Por: Bache3000
En la vereda de calle Moreno, en la salida del trabajo, en el apuro de la tarde barilochense, la reforma laboral que agita el Congreso parece circular de manera fragmentada entre quienes más la van a sentir. Muchos vecinos reconocieron este miércoles no estar al tanto de los detalles del proyecto, aunque sí perciben, con distinta intensidad, que algo importante está ocurriendo en el plano económico y laboral del país.
Una vecina, al escuchar la consulta, asoció de inmediato la situación con un período que lleva consigo una carga emocional muy pesada para millones de argentinos, la crisis del 2001. "No quise meterse mucho en eso", dijo, porque cuando alguien le comparó el escenario actual con la situación que se vivió a principios de siglo expresó "ah listo, no quiero saber nada". La comparación con aquella debacle no es menor y funciona como una señal de alarma que, paradójicamente, empuja a algunas personas hacia el desconocimiento como mecanismo de defensa ante lo que no pueden controlar.
Otra vecina que salía de su trabajo sobre esa misma arteria reconoció haber leído algo al respecto y resumió con precisión lo que muchos sienten cuando dijo que "algunas cosas favorecen y otras no, y que está todo complicado a cualquier nivel". Esa ambigüedad refleja una realidad concreta: la reforma tiene aristas que afectan de manera diferente según el tipo de contrato, el sector y la situación de cada trabajador, lo que vuelve más difícil construir una postura colectiva clara frente a un texto legal que todavía puede sufrir modificaciones antes de convertirse en ley.
El ritmo arrasador de la gastronomía apareció como una explicación contundente en el relato de una trabajadora del rubro consultada en calle Moreno, que admitió no tener idea de lo que se estaba tratando y que ni siquiera sabía que había habido una marcha, porque según sus propias palabras en esa actividad "estamos todo el tiempo corriendo y a veces no tenemos tiempo ni de leer el diario". La frase no es un dato menor si se piensa que la gastronomía es uno de los sectores más sensibles a cualquier modificación en las condiciones de contratación y despido.
Un vecino que sí tenía algo más de información admitió que el panorama en su lugar de trabajo es complejo, porque aunque sabe que existe el derecho a hacer paro, también reconoció que "en el laburo nadie se prende y después tenés que bancartela solo". A su vez, prometió ponerse en tema antes de tomar cualquier decisión. Su testimonio desnuda una de las tensiones más profundas que atraviesa el mundo del trabajo en Argentina, donde el miedo a las represalias convive con la incertidumbre sobre los propios derechos.
El relato más angustiante llegó de una vecina jubilada que, lejos de la indiferencia, se mostró completamente afectada emocionalmente y dijo estar "muy angustiada" porque siente que "no nos damos cuenta de lo que está pasando". También señaló que no puede hacer paro porque (todavía) trabaja en negro, una condición que la deja fuera de cualquier forma de protesta organizada y que expone la cara más brutal de la informalidad laboral en un contexto donde las jubilaciones ya fueron uno de los sectores más castigados por las políticas económicas del último tiempo.
Lo que Bache3000 encontró este miércoles en calle Moreno no fue indiferencia pura sino una mezcla de información fragmentada, agotamiento cotidiano y una angustia que crece y se hace sentir en los bolsillos. La reforma laboral avanza en el Congreso y es posible que en las próximas horas tenga un nuevo capítulo en Diputados, pero para muchos de quienes la van a vivir en carne propia el debate todavía no llegó, ya que existen otras prioridades a resolver.