lunes 16 de marzo de 2026 - Edición Nº396

El Bardo de Siempre | 16 mar 2026

ESTE MARTES, SE ABRE EL PÚBLICO

El búho, el inmigrante francés y el relojero de sangre: los secretos que esconde la Torre del Reloj de Bariloche

20:27 |Fabricado en Alemania en 1933, instalado cuando Bariloche tenía apenas 4.000 habitantes y cuidado por una cadena de custodios casi míticos, el reloj del Centro Cívico cumple 86 años y abre sus puertas este martes para visitas gratuitas. Es mucho más que un adorno de piedra: es el tótem que cuenta la historia de una ciudad.


Por: Bache3000

Dos veces por día, a las 12 y a las 18, Bariloche se detiene. No literalmente, claro. Pero quienes están en la plaza del Centro Cívico levantan la vista hacia la Torre del Palacio Municipal y esperan. Esperan que emerjan, una a una, las cuatro figuras de madera tallada que llevan más de ochenta años narrando la historia de esta ciudad desde las alturas. Lo que casi nadie sabe es lo que hay detrás de esa danza: un mecanismo de otra época, un péndulo con un búho grabado en su extremo, y una lista de custodios que parece sacada de una novela.

El Centro Cívico fue inaugurado el 17 de marzo de 1940. Cuando Bariloche tenía apenas tres mil habitantes, el arquitecto Ernesto de Estrada —que tenía 27 años al tomar las riendas del proyecto— levantó lo que sería el primer conjunto edilicio de esta magnitud construido en el país. Más de 420 personas participaron en la obra y lo hicieron en sus propios idiomas: los dinamarqueses colocaban el revestimiento de piedras, los alemanes construían los techos, los eslovenos trabajaban los interiores de madera. Cada comunidad aportó lo suyo, y el resultado fue un edificio que no se parece a ningún otro en Argentina.

El reloj fue fabricado por la casa alemana Weule en 1933 e instalado entre 1940 y 1941. La instalación estuvo a cargo de Gino Libano, y la maquinaria conserva hasta hoy partes originales de origen alemán y danés. Junto al mecanismo se colocó una campana de bronce fundido con la marca Cronos y las cuatro figuras talladas en madera que salen dos veces al día. Las esculturas —obra del artista español Casals— representan al habitante originario, al labrador, al misionero y al militar, las identidades que componían la comunidad de Bariloche a comienzos del siglo XX. El mismo escultor Jorge Casals talló 460 figuras para el poema del Martín Fierro que está en el Museo de Luján.

Pero la historia más extraordinaria de la Torre no está en su construcción, sino en quienes la mantuvieron viva. Desde 1985, un inmigrante francés llamado Jorge Stanoievitch se hizo cargo del cuidado de la máquina durante casi veinte años. Cuando Stanoievitch murió, el reloj se paró. Y la ciudad quedó, literalmente, sin tiempo. Fue entonces cuando el ex intendente Alberto Icare fue hasta el local de Pablo Sanz a pedirle ayuda. Pablo Sanz es relojero de sangre: heredó el oficio de su padre Francisco Sanz. "Yo dije que sí, pero la verdad es que nunca había visto una máquina tan grande. Me tomé un tiempo para estudiarla, para limpiarla, la puse a funcionar y bueno, funcionó", resumió Pablo.

Lo que Pablo encontró adentro de esa torre es difícil de describir sin verlo. El péndulo mide unos 170 centímetros y tiene en su extremo un enigmático búho en bajo relieve. El artefacto originalmente estaba en el centro del piso superior, pero las palomas que entraban por las hendijas entorpecían el funcionamiento y fue necesario construirle una vitrina de protección. Los muros tienen unos 60 centímetros de espesor y la torre es helada en invierno y sofocante en verano: las temperaturas afectan tanto al aceite de los engranajes como a los propios metales. Para resolverlo, Stanoievitch instaló un sistema de lámparas internas que mantiene la temperatura estable. Una solución artesanal, de otra era, que sigue funcionando. Desde que se instaló, el reloj conserva el mismo mecanismo; solo se le agregó con los años un motor de carga cuya cuerda dura entre 28 y 30 horas. Para casos extremos, aún cuenta con la cuerda manual.

Durante las visitas guiadas han aparecido personas con anécdotas únicas. Una señora reconoció a su padre de niño sobre los hombros de su abuelo, en una foto donde se ve de fondo la torre sin el reloj todavía instalado. Esas historias acumuladas a lo largo de décadas son parte de lo que convierte a la Torre en algo más que un monumento. Es un archivo vivo. Un lugar donde el tiempo no solo se mide: se cuenta.

Por eso, en el marco del 86° aniversario del Centro Cívico, la Secretaría de Turismo de la Municipalidad organiza este martes 17 de marzo visitas guiadas gratuitas a la Torre del Reloj, con turnos a las 13:30 y 14:30 horas. La inscripción es presencial en la oficina de informes turísticos, con al menos 15 minutos de anticipación. Los cupos son limitados y cada recorrido dura entre 40 minutos y una hora. Por las características del acceso —cinco pisos de escaleras— la actividad no es apta para personas con movilidad reducida.

Para quienes no puedan asistir este martes, las visitas se repiten todos los jueves a las 13:30, con inscripción previa a las 13:00 en la misma oficina. Las instituciones educativas pueden coordinar visitas grupales escribiendo a [email protected].

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