Por: Bache3000
Cuando Nataly Mansilla Pérez y la nueva comisión de la junta vecinal del barrio Arrayanes pudieron finalmente entrar al lugar, lo que encontraron fue esto: botellas de agua apiladas hasta el techo, una silla de ruedas tirada en un pasillo, un monitor de computadora de los años noventa en medio de un depósito abarrotado, cables sueltos, herramientas oxidadas, muebles apilados sin orden y una bandera argentina arrugada entre la chatarra.
El lugar que debía ser la sede de trabajo de los vecinos del barrio estaba convertido en un galpón de descarte.

Quien entregó el espacio en ese estado fue Máximo Calfuquir, actual director de Juntas Vecinales del municipio de Bariloche. La paradoja es difícil de ignorar: Calfuquir ocupa precisamente el cargo que tiene como función regularizar y acompañar el funcionamiento de las juntas vecinales de la ciudad. Antes de asumir ese rol, él mismo había sido presidente de esa misma junta del Arrayanes.
El actual funcionario había intentado apoyar a otra lista, a la que le firmó hasta los avales. Algo que está impedido por normativa municipal. Eso fue lo que le recrimó el concejal Leandro Costa Brutten en la tarde de ayer.

El traspaso del sábado estuvo lejos de ser un acto administrativo ordenado. Calfuquir llegó tarde, y lo primero que hizo al entrar fue increparle al concejal Leandro Costa Brutten que no tenía ningún derecho a estar ahí, que los asuntos vecinales no eran su incumbencia. Costa Brutten es concejal: representar a los vecinos en el territorio es exactamente su función.
"Tenés que entregar la junta como si fuera tu casa, esta es la casa de los vecinos", le dijo Costa Brutten.
Luego arremetió contra las integrantes de la nueva comisión, cuestionó el proceso electoral que las había llevado a asumir y realizó comentarios misóginos frente a las mujeres presentes. Primero le dijo al concejal que era "poco hombre". Después, que no se metiera en "chusmeríos, porque es como las mujeres". Cuando Costa Brutten le pidió que se disculpara con las mujeres presentes, lo repitió: "Sí, como las minas".
Al final tuvo que ceder las llaves y retirarse. Pero no entregó los libros de tesorería ni los balances. La nueva presidenta lo resumió con precisión: "Un funcionario público tendría que ser un ejemplo para bien, no con estas actitudes."
