Por: Bache3000
Una enfermedad progresiva e irreversible cambió por completo la vida de una adulta mayor en Bariloche y puso a su familia frente a una situación que exigía respuestas concretas y urgentes. Con el avance del cuadro clínico, la mujer fue perdiendo autonomía hasta no poder realizar por sí sola muchas de las actividades que formaban parte de su rutina diaria, y quienes la rodean debieron asumir un papel cada vez más activo en su cuidado.
Sus dos hijos y cuatro hijas tomaron una decisión que marcó el punto de partida de todo lo que vino después, que fue sostener ese acompañamiento dentro del propio hogar de la madre, un espacio conocido para ella donde pudiera mantener su rutina con mayor tranquilidad y contención. Sin embargo, organizar ese cuidado entre varios no resultaba sencillo, especialmente porque algunos de los hermanos viven en otras localidades y la coordinación de presencias, tiempos y responsabilidades se volvía cada vez más difícil de sostener de manera informal.
Fue una de las hijas quien tomó la iniciativa de buscar una herramienta que permitiera ordenar la situación y propuso iniciar una mediación en el Poder Judicial de Río Negro para sentarse a conversar con el resto de sus hermanos. La propuesta apuntaba a algo muy específico, que era encontrar una forma de distribuir el cuidado de la madre entre todos los integrantes de la familia de manera organizada y sostenible en el tiempo.
El encuentro se realizó en el Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos, conocido como CIMARC, con sede en Bariloche. Los cuatro hermanos participaron del proceso acompañados por sus representantes legales, en el marco de una mediación prejudicial orientada a la organización del cuidado familiar, una instancia que permitió poner sobre la mesa cuestiones muy concretas de la vida diaria de la mujer.
La enfermedad que atraviesa la madre exige supervisión constante y una presencia que no puede garantizarse sin una coordinación clara entre quienes integran su entorno. Durante la mediación, los hermanos y hermanas pudieron conversar sobre la manera de distribuir esas responsabilidades, y la intervención de la mediadora facilitó ordenar las distintas miradas y avanzar hacia un acuerdo que contemplara las posibilidades reales de cada uno.
El convenio alcanzado establece un sistema de cuidados compartidos con una organización por días, de modo que cada integrante de la familia asumirá momentos específicos de acompañamiento para garantizar que siempre haya alguien pendiente del bienestar de la mujer. Además, los hermanos y hermanas acordaron mantener un grupo de WhatsApp que funcionará como canal permanente de comunicación para coordinar turnos, informar novedades sobre la salud de la madre y resolver situaciones que puedan surgir en el día a día.
La mediación también permitió abordar las condiciones físicas del hogar donde vive la mujer. Los hijos e hijas acordaron elaborar una lista de materiales necesarios para realizar arreglos y adaptaciones en la vivienda, con el objetivo de adecuarla a las necesidades actuales y hacer del lugar un espacio más seguro para esta etapa de la vida de su madre, y una vez definidos esos trabajos consensuarán entre todos cómo afrontar los gastos que demanden las mejoras.
Todo lo acordado quedó plasmado en el acta firmada durante la mediación, donde se establecen las pautas de cuidado, la forma de comunicación entre los hermanos y el compromiso conjunto de realizar las adaptaciones necesarias en la vivienda. El caso refleja el rol que pueden cumplir los métodos alternativos de resolución de conflictos frente a situaciones familiares complejas, ofreciendo un espacio de diálogo que permite construir acuerdos concretos sin necesidad de recurrir a instancias litigiosas.