jueves 26 de marzo de 2026 - Edición Nº406

Sólo el vecino salva al vecino | 26 mar 2026

FINAL ABIERTO

Vertedero: ¿se vota otro Frankstein o sale un acuerdo histórico?

00:22 |El Concejo vota otra vez sobre el vertedero. En 2022 se votó por unanimidad y no pasó nada. Antes también. Los nombres cambian, el humo no.


Por: Bache3000

Hay una historia que Bariloche repite. No es una historia dramática ni tiene un villano claro. Es más bien una historia aburrida, de esas que duelen precisamente porque son aburridas: el vertedero está donde está, lleva años estando donde está, y cada tanto alguien propone hacer algo al respecto y después no pasa nada, o pasa algo a medias, que es casi lo mismo que nada.

Este jueves hay sesión en el Concejo. El proyecto del PUL propone una nueva celda de disposición. Es una solución parcial, inmediata, no definitiva. Lo dice hasta el propio oficialismo. Pero también es verdad que el traslado —la solución que la oposición defiende con más convicción— no existe todavía. No es una cuestión de voluntad. La tierra no está. Y aunque mañana mismo estuviera, pasarían años hasta que el vertedero dejara de estar donde está. Eso también es verdad.

Falta lugar definido (no la posibilidad en un papel), el dinero, el acuerdo con provincia y los municipios, la tecnología que se utilizará. El mismo proyecto del 2022 de la gestión Gennuso contemplaba esto, pero no se avanzó. El problema no es sólo lo que se vota. 

Así llegan todos los bloques al debate de este jueves. A ver qué pasa.

En las comisiones del miércoles estuvo la Asociación de Recicladores de Bariloche, ARB. Dijeron algo sencillo y difícil a la vez: quieren que les garanticen el trabajo hoy. No están pidiendo que se resuelva todo. Están pidiendo que alguien les diga para dónde va esto mientras ellos siguen clasificando residuos en condiciones que la mayoría prefiere no imaginar. Apoyan la nueva celda, quieren mejor procesamiento, y eventualmente quieren el traslado. Las tres cosas. No se contradicen. Es solo que nadie ha querido encarar las tres cosas al mismo tiempo.

La oposición más dura —Facundo Villalba, Julieta Wallace, Leandro Costa Brutten, Roxana Ferreyra— tiene razón cuando dice que más de lo mismo no alcanza. También es cierto lo otro: que el traslado que proponen no existe todavía, y que existir lleva tiempo, mucho tiempo, independientemente de quién gobierne.

Juan Pablo Ferrari, de Juntos Somos Río Negro, lo dice de una manera que suena a equilibrio y quizás lo sea: que no sea un no por el no, pero tampoco un sí sin resolver el futuro. Es una posición razonable. Que tiene el condimento de haber sido oficialismo en la gestión de Gustavo Gennuso y haber sufrido los mismo que sufre el oficialismo hoy. Antes le tocó a Maru Martini (PJ), antes a Marcelo Cascón (UCR), y así para atrás.

El resultado de ese método ya tiene nombre: cada decisión que sale del Concejo sobre el vertedero es un Frankenstein. Un armatoste armado con piezas que no encajan, cosido a los apurones, fuera de contexto. Es como una receta a la que cada uno le agrega un ingrediente distinto en medio del debate: alguien pone azúcar, otro pimienta, otro miel, otro vino. Todo mezclado con harina. El problema es que la receta era para hacer fideos, y con esos ingredientes no salen fideos. No sale nada que sirva. La coyuntura cambia, cambian los ingredientes, cambia el resultado de la norma, y el vertedero sigue ahí.

Uno podría preguntarse cuántas veces pasó esto antes. La respuesta es incómoda. En 2022 el Concejo aprobó por unanimidad un proyecto que contemplaba el traslado y el cierre definitivo del vertedero. Unanimidad. Todos. Las elecciones eran en 2023, nadie quería pagar costos políticos, y además era una manera de presionar al ejecutivo de entonces, el de Gustavo Gennuso. Se aprobó. Más de tres años después, con alianzas que fueron y vinieron, con un oficialismo distinto, con nombres distintos, todo sigue exactamente igual. O peor.

El vecino lo sabe. No lo sabe de manera abstracta sino de una manera muy concreta, acumulada, que ya no genera bronca sino algo más parecido al cansancio. La política del vertedero siempre se parece a sí misma. Es como mirar una foto y reconocer el lugar aunque los rostros sean otros. Cambian los nombres, cambian las alianzas, cambia quién hace el discurso y quién lo critica. El humo no cambia.

Entonces uno se pregunta qué pasaría si esta vez fuera distinto. Si toda la dirigencia —todos, sin excepción, los que gobiernan y los que no— pudiera pensar por un momento en términos reales y no en términos electorales. Todos tienen legisladores, diputados, senadores. Todos tienen recursos para construir algo que dure más que una gestión. El problema del vertedero no se resuelve con una mayoría circunstancial. Se resuelve con consensos que sobrevivan a los gobiernos, con acuerdos que no dependan de quién tiene más para ganar o menos para perder en cada sesión. Si eso no ocurre, el vertedero va a seguir donde está. No importa lo que se vote el jueves.

Del otro lado están los recicladores que trabajan entre los residuos y los vecinos que viven con las ventanas cerradas. No es una metáfora. Es literal: las ventanas cerradas, la ropa que huele, el aire que los chicos respiran. Ellos no están en el debate. Están en el resultado.

Nadie sabe cómo termina esto el jueves. Lo que sí se sabe es que el vertedero va a seguir ahí el viernes. Y que si uno mira la historia, también va a seguir ahí cuando toque votar la próxima vez. A menos que algo cambie. Que todos decidan, de verdad, que puede cambiar.

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