Por: Bache3000
La Fiesta del Chocolate volvió a dejar una postal conocida: multitudes desbordadas, familias atrapadas entre empujones y una ciudad que, año tras año, parece sorprenderse de no poder contener lo que ella misma convoca. Esta vez, sin embargo, el forobardo de Bache3000 se encendió con una intensidad inusual. Los mensajes llegaron de a decenas, y entre ellos emergió un diagnóstico colectivo que ningún comunicado oficial pudo silenciar.
Las historias que publicó Bache3000 durante la jornada mostraron un centro cívico colapsado, tráfico paralizado durante kilómetros y personas estacionadas en lugares prohibidos hasta que Tránsito comenzó a labrar multas en la bajada de Rolando. Pero el verdadero termómetro estuvo en los mensajes privados que llegaron desde todos los rincones de la ciudad.

Una vecina describió que fue con su hija de casi ocho años por primera vez, convencida de que solo pasarían a recorrer y no a buscar chocolates. Lo que encontraron fue una corriente humana que los arrastró a los empujones desde la zona del turista hasta quedar casi aplastadas. "Mi hija super asustada, casi nos aplastan, literal", escribió, y cerró con una frase que resumió el sentimiento de muchos: la miseria de la gente que por un pedacito de chocolate no le importa nada.
Otra persona que estuvo del lado de las vallas describió la escena con precisión: señoras que llegaban con bolsas, nenes llorando porque no alcanzaban el chocolate, y una dinámica de acaparamiento que terminó en peleas. "Agarra tu pedacito y deja al otro", escribió, aunque admitió que quienes protagonizaron esas escenas son las mismas que probablemente la estén "puteando" ahora que ven la historia.
Uno de los testimonios más detallados llegó de alguien que señaló la ausencia total de condiciones de seguridad: todo oscuro, gente cayendo por las escaleras que bajan al lago, un niño pisoteado llorando en los escalones, sin señalética de evacuación ni una sola persona de emergencia a la vista. "Si llegaba a pasar algo, era una tragedia", sostuvo, aunque otro usuario le replicó que el centro estaba "lleno de milicos por todos lados", lo que abrió una discusión sobre qué tipo de presencia importa cuando el problema es el aplastamiento y no el orden público.
Hubo también quien puso el foco en quienes trabajaron del otro lado del mostrador. Una seguidora contó que su pareja trabaja en una de las empresas chocolateras que participaron del evento, que no le pagaron horas extra, que no recibió ningún beneficio adicional por estar en representación de la empresa y que cumplió su jornada normal para luego quedarse cuatro horas más en la barra. El comentario siguió circulando y generó su propia reacción: "Esto tendría que difundirse más, el cómo se explota a los empleados en un evento internacional", escribió otro usuario.
Entre los mensajes también hubo quienes apuntaron a la escala del problema. La ciudad no tiene infraestructura para soportar la cantidad de gente que convoca la fiesta, más los turistas que se suman en Semana Santa, escribió un vecino que propuso alternativas como la Mitre, la Costanera o incluso el predio de la Rural como espacios más adecuados, aunque reconoció que ninguna opción está exenta de problemas logísticos. "Bariloche quedó chico", sintetizó.
No todos los mensajes fueron en esa dirección. Algunos recordaron que el caos en la fiesta del chocolate no es una novedad y que quien decide ir sabiendo eso carga con parte de la responsabilidad. "Todos los años pasa lo mismo, ya deberían ir sabiendo", escribió uno. Otro fue más directo con quienes llevaron niños muy pequeños al centro durante el pico del evento. Y en el extremo más oscuro del forobardo apareció también el comentario racista de un usuario anónimo que eligió responder al testimonio de una familia con una frase que no merece reproducción, pero que Bache3000 no borró, dejándola como documento de lo que también circula cuando la ciudad habla de sí misma.
La Fiesta del Chocolate termina, el chocolate se agota y el centro vuelve a vaciarse. Lo que queda es la pregunta de siempre: cuántos años más puede Bariloche hacer este evento de la misma manera antes de que el caos derive en algo que ya no pueda narrarse como anécdota.