Por: Bache3000
La carta, firmada por Marcela Salvatore a la que accedió Bache3000, socia gerenta del centro, expone sin eufemismos la crisis que atraviesa todo el sector de discapacidad en Argentina. "Durante el mes de enero del corriente año, directamente no hemos recibido pago alguno", señala el documento fechado el 6 de febrero, y añade que las obras sociales venían arrastrando demoras de pago desde antes.
El escenario que describe Painamal es el de una institución al borde del colapso. No pueden pagar sueldos a los empleados, ni a proveedores, ni servicios, ni impuestos. La ecuación económica es simple y devastadora: los valores nacionales establecidos para las prestaciones en discapacidad son bajos, las instituciones funcionan con presupuestos ajustadísimos, y un mes sin ingresos es suficiente para poner todo en riesgo.
La medida que estudia el centro es drástica. Los chicos que hoy asisten de lunes a viernes podrían pasar a concurrir apenas tres días por semana. Una reducción del cuarenta por ciento en la atención que reciben, justificada como "una medida para reducir costos fijos hasta lograr regularizar la situación". Pero detrás de esa frase técnica hay familias enteras que organizan sus vidas alrededor de la rutina terapéutica de sus hijos, hay profesionales que podrían perder sus trabajos, hay chicos que necesitan ese espacio para desarrollarse.
La carta de Painamal menciona además el contexto inflacionario que golpea especialmente a Bariloche. Los costos de insumos, alimentos y servicios han aumentado de manera considerable, y en una ciudad turística el impacto económico es todavía mayor. Es decir, no solo dejaron de recibir pagos: además, todo cuesta más.
El martes 10 de febrero, la institución volverá a comunicarse con las familias para informar las definiciones que tomará. Quedan cuatro días para que decenas de familias sepan si ese espacio que sostiene la vida de sus hijos seguirá funcionando o si la crisis del sistema de salud también terminará por arrebatarles eso.
Lo que está en juego no es solo un centro de atención. Es el derecho a la salud de personas con discapacidad, es el futuro de familias que dependen de estas instituciones, es la dignidad de un sector abandonado por un Estado que fija valores irrisorios para las prestaciones y después ni siquiera garantiza que esos pagos lleguen a tiempo.
Painamal advierte, pide comprensión, agradece el acompañamiento. Pero sobre todo, expone la crueldad de un sistema que deja a los más vulnerables a un paso del abandono total.