Por: Bache3000
Poco después de las 7 de la mañana del miércoles, un grupo de policías se plantó en la puerta de una vivienda de la calle La Paloma, en el oeste de Bariloche. Adentro dormía el hombre que llevaban días buscando. La intervención fue rápida, sin enfrentamientos y con resultado múltiple: un detenido, un encubridor demorado y un allanamiento que dejó al descubierto drogas, munición y evidencia digital.
El operativo fue el cierre de varios días de trabajo ininterrumpido. Desde el momento del ataque —ocurrido a la altura del kilómetro 6 de la Avenida Bustillo, frente a una escuela, donde un chico de 13 años fue herido mientras esperaba el colectivo— los investigadores no soltaron el caso. Reconstruyeron movimientos, acotaron el posible paradero del sospechoso y, con la orden judicial correspondiente, avanzaron sobre la vivienda señalada como aguantadero de Garay Osses. La coordinación entre personal de calle, investigadores y el grupo especial COER permitió actuar con precisión y sin riesgos.
Una vez adentro, el panorama fue más amplio de lo esperado. Además de la detención del propio Garay Osses, fue demorada otra persona mayor de edad por encubrimiento: según se estableció, habría facilitado su resguardo durante los días que estuvo prófugo, dato que abre una nueva línea dentro de la investigación.
El resto de los secuestros completó el cuadro. Los peritos encontraron 70 gramos de cocaína, 12 gramos de marihuana y una balanza de precisión, hallazgos que dieron intervención a la justicia federal y ampliaron el alcance del caso. También fue incautado un cartucho de arma de fuego calibre 9 milímetros, que será peritado para determinar si guarda relación directa con el disparo que hirió al adolescente. A eso se sumaron teléfonos celulares y chips que serán analizados para reconstruir comunicaciones y posibles vínculos.
La causa, sin embargo, sigue abierta. El segundo implicado en el tiroteo, Tomás Nahuelpán, permanece prófugo y su búsqueda continúa activa.