Por: Bache3000
El Concejo Deliberante de Bariloche aprobó este jueves el proyecto de ordenanza que fija nuevos límites de velocidad máxima de circulación vehicular: 30 kilómetros por hora en calles y 50 en avenidas. La iniciativa, impulsada por la concejal Laura Totonelli, obtuvo la mayoría de los votos con la oposición de Facundo Villalba y Roxana Ferreira, quienes cuestionaron tanto los fundamentos estadísticos como la capacidad real del municipio para hacer cumplir la norma.
Al abrir el debate, Totonelli defendió el proyecto con datos de siniestralidad local: "En nuestra ciudad, cuatro de cada diez muertes viales están directamente relacionadas con el exceso de velocidad. Cada año perdemos en promedio más de seis vecinos en incidentes que según la Agencia Nacional de Seguridad Vial son totalmente evitables si actuamos sobre la velocidad media de circulación." La concejal subrayó que no se trata de una medida de aplicación inmediata sino de un marco normativo general que encomienda al Ejecutivo una adecuación progresiva, y citó como referencia ciudades como Bogotá, Madrid y Esquel. "Un peatón atropellado a 30 kilómetros por hora tiene 90% de probabilidades de sobrevivir. Si aumentamos solo 10 kilómetros por hora esa velocidad, el riesgo de muerte se triplica", sostuvo. También remarcó que bajar la velocidad "no solo salva vidas, sino que es una política de salud pública y ambiental", con beneficios en reducción de ruido y emisiones. "Bajar la velocidad es ganar vida", concluyó.
Villalba, quien anticipó su voto negativo desde el inicio de su exposición, cuestionó los argumentos técnicos del proyecto y planteó dudas sobre si bajar el límite de 60 a 50 kilómetros por hora en avenidas tendría un impacto real en la seguridad vial. "No está comprobado que bajar la velocidad de 60 a 50 pueda realmente generar un impacto en la seguridad vial", señaló, y agregó que los accidentes mortales en la ciudad se producen a velocidades muy superiores a las que regula esta ordenanza.
"Los que producen los muertos y los accidentes son los que ya están fuera de la ley", afirmó, y propuso en cambio fortalecer los controles de alcoholemia y los radares existentes. El concejal también advirtió que una regulación más estricta podría terminar siendo "un mecanismo recaudatorio" que recae sobre quienes ya cumplen la ley, y cuestionó la comparación con ciudades de alta densidad urbana como Bogotá. "Bariloche tiene avenidas que tienen más de 20 kilómetros de largo. No es comparable a una zona urbana", dijo.
Desde el bloque oficialista, el concejal Juan Pablo Ferrari tomó la palabra para respaldar el proyecto luego de haber tenido reparos iniciales. Contó que al comienzo lo miró "con una desconfianza de loco" por vivir en el kilómetro 20, pero que fue convenciéndose al escuchar a los especialistas que participaron en las comisiones. Ferrari distinguió entre "control" y "prevención" y se mostró convencido de que la ordenanza apuntaba a lo segundo. También relató que la noche anterior había sido testigo de un accidente en la zona de Puerto Moreno, entre dos reductores de velocidad, donde la criminalística estimó que los vehículos no superaban los 55 o 60 kilómetros por hora. "Si vos veías el nivel de accidente que hubo, decías acá venían a 150", describió, y concluyó que los reductores habían evitado una tragedia mayor.
Totonelli respondió a ese relato apuntando justamente en la misma dirección: "Si sucedió a bajas velocidades entre dos reductores de tránsito, ahí tenemos un control activo de la velocidad y sin embargo se chocaron igual. ¿Qué hubiera pasado si no estaban esos reductores?", preguntó. La concejal también refutó el argumento de que la ciudad no está preparada para nuevas normas: "El decir que no podemos armar reglas para quienes están pensando en incumplirlas nos llevaría a no hacer ninguna regla, porque siempre va a haber algún transgresor."
Ferreira, por su parte, sostuvo que el espíritu del proyecto es bueno pero que la ciudad carece de la infraestructura y los controles necesarios para implementarlo. "No se puede controlar la circulación a 60 kilómetros por hora porque no hay controles, no hay inspectores de tránsito", señaló, y mencionó además que la falta de señalización y demarcación hace que no esté claro qué calles son avenidas y cuáles no. "Falta educación vial, falta infraestructura", resumió antes de anticipar que no acompañaría el proyecto.
Aprobada la ordenanza, el Ejecutivo municipal quedará a cargo de diseñar el programa de implementación progresiva que establece el articulado, con adecuación de cartelería y difusión amplia entre los conductores.