Por: Bache3000
El martes 7 de abril, Sala 1 del Auditorium, nueve de la mañana. Se juzga a Ingrid Soledad Cayunao y a Pablo Jardiel Perret por usurpación y hurto. La acusación dice que Cayunao ingresó de manera clandestina a un campo privado de 14.000 hectáreas ubicado al este del pueblo, en el paraje Alto Río Chubut, a 45 kilómetros en línea recta de la frontera con Chile. La acusación dice que no tenía derecho a estar ahí. La defensa dice que fue a buscar sus animales, como siempre.
Lo que nadie esperaba era lo que iba a decir el dueño del campo.
Hugo Alberto Barabucci —o Barabusi, como él mismo pronuncia su apellido— es el denunciante. Es el querellante. Es, en teoría, la víctima de este proceso. Cuando el abogado defensor Martín Palumbo le preguntó de dónde había salido el dinero para comprar esas 14.000 hectáreas en 2017, Barabucci respondió con una naturalidad que heló la sala.
El diálogo quedó grabado. Dice así:
— Usted hizo referencia a que la parcela 602-50 la compró al señor Mindlin el año 2017 y que los otros, a través de los cuales usted compró, habían recibido una donación. ¿De quién recibió esa donación?
— Del gobierno de los Emiratos Árabes. Del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos.
— ¿Recuerda el monto de la operación?
— Algo de dos millones de dólares.
— Dos millones de dólares.
— Mhm.
— ¿Y específicamente del gobierno de los Emiratos Árabes?
— Correcto. Mi nombre es Hugo Alberto Barabucci.
Esa última frase —"mi nombre es Hugo Alberto Barabucci"— la repitió dos veces durante la audiencia, como si necesitara anclar su identidad frente a lo que sus propias palabras estaban revelando. Hace más de veinte años que vive en los Emiratos. Tiene propiedades allá. Su vínculo con ese gobierno nació, según dijo, a través del polo. Un club de polo, precisó, "más bien del gobierno de los Emiratos Árabes". Y él, conductor de ese club (que es el propio Barbucci), recibió una donación no restituible para comprar tierras en la Patagonia argentina. A 45 kilómetros de Chile. En la zona de seguridad de frontera. Donde nacen los cursos de agua que alimentan toda la cuenca del río Chubut.
Cuando le preguntaron quién más integraba esa asociación de polo, dijo desconocer al resto de los integrantes.
El vendedor fue Marcos Marcelo Mindlin.
Barabucci lo confirmó sin dudar: correcto.
Mindlin no es un nombre cualquiera en este territorio. Es el presidente y dueño de Pampa Energía, la empresa privada más grande del sector energético argentino, con operaciones en generación eléctrica, producción de gas, petróleo y presencia en Vaca Muerta. También es socio comercial de Joseph Lewis, el magnate británico que posee otras 12.000 hectáreas en zona de frontera a 50 kilómetros de El Bolsón. Lewis y Mindlin construyeron juntos una empresa hidroeléctrica en ese mismo lago, a través de un entramado de sociedades. En 2013, la Procuraduría de Criminalidad Económica los investigó a ambos, junto a otros socios, por presunto lavado de dinero en la compra del Banco de Servicios y Transacciones. El juez Ariel Lijo los sobreseyó un año después.
El campo que Mindlin le vendió a Barabucci en 2017 por algo de dos millones de dólares —donados por el gobierno de los Emiratos— está a pocos kilómetros de las tierras de Lewis. Dos predios enormes, dos capitales extranjeros, la misma zona de frontera, las mismas nacientes de agua.
La Ley 26.737 de Tierras Rurales prohíbe que extranjeros adquieran tierras en zonas de frontera, ya sea de forma directa o "por interpósita persona". Su derogación mediante DNU fue declarada inconstitucional. El campo en cuestión está a 45 kilómetros de la frontera. La ley establece como zona de seguridad los primeros 100 kilómetros desde el límite internacional. Palumbo pidió en la audiencia que el antecedente sea remitido al Ministerio Público Fiscal para investigar la legitimidad de la compra. La justicia escuchó, tomó nota, y siguió adelante con el juicio contra Cayunao.
Hoy, esas 14.000 hectáreas funcionan como coto de caza habilitado para la cría de ciervos colorados, según declaró el administrador del campo, Andrés Saint Antonin.
El lonko Mauro Millán estaba en la sala cuando Barabucci habló. Testificó sobre el agua. Dijo que las nacientes del río Chubut son "tesoros vivos", que las altas cumbres no deben ser intervenidas por intereses foráneos, que lo que está en juego excede cualquier disputa de alambrados. Moira Millán, también presente, trazó una línea entre este caso y el debate por la Ley de Glaciares.
Nadie de la fiscalía hizo nada con la confesión.
Soledad Cayunao entró al campo a buscar sus animales. Eso dijo la defensa, eso dijeron los peones del campo —que había sectores sin alambrar, que nadie sabía con precisión por dónde pasaban los límites. La acusación insiste en que hubo un campamento, en que se negó a retirarse, en que hubo desapoderamiento. Palumbo pidió la absolución: no existió dolo, no existió despojo. Solo una mujer que circuló por tierras que su familia y su comunidad habitan desde antes de que existiera el alambrado, antes de que existiera el campo, antes de que existiera la donación.
El juicio continúa. El dinero árabe ya está en el suelo patagónico hace nueve años. El agua sigue naciendo ahí, indiferente a todo.
La justicia, anoche, declaró a los acusados inocentes, pero queda el halo respecto qué está pasando con las inversiones respecto la tierra.