viernes 20 de febrero de 2026 - Edición Nº372

Yo no lo voté | 19 feb 2026

Y SE MARCHÓ...

"No tiene un solo artículo que beneficie a los laburantes": Bariloche en la calle contra la reforma laboral

La ciudad se detuvo. La CGT adhirió al paro pero no puso el cuerpo en la calle; los que sí marcharon llenaron seis cuadras desde Onelli y Moreno hasta el Centro Cívico, mientras el Congreso debatía una ley que, dicen los que salieron, viene a desarmar décadas de derechos construidos de a poco.


Por: Bache3000

El paro se sintió en toda la ciudad, en el sector privado y en el público. Desde CTA Autónoma confirmaron adhesión de casi el cien por ciento entre los estatales. Pero la imagen del día no fue el silencio de los negocios cerrados sino el ruido de seis cuadras de gente moviéndose por el centro con banderas, bombos y la convicción de que esta vez había que estar. La pancarta verde que encabezaba la columna no dejaba lugar a dudas: la reforma laboral de Milei es robo salarial. Al costado, otra que apretaba distinto: "Esenciales para el pueblo, invisibles para el gobierno."

Cerca de las seis de la tarde, cuando todavía había sol y el calor no cedía, la columna empezó a moverse desde la esquina de Onelli y Moreno. Adentro estaban los de la CNEA, los de la UNRN, los del SOYEM, los del UNTER, los del INTI, los de salud, los de la náutica, los vecinos sin sigla que llegaron por cuenta propia porque leyeron algo, porque escucharon a alguien, porque les llegó la sensación de que esta vez iba en serio. La CGT acompañó el paro nacional pero no organizó marcha propia en la ciudad, lo que no impidió que la convocatoria de las dos CTA desbordara lo esperado.

Isabel, referente de CTA Autónoma, fue directa desde el arranque: "Hoy estar en las calles significa reafirmar otra vez los derechos que hemos sabido conquistar todos los trabajadores contra un gobierno fascista que va contra de todos esos derechos." Y agregó algo que resonó entre los presentes: que este gobierno "lo único que vino a hacer es romper con la clase obrera y romper con todo lo que ya teníamos de bien, y no vino a mejorar nada la vida de los argentinos."

Julieta Caló, referente del INTI en Bariloche, puso números concretos a la bronca. Todos los días cierran fábricas, dijo, y mencionó el cierre de Fate el día anterior como ejemplo de lo que está pasando en la industria. Para ella, la reforma toca lo más cotidiano y lo más íntimo: "El no poder enfermarse, no poder pasar tiempo con tus hijes, tener que negociar las horas extras por compensatorio. Es un claro retroceso." Habló desde la multisectorial que el INTI conformó en el interior y en las provincias, y fue clara en que la pelea no puede ser solo de un sector: tiene que ser de todos.

Federico, presidente de la Fundación Gente Nueva, amplió el panorama más allá de la reforma laboral y lo que vio no lo tranquilizó. "Está la reforma laboral, está la baja de imputabilidad para los menores, a partir de marzo se va a venir la reforma educativa", enumeró, como quien hace una lista que no termina. Advirtió que el campo popular no puede limitarse a reaccionar: "No solo reaccionar, sino también tener propuestas de nuestro lado, que es el gran desafío que tenemos. Las basuras y los hipócritas que tenemos enfrente ya sabemos lo que son, ya sabemos para quiénes trabajan."

Daniel Fuentes, profesor de Historia y militante de los barrios de Bariloche, miró la escena con perspectiva histórica y no encontró nada nuevo. "Es volver a ver un proceso que ya ocurrió en la Argentina. El último recuerdo lo tenemos en el año 2000, con De la Rúa y con los mismos personajes que hoy están enquistados en el poder, Bullrich, Sturzenegger y demás." Habló también de la compra de voluntades, comparó el momento con la Banelco del 2001, y señaló que el tiempo siempre termina por mostrar cómo cambia el patrimonio de ciertos legisladores después de ciertos votos. "Ya tenemos ese diputado que lo encontraron en Paraguay", dijo, y no hizo falta agregar más. Y anticipó lo que viene: el modelo puede caer por agotamiento, pero el peligro está en cómo cae, si con más represión o con un recambio real de la oposición.

Juan, referente sindical presente en la marcha, lo sintetizó sin adornos: "Esta es una ley que no tiene un solo artículo que beneficie a los trabajadores. Lo importante es estar en la calle y visibilizar con todos los vecinos, con todos los laburantes, de que esta ley no significa ni un solo avance para el sector trabajador."

En el acto frente al Centro Cívico tomó la palabra Adriana Lizaso, referente de UNTER en Bariloche, y lo que dijo fue más allá de la reforma laboral, bastante más allá. Habló de escuelas rurales que están cerrando, no por falta de chicos sino para despejar territorios destinados a proyectos megamineros. "Lo primero que hacen es cerrar escuelas", dijo, y la plaza la escuchó en silencio. Habló del nuevo marco normativo del nivel inicial que deja afuera a los chicos de dos y tres años en marzo, de cargos docentes que desaparecen con el argumento de que bajó la natalidad, cuando los chicos, los edificios y las maestras siguen estando. "Es mentira que no hay niños", dijo, y la plaza respondió. Recordó que las comunidades educativas son los trabajadores del INTA, del Parques, del SOYEM, de la salud, de la náutica, de cada rincón del pueblo: "No existe escuela pública sin comunidades educativas." Y cerró con una advertencia que nadie recibió en silencio: "Que ni se piense este gobierno provincial y este gobierno nacional que vamos a bajar los brazos. Ellos nos bajan el salario, ellos nos bajan la calidad de vida. Nos guiamos por los bolsillos y por la cabeza."

Otros oradores pusieron en el aire una pregunta que nadie en el palco quiso dejar sin respuesta. Recordaron a cada trabajador despedido, a cada familia con la heladera más vacía que el año anterior, y dijeron lo que muchos en la plaza pensaban pero no habían terminado de formular: "Pudimos ser un pueblo feliz, pudimos tener la heladera llena, pudimos irnos de vacaciones. No es privilegio, es derecho."

Bariloche marchó en el mismo momento en que otras ciudades del país hacían lo mismo. La jornada fue nacional, pero cada columna tuvo su propia historia. La de acá fue de seis cuadras, de maestras que hablan de minería y de salas de jardín cerradas, de trabajadores que conocen de memoria lo que significa perder lo que una vez se ganó, y de una ciudad que, al menos por una tarde, no se quedó en casa esperando que otros resolvieran lo que le pasa a todos.

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