Por: Bache3000
Un episodio que mezcla la exposición mediática con la cruda realidad del centro barilochense tuvo como protagonista involuntario a Brunenger, influencer con más de 2 millones de seguidores en Instagram y reconocido streamer que había llegado a la ciudad para disfrutar de unos días de descanso. Lo que debía ser un paseo tranquilo por la peatonal Mitre se transformó en una escena incómoda y violenta cuando un grupo de personas en aparente estado de intoxicación lo increpó con insultos homofóbicos, amenazas y burlas mientras el joven intentaba seguir su camino.
El video del incidente circuló rápidamente en redes sociales y muestra el momento exacto en que al menos tres individuos rodean al influencer con agresiones verbales constantes. "¿Cómo que andás haciendo Bariloche? Tenés más cara de puto que no sé qué", le gritó uno de los agresores mientras otro sumaba: "Brunenger, puto, sacá clip, pedazo de gil, pedazo de gato maricón". Las frases se superponen en un clima de hostigamiento sostenido donde también se escucha "Brunenger me rechupa la verga, men", evidenciando no solo el reconocimiento del influencer por parte de quienes lo increpaban sino también la violencia verbal explícita con contenido homofóbico y despectivo. La situación generó un clima de hostilidad que obligó a Brunenger a retirarse del lugar sin responder, evitando una escalada mayor del conflicto frente a personas cuyo comportamiento evidenciaba agresividad y descontrol absoluto.
Brunenger, cuyo nombre real es Bruno Bianchi, es conocido por sus transmisiones en vivo donde comparte sus experiencias de viaje, interactúa con su comunidad y comenta sobre situaciones cotidianas con humor y cercanía. Con una audiencia masiva que supera los 2 millones de seguidores en Instagram y cientos de miles en otras plataformas, el influencer suele documentar sus recorridos por distintas ciudades del país y del mundo, razón por la cual su paso por Bariloche no pasó desapercibido entre quienes siguen su contenido diariamente. Mañana, el streamer participará del evento organizado por Jeque Drifter, lo que confirma que su visita a la ciudad tenía una agenda planificada y que el incidente no formaba parte de ningún contenido buscado o provocado.
El episodio no es un hecho aislado sino la confirmación de una problemática que viene denunciándose desde hace meses por vecinos, comerciantes y visitantes que transitan el microcentro barilochense: la sensación de inseguridad, abandono y falta de autoridad en un espacio que debería ser emblema de orden y convivencia en una ciudad que vive del turismo.
Cada vez con mayor frecuencia se registran peleas callejeras, personas alcoholizadas deambulando sin control, situaciones de mendicidad agresiva y episodios de violencia que van desde amenazas verbales hasta agresiones físicas. Hace apenas unos días, una persona fue asesinada en las inmediaciones del centro, un hecho que conmocionó a la comunidad y que volvió a encender las alarmas sobre la falta de respuestas concretas por parte de las autoridades municipales y provinciales.
El deterioro del espacio público en el corazón de Bariloche no es solo una cuestión de percepción: es una realidad tangible que afecta tanto a residentes como a turistas que llegan con la expectativa de encontrar una ciudad ordenada, segura y acogedora. La presencia cada vez más notoria de grupos que se apropian de las esquinas del centro, consumiendo alcohol y sustancias en plena vía pública, generando situaciones de intimidación y violencia, contrasta brutalmente con la imagen de postal que Bariloche intenta proyectar hacia el mundo.
La falta de presencia policial efectiva, la ausencia de políticas de contención social y la inacción frente a conductas que alteran gravemente la convivencia han convertido al centro en un territorio donde la ley parece no tener peso y donde cualquier persona puede ser víctima de un episodio violento sin que existan mecanismos claros de prevención o respuesta inmediata.
El incidente que sufrió Brunenger no es diferente al que podría experimentar cualquier vecino o visitante que camine por Mitre en cualquier momento del día, pero su exposición pública y el alcance de sus redes sociales visibilizan una problemática que muchas veces queda circunscrita a las denuncias locales sin trascender más allá de los límites de la ciudad. La agresión verbal, las amenazas directas y el clima de hostilidad que se respiraba en el video son la radiografía exacta de lo que sucede cuando el Estado se desentiende de su responsabilidad de garantizar el orden y la seguridad en el espacio público, permitiendo que actitudes violentas y discriminatorias se normalicen hasta el punto de convertirse en parte del paisaje urbano cotidiano.