Por: Bache3000
El sábado el Cerro Catedral dejó de ser por unas horas el tradicional centro de esquí para convertirse en un circuito de humo, velocidad y adrenalina pura donde el Jeque Drifter desplegó todo su arsenal de autos preparados, acrobacias imposibles y experiencias que hicieron vibrar a más de mil doscientas personas que llegaron desde distintos puntos de Bariloche y la región para ser parte de un evento que marcó la primera jornada como un éxito rotundo, con unas quinientas personas en la función matutina y cerca de setecientas por la tarde, números que evidencian el hambre de espectáculos diferentes que tiene la ciudad durante el verano y la capacidad de convocatoria que genera una propuesta que combina el mundo del tuning con la posibilidad de vivir la experiencia desde adentro de los vehículos.
Lo que distinguió a esta edición del Jeque Drifter de otros eventos similares fue precisamente la posibilidad de que el público dejara de ser espectador pasivo para convertirse en protagonista directo de la acción, subiéndose a los autos mientras los pilotos ejecutaban maniobras de drift que hacían temblar cada tuerca del vehículo, sintiendo en el cuerpo la fuerza G de los derrapes controlados, escuchando el rugido del motor a centímetros de distancia y experimentando esa mezcla de terror y euforia que solo se consigue cuando estás dentro de un auto que parece desafiar las leyes de la física mientras las llantas traseras giran en el aire levantando cortinas de humo blanco que llenaban la base del cerro con ese olor característico a goma quemada que se quedó pegado en la ropa de todos los asistentes.
El taxi drift fue una de las atracciones más solicitadas durante toda la jornada, con filas de personas esperando su turno para subirse al asiento del acompañante y vivir tres minutos de pura locura mientras el piloto trazaba ochos perfectos, aceleraba hasta el límite y frenaba derrapando a centímetros de las vallas de seguridad, provocando gritos que se escuchaban desde todos los rincones del predio y que se mezclaban con las risas nerviosas de quienes bajaban del auto con las piernas temblando pero con una sonrisa que duraba horas, contando a sus amigos y familiares cada detalle de una experiencia que no van a olvidar y que ya están planeando repetir en la segunda jornada que se realizará este domingo en Catedral.
Las acrobacias no se limitaron a los autos solamente, porque el evento incluyó también exhibiciones de motos que volaban por el aire ejecutando piruetas que parecían sacadas de una película de acción, con pilotos que se paraban sobre el asiento mientras la moto seguía en movimiento, hacían wheelies interminables que desafiaban el equilibrio y la gravedad, y combinaban sus rutinas con los autos en secuencias coreografiadas donde dos ruedas y cuatro ruedas compartían el espacio en sincronía perfecta, creando momentos visuales espectaculares que fueron inmediatamente capturados por los celulares de cientos de personas que no paraban de grabar y sacar fotos para compartir en sus redes sociales, convirtiendo al evento en tendencia local durante todo el sábado.
Los fierros que desfilaron por la base de Catedral fueron un catálogo viviente de la historia del automovilismo y el tuning, desde clásicos impecablemente restaurados que parecían recién salidos de fábrica a pesar de tener décadas encima, pasando por Ferrari que brillaban bajo el sol cordillerano como joyas mecánicas de alto rendimiento, BMW con preparaciones que multiplicaban su potencia original hasta niveles de competición, Mercedes que combinaban lujo y velocidad en proporciones perfectas, Subaru con sus característicos motores boxer rugiendo de una manera que los fanáticos reconocen a la distancia, y una infinidad de preparaciones locales que demostraron que en Bariloche hay talento mecánico de sobra y pasión por los fierros que no tiene nada que envidiarle a las grandes ciudades del país.
La diversidad del público fue uno de los aspectos más llamativos de la jornada, porque el evento logró convocar a familias completas con niños pequeños que miraban fascinados los autos y las acrobacias mientras comían pochoclos y tomaban gaseosas, jóvenes que llegaron en grupos de amigos con sus propios autos tuneados estacionados en las cercanías como parte de una exposición informal que se armó espontáneamente, adultos que crecieron admirando estos fierros y finalmente tenían la oportunidad de verlos en acción a centímetros de distancia, y hasta abuelos que recordaban épocas doradas del automovilismo argentino mientras comparaban los modelos actuales con aquellos que ellos mismos manejaron décadas atrás, generando conversaciones intergeneracionales que solo los fierros pueden provocar porque trascienden edades y épocas conectando a las personas a través de esa pasión inexplicable por los motores y la velocidad.
El Jeque, figura central del evento, estuvo disponible durante toda la jornada para sacarse fotos con los fanáticos que hacían fila para tener su momento con la personalidad que convoca multitudes en redes sociales y que logró trasladar ese éxito digital a un evento presencial masivo, demostrando que la conexión con su audiencia va mucho más allá de las pantallas y que su propuesta tiene la capacidad de movilizar a cientos de personas dispuestas a pagar una entrada, viajar hasta Catedral y pasar horas bajo el sol patagónico solo por vivir la experiencia completa del universo del drift y el tuning que él representa y promueve desde sus plataformas.
Este domingo se desarrollará la segunda y última jornada del evento, con dos funciones que prometen repetir y superar la convocatoria del sábado, porque el boca a boca de quienes estuvieron presentes el primer día está generando una expectativa enorme entre quienes se lo perdieron y ahora buscan desesperadamente conseguir lugar en el transporte oficial o coordinar vehículos propios para no quedarse afuera de lo que se perfila como el cierre espectacular de un fin de semana que puso a Bariloche en el mapa del automovilismo nacional y que demostró que la ciudad tiene público y ganas de eventos diferentes que rompan con la rutina de las propuestas turísticas tradicionales, abriendo camino para que iniciativas similares se repitan durante el verano y consoliden a la temporada estival como algo más que un intermedio entre una temporada de esquí y la siguiente.