jueves 19 de marzo de 2026 - Edición Nº399

El Bardo de Siempre | 19 mar 2026

HASTA AHORA, EL ÚNICO DETENIDO

La audiencia del chico de la pulsera electrónica

16:29 |Franco Nahuel Nahuelpan tenía la cabeza gacha cuando entró a la sala, esposado, con una campera marrón y los ojos fijos en el suelo. Afuera, el otoño barilochense pesaba sobre el kilómetro seis de Avenida de los Pioneros, donde doce días atrás ocho balas habían salido de un Honda City y una de ellas había entrado en el abdomen de un chico de catorce años que salía de la escuela.


Por: Bache3000 // producción Martín Pargade

El juez de impugnación Gregor Joos abrió la audiencia con una formalidad casi doméstica: pidió el nombre, anotó los apellidos de los letrados, tosió. La sala del Poder Judicial tenía esa quietud de los lugares donde se decide algo sin que nadie levante la voz. Dos policías permanecieron parados junto a la pared izquierda durante toda la jornada. Nahuelpan se sentó en la silla de madera y no volvió a levantar la vista.

El defensor, Emanuel Mansilla, habló durante casi un cuarto de hora. Dijo que su cliente se había presentado voluntariamente en la Comisaría 27 de Melipal la noche del hecho, que no había huido, que no tenía por qué hacerlo, que si hubiera querido darse a la fuga lo habría hecho. Dijo que el informe lo ubicaba en Avenida Pioneros a las 17:30 pero no decía si iba en auto, en bicicleta, en el colectivo o caminando. Dijo que ningún testigo lo había visto dentro del Honda City. Dijo que Agustín Santoro, el conductor de la Amarok blanca hacia la que se efectuaron los disparos, había declarado en Fiscalía que no le vio la cara a quienes le dispararon. Dijo que Aylén Melillán, en el minuto cinco con cuatro segundos de una grabación por WhatsApp, había dicho que vio algo salir de la camioneta como un arma, no del City. Dijo que Franco no tenía antecedentes penales. Dijo muchas cosas.

Después habló la fiscal. Reconstruyó el recorrido de la pulsera electrónica que Nahuelpan tenía puesta en ese momento, porque Franco Nahuel estaba siendo monitoreado por otra causa cuando ocurrió el tiroteo. La tobillera lo marcó en el lugar a las 17:30. Las cámaras del colegio La Semilla registraron los ocho disparos. La cámara domo del kilómetro seis mostró al Honda City posicionarse a la par de la Amarok cuando esta circulaba de este a oeste por Avenida de los Pioneros. En el parabrisas de la camioneta había un impacto. En el radiador también, tanto que el motor empezó a echar humo. Después del hecho, Nahuelpan dejó el auto abandonado frente a la casa de la tía de una de las víctimas, en el barrio Virgen Misionera. Se lo veía en las imágenes con la tobillera puesta. Luego rompió la pulsera.

Ahí estuvo la bisagra de la audiencia, el momento en que el argumento de la defensa se volvió más difícil de sostener. La fiscal lo formuló con una pregunta sencilla: con una pulsera cometió este hecho, ¿qué garantía da entonces el monitoreo electrónico? Porque la petición concreta de Mansilla era esa: que la prisión preventiva que se estaba cumpliendo en la Comisaría 27 pasara a modalidad domiciliaria, en la casa de la abuela paterna en barrio Virgen Misionera, calle Chazarreta 7367, con tobillera.

El juez Joos rechazó el pedido. Señaló que el artículo 10 del Código Penal y el 22 de la Ley de Ejecución Penal prevén la prisión domiciliaria para casos específicos, que la jurisprudencia del Tribunal de Impugnación no considera esa lista taxativa, pero que en este caso ninguno de esos supuestos se configuraba. Citó la sentencia 3220 de la Corte Superior y el fallo 31/600 de la Corte Suprema, que establecen que la detención domiciliaria implica una disminución significativa del control estatal y debe ser tratada como una excepción dentro de la excepción. Señaló además que había dos imputados más aún prófugos, uno de ellos el hermano de Franco, y que una prisión domiciliaria en un barrio pequeño donde viven también las víctimas y los testigos del hecho ponía en riesgo la investigación. La medida cautelar, dijo Joos, seguirá vigente por cuatro meses.

Mansilla hizo reserva de impugnación. El juez la aceptó.

Franco Nahuel Nahuelpan escuchó todo con la cabeza gacha. Cuando terminó la audiencia, los dos policías se acercaron, lo esposaron y lo sacaron de la sala. 

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