domingo 05 de abril de 2026 - Edición Nº416

El Bardo de Siempre | 5 abr 2026

FESTEJOS Y COSO

Bariloche: rompamos los huevos

11:33 |De la Pascua, del vertedero y de una ciudad que todavía puede resucitar. El Bache, está por cumplir su primer año. Un año de romper los huevos.


Por: Bache3000

Hay algo que todos los años nos recuerda que el dolor puede tener un después. Cristo murió un viernes. El sábado fue silencio. Y el domingo, dice la historia, algo nuevo nació. No es una metáfora menor. Es, quizás, la metáfora más vieja del mundo occidental para hablar de lo que somos capaces de hacer cuando ya no nos queda nada más que la esperanza.

Esta semana, Bariloche fue varias cosas al mismo tiempo. Fue el olor a chocolate derretido en 222 metros de calle Mitre. Fue el vuelo rasante del Supernova sobre el lago. Fue la voz quebrada de alguien nombrando a los caídos en Malvinas, cuarenta y cuatro años después, en la Plaza del Centro Cívico, bajo el cielo gris de abril. Fue miles de personas en marcha, en silencio, recordando que hubo jóvenes que se fueron a pelear por algo que consideraban digno de defender.

Y fue, también, una ciudad que aprendió a romper los huevos.

 

"Vecinos que no se conocían entre sí fueron al Concejo con una idea clara, sin banderas partidarias, sin violencia. Y algo se movió."

 

Durante semanas, el proyecto de ordenanza 514/25 parecía inevitable. Una concesión por diez años del CRUM, el vertedero municipal que hace décadas enferma, mata y avergüenza a esta ciudad. Un negocio que íbamos a pagar todos, sin solución real, que en un año y medio —en plena campaña electoral— iba a estar igual que hoy. Con la misma montaña de basura, con los mismos pibes del barrio respirando humo tóxico, con las mismas promesas dentro de un huevo de Pascua que nadie termina de abrir.

Pero los vecinos rompieron los huevos.

Fueron al Concejo Deliberante. Hablaron. Presionaron. No con violencia, no con consignas, no con la furia estéril de quien ya perdió la fe. Fueron con datos, con cansancio acumulado y con una pregunta simple: ¿por qué siempre somos nosotros los que pagamos lo que otros negocian? Y esa pregunta, esa sola pregunta, terminó siendo más poderosa que cualquier lobby.

La política, al final, hizo lo que se supone que debe hacer: escuchar. El proyecto fue devuelto a comisión. El intendente Cortés propuso una mesa de trabajo más amplia y declaró la emergencia en gestión de residuos. El arco político, por una vez, encontró un piso de razonabilidad. No es la solución. Es el comienzo de la solución. Y eso, en esta ciudad, ya es casi una resurrección.

 

"Ya que hoy es Domingo, hablemos de Domingo. Uno de los principales impulsores de un proyecto que terminó por irse a tacho, no sólo por la improvisación, sino por lo obvio de lo que había detrás."

 

Ya que hoy es Domingo, hablemos de Domingo. Uno de los principales impulsores de un proyecto que terminó por irse a tacho, no sólo por la improvisación, sino por lo obvio de lo que había detrás. Porque hubo quienes apostaron a que nadie iba a notar. Que la urgencia de la basura iba a funcionar como cobertura. Que el apuro del vencimiento contractual iba a justificar cualquier cosa. Demasiado torpe, demasiado obvio. En política, cuando algo huele tan mal como el CRUM en pleno verano, y además tiene prisa, y además no resuelve nada, y además expone a un gobierno y a concejales que en año y medio van a tener que pararse frente a los mismos vecinos a pedir votos... eso no es política. Es torpeza. Y la torpeza, a diferencia del viento, siempre deja rastro.

La salida que finalmente se acordó, es la única que tiene futuro, porque está consensuada y sentará a todos en una mesa común. Los vecinos a mirar de reojo a quienes no aporten nada. Esa es la realidad que viene. 

Quienes impulsaron ese proyecto con esa velocidad, con esa falta de transparencia, con esa fe ciega en que nadie iba a moverse, subestimaron algo que Cristo tampoco subestimó cuando decidió no quedarse en la tumba: la capacidad de la gente de levantarse.

Ahora empieza otra parte del camino. La más difícil, en realidad. Porque romper los huevos es lo fácil. Lo difícil es hacer algo con lo que queda adentro.

Lo que queda adentro es esto: la necesidad urgente de una celda nueva, con plazos reales y responsables visibles. Para que no se prenda fuego ahora, ya. Y la necesidad, aún más urgente, de sentarse —todos, realmente todos— a diseñar el Vertedero Regional que esta ciudad lleva décadas prometiendo y postergando. Municipio, provincia, Parques Nacionales, comunidades, organizaciones ambientales, vecinos, universidades. La mesa grande, la que nadie quiere armar porque obliga a ceder algo.

El primer gobierno que resuelva de verdad el problema del vertedero de Bariloche va a quedar en la historia. No en la historia de la política local. En la historia de la ciudad. Porque aquí mueren personas. Adultos y pibes que no tienen la posibilidad de resucitar el domingo siguiente. El drama del CRUM no es una metáfora ni un slogan de campaña. Es un problema de salud pública que lleva años sin solución real, y que cada cuatro años reaparece como un huevo pintado dentro de una canasta: bonito por fuera, vacío por dentro.

 

"Bienvenida esta celebración, bienvenida la pasión por Malvinas, bienvenida la fiesta y el chocolate. Pero también bienaventurados aquellos que rompen los huevos."

 

Esta semana fue muchas cosas. Fue duelo y fue alegría. Fue memoria y fue futuro. Fue cuarenta y cuatro años mirando hacia el Atlántico sur, recordando que hubo jóvenes que creyeron que valía la pena pelear por algo, y que de aquella tragedia hoy seguimos construyendo identidad, dignidad, proyecto colectivo. Fue chocolate y fue Pascua y fue fiesta. Y fue también una ciudad que, por unos días, recordó que tiene más poder del que cree.

Quizás eso es lo que tiene la Resurrección de verdad: no es que el dolor desaparece. Es que el dolor no tiene la última palabra.

 

Entre tanto festejo, casi se nos pasa. El Bache está por cumplir un año. Y en estos días, sin mucho ruido, cruzamos la barrera de los 70 mil seguidores. No es un número. Es gente que eligió mirar la ciudad con nosotros, que decidió que valía la pena prestarle atención a lo que pasa acá, en esta esquina del mundo. Gracias. De verdad.

 


Ojalá que lo que nació esta semana —esa mesa vecinal, ese acuerdo político frágil pero real, esa voluntad de encontrar una salida digna— no muera un viernes cualquiera de campaña electoral. Que alguien lo cuide. Que alguien tenga el coraje de mantenerlo vivo aunque cueste. Que no volvamos a guardar la solución dentro de un huevo de Pascua para el año que viene.

Bariloche puede. Ya lo demostró esta semana. Sólo falta que quienes gobiernan estén a la altura.

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