Por: Bache3000
En el marco de un after que había comenzado el último domingo a la mañana, una discusión entre jóvenes se trasladó a la vía pública y derivó en una riña que terminó con Rodrigo Borg apuñalando a Tomás Alarcón en plena calle, provocando su muerte.
Los afters son una práctica extendida entre los jóvenes, aunque no exclusiva de esta ciudad ni de esta época. La palabra inglesa significa simplemente "después", y en el vocabulario nocturno remite a continuar "la joda" una vez que los locales cierran sus puertas, en general en domicilios particulares o espacios privados, con alcohol y música, a veces hasta entrada la tarde del día siguiente. No hay habilitación, no hay control, no hay límites formales más que los que imponga el cuerpo o quien abra la puerta.
Ante la conmoción generada por el crimen y la polémica que ya venía instalándose en torno a estas prácticas, Bache3000 consultó al municipio sobre cuál es su rol y su capacidad de intervención en este tipo de situaciones. La respuesta llegó desde la Subsecretaría de Inspección General, dependiente de la Municipalidad de San Carlos de Bariloche, que emitió una declaración formal donde dejó en claro tanto sus atribuciones como sus límites.
El organismo recordó que la Ordenanza 2100-CM-2010 establece el marco regulatorio de la actividad nocturna en la ciudad y que toda actividad comercial nocturna debe concluir a las 07:00 horas. Más explícito aún fue el señalamiento sobre los afters como modalidad en sí misma, indicando que "bajo ninguna circunstancia se autorizan eventos bajo la modalidad de 'after'" y que el incumplimiento de esa norma "conlleva severas sanciones y la clausura inmediata del establecimiento".
Sin embargo, la declaración oficial también reconoce los límites del poder de policía municipal. Desde la Subsecretaría precisaron que su ámbito de actuación se circunscribe al espacio público y a los establecimientos habilitados, como comercios, bares y boliches.
"En el caso de ruidos molestos provenientes de domicilios particulares, la capacidad de intervención de la Municipalidad es limitada debido a que se trata de propiedad privada", señalaron, y agregaron que en esos contextos de índole privada las situaciones "suelen exceder la órbita administrativa municipal, quedando en manos de la mediación vecinal o, en casos extremos, de la intervención de las fuerzas de seguridad o la justicia ordinaria si existiese una contravención".
La distinción es relevante porque la mayoría de los afters que circulan en el boca a boca barilochense no se realizan en locales comerciales sino en casas particulares, departamentos o espacios informales, donde el municipio admite que su margen de acción es estrecho. La Subsecretaría aclaró que el área de eventos no acepta trámites bajo esa modalidad y que ante la recepción de denuncias o el conocimiento de una posible actividad, se eleva el caso al área de Fiscalización para su correspondiente actuación.
El organismo habilitó también la línea de denuncias anónimas del número 2944-616595, correspondiente a la Dirección de Inspección General, para que los vecinos puedan reportar irregularidades en locales comerciales o ruidos excesivos en el ámbito público. La existencia de ese canal, sin embargo, no resuelve el vacío que el propio municipio reconoce cuando la práctica ocurre en espacios privados y sin ningún tipo de registro.
La muerte de Tomás Alarcón a manos de Rodrigo Borg dejó una herida abierta en Bariloche y una pregunta sin respuesta fácil: cómo intervenir sobre una práctica que ocurre en el margen entre lo público y lo privado, entre lo que el Estado puede regular y lo que escapa a cualquier ordenanza.