Por: Bache3000
Tere tiene 54 años y vive en el barrio Malvinas desde que tenía nueve. Llegó con su familia en los primeros años de la década del 80, cuando en esa zona no había calles, no había colectivo, no había luz eléctrica y el único servicio de emergencia era un vecino con camioneta al que llamaban Don Tronque. La vecina conoce cada historia del barrio porque la vivió desde adentro, desde las reuniones que se hacían en la casa de sus padres con el intendente de turno y el dueño de las tierras, hasta los días de inundación en que salía a la madrugada a meterse dentro de las casas de sus vecinos con el agua por encima de la rodilla.
La comunidad que hoy existe en Malvinas y en los barrios aledaños fue construida a fuerza de esfuerzo colectivo, algo que Tere recuerda con precisión y con orgullo. "La Escuela 315 la levantaron los vecinos, las primeras aulas la levantaron los vecinos", señala. Para tener electricidad, los primeros pobladores organizaron una jineteada, juntaron fondos y compraron ellos mismos el cableado que llegaba desde lejos. Las calles, cuenta, las hicieron a pala y pico para que pudieran entrar las ambulancias. Fue esa generación de vecinos la que sentó las bases sobre las que se apoyaron después los barrios El Progreso y Arrayanes.

Esa misma lógica de acción colectiva fue la que llevó a Tere a sumarse a la Junta Vecinal en 2013. Ella se encargó de la parte social. Fue en ese período que protagonizó uno de los episodios que más la marcaron y que también le trajo las primeras consecuencias. En medio de una guardia en el vertedero municipal, ella y otros compañeros encontraron a dos madres con sus hijos comiendo en el predio de residuos, expuestos a los camiones que descargaban sin advertencia. "Encontramos dos mamás con criaturas comiendo en el medio de la basura, y nosotros para resguardar a esa familia, para que no vayan los camiones, sacamos las barreras", relata. Esa decisión, tomada para proteger a familias misioneras que habían llegado a Bariloche buscando trabajo, derivó en sumarios y persecución institucional que se prolongó durante años.
Tere trabaja hace dos décadas en la municipalidad y lleva varios años destinada al vertedero, un lugar que conoce en profundidad y sobre el que tiene opiniones concretas. Junto a sus compañeros presentaron proyectos para organizar el reciclado, para ordenar el predio, incluso para aprovechar el gas que se genera naturalmente con la descomposición de residuos y distribuirlo en barrios sin red de gas natural. "Ningún político que ha adentrado sabe explotar la mina de oro que hay en el vertedero", dice con frustración. Esos proyectos, según cuenta, fueron presentados tanto a gestiones anteriores como a la actual y todos corrieron la misma suerte. "Se lo llevamos al Concejo, se lo llevamos a la intendencia, y lo han encajonado", afirma.
Lo que más le duele en el presente es una declaración pública del intendente Walter Cortés, quien señaló que los propios trabajadores municipales estarían prendiendo fuego en el vertedero. Tere lo rechaza con claridad y con bronca. "El otro día me dio mucha tristeza y mucha bronca lo que escuché del intendente, que dijo que los mismos compañeros andaban prendiendo fuego, cosa que yo ojalá lo quiera y no sea así, porque la verdad que es algo muy feo inventar o decir algo que no es", sostiene. Para ella, el humo y los incendios son un problema que afecta directamente la salud de los trabajadores, y cita compañeros que han tenido problemas respiratorios serios por los gases tóxicos que se generan en el predio.

A todo eso se suma una situación laboral que describe como arbitraria. Después de los sumarios por el episodio de las familias misioneras, sumarios que en todos los casos se resolvieron a su favor, Tere nunca pudo volver a su puesto en el vertedero. Hoy cumple funciones administrativas en la Delegación Sur, trabajando como serena, fuera del lugar donde construyó su experiencia y donde asegura que hay mucho por hacer. "Así como yo, hay varios compañeros que los han sacado, los han bajado de los camiones, y nos mandan a cualquier lado", dice. Y agrega que el respaldo del sindicato en todo este proceso fue muy escaso.
Fuera de la municipalidad, Tere sigue activa en el Equipo Solidario Bariloche, el espacio de militancia social con el que acompaña a vecinos en situaciones de emergencia. La misma energía que la llevó a salir a las dos de la mañana a rescatar familias inundadas en los años de la Junta Vecinal es la que hoy la sostiene cuando habla de lo que el barrio necesita y de lo que los políticos, a su juicio, sistemáticamente prometen y nunca cumplen. "Si vos prometés algo, tenés que cumplirlo, y no lo cumplen, lamentablemente no lo cumplen, no cumplen nada", concluye, con la misma convicción con la que construyó toda su historia.