Por: Bache3000
Mohamed bin Zayed Al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos y uno de los hombres más poderosos del mundo árabe, ya no está en Bariloche, luego de visitar El Manso por una semana. El poderoso emir conocido como MBZ había llegado el 24 de febrero a la ciudad cordillerana en un vuelo privado de extremo secretismo, sin agenda oficial y sin contacto con ninguna administración local o provincial. Su partida se confirmó en un contexto que no podría ser más dramático: mientras él pisaba suelo patagónico, el conflicto entre Irán y el bloque Israel-Estados Unidos escalaba hasta impactar de lleno en el corazón económico y simbólico de su país.
Los ataques de represalia iraníes a lo largo del Golfo alcanzaron sectores clave de Dubai, incluyendo aeropuertos, hoteles y puertos, y sacudieron los cimientos psicológicos de una ciudad que había construido durante cuatro décadas su identidad como el lugar más confiable del mundo para hacer negocios en una región históricamente inestable.

(El día que llegó el emir de Abu Dhabi a Bariloche)
La cronología es llamativa. En el lapso de apenas dos semanas, MBZ se reunió en Abu Dhabi con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, voló en avión privado hasta Bariloche sin ningún tipo de coordinación con el Estado argentino y debió regresar a su país mientras los emiratos recibían el impacto de los bombardeos. La secuencia dibuja el perfil de un líder que manejó su agenda con una discreción absoluta, en medio de una tormenta geopolítica.
Cabe recordar que el operativo del último 24 de febrero en el aeropuerto internacional Teniente Luis Candelaria fue minucioso y silencioso. Mientras la terminal vivía la calma propia del fin de temporada, a 500 metros de la plataforma auxiliar se desplegaban dos aviones: un Boeing 737 llegó por la mañana y un Boeing 787-9 VIP aterrizó sobre el final de la tarde con el emir a bordo. Unos 15 vehículos entre autos, camionetas y camiones con contenedores rodearon la aeronave, y minutos después de aterrizar, MBZ y su comitiva fueron trasladados en tres helicópteros sin siquiera ingresar al edificio del aeropuerto.
Los preparativos para alojar al mandatario habían comenzado días antes con la llegada discreta de decenas de funcionarios emiratíes que, a diferencia de la cúpula presidencial, hicieron los trámites de migración y se trasladaron por tierra hacia la zona de El Manso.
Allí, en la Estancia Las Marías, un holding empresarial bajo control del emir opera sobre aproximadamente 1.700 hectáreas a orillas del río Foyel, lindero a la Estancia Lago Escondido del magnate inglés Joe Lewis. En ese paraje ubicado entre Bariloche y El Bolsón habrían pernoctado el propio MBZ, su hijo y heredero Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, y empresarios de alto rango del esquema emiratí, entre ellos Matar Suhail Ali Al Yabhouni Al Dhaheri, de formación militar y mano derecha del presidente, quien supervisa los negocios de la familia en la Patagonia.
(Estancia Las Marías en El Manso (Río Negro), donde se alojó la familia real de Abu Dhabi)
La presencia árabe en la Patagonia tiene raíces más profundas de lo que la visita sugiere. El fideicomiso Amaike, vinculado a la casa real de Abu Dhabi, controla cerca de 1.700 hectáreas en el río Foyel, pero los negocios de la familia en el sur argentino se extienden también a casi 20.000 hectáreas en el río Alto Chubut y a otras 30.000 en la costa atlántica. En los últimos años, las adquisiciones de jeques del mundo árabe convirtieron a esa zona de Río Negro en uno de los destinos predilectos del capital del Golfo Pérsico, con presencias tan notorias como la del emir catarí Tamim bin Hamad Al Thani, quien posee 10.000 hectáreas cerca del río Villegas y el exclusivo centro de esquí Baguales.
Fue la primera vez que MBZ pisó suelo argentino, y lo hizo en silencio, sin fotógrafos, sin comunicado y sin protocolo diplomático visible. Se fue de la misma manera. Pero el contexto en el que ocurrió su visita a la Patagonia difícilmente pueda separarse de la guerra que está transformando el Medio Oriente: el presidente de uno de los estados del Golfo más expuestos al conflicto estuvo durante una semana contemplando el río Foyel en el sur del mundo, mientras a miles de kilómetros de distancia su país recibía los golpes de una escalada que nadie sabe cuándo ni cómo va a terminar.