura partidaria debe dejar de ser "el partido de una sola persona". Traducción menos diplomática: se acabó el reinado personalista, se terminó el circo de una conducción que convirtió al partido en patrimonio privado. Torres, además, marcó el final de una era al sentenciar que nadie cuestiona el mandato de Villaverde en la Cámara de Diputados provincial, pero que su ciclo como líder partidaria está terminado, un tema que se resolverá con la intervención del partido a nivel nacional.
La intervención federal buscará normalizar tres áreas críticas que hoy funcionan como zonas liberadas: la Junta Electoral, la estructura de Disciplina y el Tribunal de Cuentas, exactamente los mismos mecanismos que cualquier partido de la vieja política usa para ejercer control interno y que La Libertad Avanza rionegrina manejó con la misma opacidad que denunciaban en otros. Mientras tanto, ya circulan versiones sobre el futuro de la banca de Villaverde en Diputados, con Miguel Muñoz preparándose para ingresar, considerando que Natalia Chemor, quien sigue en la lista, mantiene una relación cercana con Villaverde y su ingreso no garantizaría el cambio de rumbo que Buenos Aires exige.
Pero el caso Villaverde es apenas una cara de la moneda. Del otro lado está Julián Goinhex, cuyas amenazas a funcionarios libertarios por participar en reuniones con el sector de Fullone terminaron de exponer las fracturas internas. Después vino el episodio de la banca del Senado, las facturas falsas presentadas, las coimas solicitadas a empresarios y los aprietes constantes a quienes no se alineaban con su conducción. Todo el repertorio de la casta, pero sin la sofisticación de décadas de práctica, con la urgencia torpe de quien necesita construir poder rápido y a cualquier precio.
Lo notable es que mientras algunos militantes de base siguen subiendo selfies en redes sociales creyendo que todo marcha viento en popa, convencidos de que están protagonizando una gesta histórica, desde la mesa política nacional ya firmaron la sentencia de muerte del proyecto rionegrino tal como existe hoy. La intervención viene a ordenar lo que se convirtió en un desastre administrativo, político y ético, a limpiar los escombros que dejó una conducción incapaz de sostener el discurso con el que llegó al poder. La épica libertaria vendida en Instagram choca contra la realidad de un partido que en diez meses logró fracturarse de manera casi irreversible, reproduciendo cada vicio de la política tradicional que prometía erradicar.
Lo dijimos hace un mes, cuando todavía había quienes apostaban a que las tensiones se resolverían con gestos conciliadores y declaraciones ampulosas. Hoy la intervención federal no es especulación sino confirmación oficial: La Libertad Avanza en Río Negro implosionó, y la Nación baja en febrero a ordenar el quilombo que Villaverde y Goinhex construyeron mientras vendían discursos de transparencia y revolución. El experimento rionegrino demuestra que cambiar la retórica no alcanza cuando los métodos siguen siendo los mismos, que la anticasta puede convertirse en casta con velocidad pasmosa si no hay instituciones sólidas que contengan las ambiciones personales. La intervención que viene no es castigo sino rescate, el intento desesperado de salvar lo que queda de un proyecto que nació prometiendo fuego purificador y terminó ardiendo en sus propias contradicciones.