Por: Bache3000 // producción Martín Pargade
Emiliano Fernández no encuentra bien las palabras todavía. Es el director técnico del equipo del Club Martín Güemes donde jugaba Tomás Alarcón, y en estos tres días desde que lo mató Rodrigo Borg de una puñalada en el pecho dice que se sienta a mirar tele y no mira nada. "Lo tomé muy a pecho, la verdad", admitió este martes en la cancha del club, donde la institución le brindó a Tommy el último homenaje antes del entierro: el cajón pasó por el césped donde él jugó, ante la mirada de sus compañeros, sus amigos y la dirigencia.
Fernández habla de Tommy como habla un padre de un hijo. Se juntaban los viernes en su casa cuando jugaban el domingo. Hablaba con él de la escuela, de la calle, de todo. "Soy más el papá de los pibes que en su casa", dijo. Cuando Tommy llegó al club, recuerda, creía que iba a ser el que mandaba, el capitán del grupo por las suyas. "Nos moríamos de risa porque el profe es bueno, pero bravo", contó entre la emoción y la sonrisa. De a poco se fue amansando. En los dos años que lo tuvo, dejó de amonestarse en cada partido, dejó de que lo expulsaran. El 31 de enero había cumplido 18 años y le pidió al profe que lo tratara de adulto. "Ya no soy más guacho, ya soy grande", le dijo. Quería jugar en primera y en tercera al mismo tiempo.

La presidenta del club, Cristina Almendra, fue más breve pero igual de contundente. "Basta de chicos, de jóvenes asesinados por manos de otros jóvenes", dijo parada en la cancha. Desde el domingo que se enteraron de la muerte de Tommy, dijo, solo hablan de lo lindo que era y de lo que dejó. Pero la institución tiene claro que el acompañamiento a la familia va más allá del dolor: van a estar al lado de los Alarcón en todo el proceso judicial. "Que no quede impune, que no sea que tres, cuatro o cinco años después nos crucemos con su asesino", sostuvo Almendra.
El equipo vuelve a entrenar el jueves y el viernes. Lo pidieron los propios jugadores. Quieren campeonar, y quieren hacerlo por Tommy. Fernández dijo que la camiseta número 11, la de Alarcón, fue entregada a las autoridades del club para enmarcarla, y que sus dos mejores amigos dentro del plantel, Lauti Guerrero y Leo Mamón, serán quienes se la entreguen a los padres. "No tenemos 11, tenemos 12 chicos, tenemos al Tommy por doble", afirmó. Y agregó que sabe que va a costarle que Lauti, Leo y Juanpi González vuelvan a entrenar y a jugar, pero que espera que lo hagan por él.

Tomás Alarcón tenía 18 años recién cumplidos, era el menor de cinco hermanos y vivía en el barrio Ada María Elflein. Soñaba con ser futbolista profesional. El domingo al mediodía intentó separar a su amigo Dante de una pelea a la salida de un after en un edificio del centro, a metros del Hospital Zonal Ramón Carrillo. Rodrigo Borg, otro joven de 18 años que había salido a bailar con el mismo grupo la noche anterior, sacó un cuchillo y lo apuñaló en la zona intercostal derecha. Su mejor amigo lo cargó en brazos hasta la guardia del hospital. Murió minutos después. Borg fue detenido horas más tarde en un Volkswagen Bora blanco junto a sus padres. La investigación está a cargo del fiscal Guillermo Lista.
Para Fernández, Tommy era un crack. "Todos los días tenía una sonrisa, nos hacía reír, hasta enojado me hacía reír al final", dijo. Y cerró con lo único que le queda claro en medio del dolor: "Ojalá que nadie se olvide de este pibe."
