lunes 23 de marzo de 2026 - Edición Nº403

El Bardo de Siempre | 24 mar 2026

A CINCUENTA AÑOS

Bariloche: la historia de Iván Molina y los 40 días que sobrevivió secuestrado

​​​​​​​A sus 78 años, y con los ojos vendados todavía grabados en la memoria, el exasesor del Sindicato Gastronómico recuerda los cuarenta días que pasó detenido en la Escuela de Instrucción Andina tras el golpe militar de 1976.


Por: Bache3000 // producción Martín Pargade

Era alrededor de las diez y media de la mañana cuando dos policías se acercaron a Iván Molina cerca del Centro Cívico. "Molina, tenés que acompañarnos porque se te solicita en la Regional", le dijeron. Su compañero, el secretario gremial Juan Naquelquin, quedó en la vereda. A él no se lo llevaron.

Molina trabajaba como asesor del Sindicato Gastronómico en una Bariloche donde todos se conocían, donde los policías y los sindicalistas habían jugado juntos al fútbol. Eso no lo salvó de ser subido a un Falcon y trasladado a la Escuela de Instrucción Andina. En la guardia, antes de bajarlo, le dijeron que tenían que vendarle los ojos. "Bueno, no hay problema", respondió. Conocía tan bien el predio que, aun sin ver, supo que lo llevaban hacia la cancha de paleta.

Ahí lo dejaron, tirado sobre la rueda de un banco de plaza roto y una frazada hecha pedazos. Sin comida. Sin agua. Con frío. Pasaron uno, dos días, y nada. De noche lo sabía por el silencio de la ruta, a dos cuadras, que a la una o las dos de la madrugada quedaba muda. Una noche sintió pasos que se detenían frente a él. Silencio. Después, el sonido seco de un arma amartillada, una y otra vez, apuntándole a la cabeza. "Digo, bueno, cuándo me va a poner una bala", recuerda ahora, con una risa que carga décadas encima.

Estuvo más de cuarenta días detenido. Lo llevaron a interrogatorio con los ojos vendados, ante tres o cuatro hombres sentados detrás de una mesa. Le mostraron fotos de cuando tenía diez años, con sus compañeros de equipo de fútbol del barrio. Le preguntaron por personas. Le preguntaron por los años en Gastronómicos, quiénes mandaban, si respondían a tal o cual nombre. Molina lo niega: ellos eran la comisión, los abogados eran contratados para los reclamos laborales, nada más. Lo que sí reconoce con orgullo es la organización que construyeron, con capacitaciones dos veces por semana en Constitución, convenios, contratos. La última asamblea que hicieron en el Club Boca Juniors convocó a mil compañeros.

El golpe desarticuló todo eso. A nivel nacional, explica Molina, los dirigentes gremiales acordaron una convivencia con los militares, y los sindicatos se fueron llenando de gente funcional al régimen. Lo que vino después fue el desmantelamiento sistemático del poder de los trabajadores, un proceso que para él no terminó con la dictadura sino que dejó una herencia que sobrevive hasta hoy. "Eso es lo que ha dejado la dictadura", repite. Un modelo económico que Martínez de Hoz implantó para la Junta y para los poderes internacionales, y que según Molina ningún gobierno posterior logró desmontar del todo, ni siquiera los que llegaron con intención de hacerlo.

"MORIR DE PIE"

Habla de Kirchner con una mezcla de reconocimiento y decepción: agarraron un país en crisis y lo levantaron, dice, pero después se dedicaron a robar. De Milei dice que es un hombre de la circunstancia, no de la democracia. Lo que le preocupa, a cincuenta años del golpe, es que la sociedad ha ido perdiendo la voluntad de reclamar, que el bienestar relativo adormece, que el trabajador termina haciendo dos tareas para mantener el empleo y cree que está bien. "Si la sociedad no se da cuenta de eso, vamos camino a un fracaso muy profundo."

A Molina lo eligieron, pero no eligieron matarlo. Lo dejaron vivo, dice, para que se pegara un tiro o se fuera. No hizo ninguna de las dos cosas. Del 76 en adelante, cuenta, nunca aflojó en sus ideales. Nació peronista y dice que va a morir peronista, pero lo que más lo formó fue una frase de su padre, que le repite a sus hijos y a sus nietos cada vez que puede: "El hombre debe ser o no debe ser. Nunca vivas de rodillas. Es preferible morir de pie."

Tiene 78 años y sale a caminar por Bariloche cuando quiere. "Nadie me va a decir a mí que yo le robé el sueño a alguien", dice. "Lo único que hice fue caminar con mis ideales."

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