Por: Bache3000
El jueves 9 de abril, antes de las 18 horas, los empleados de Flybondi recibieron un mensaje del área de recursos humanos de la empresa. El saludo era el habitual: "Hola, Flybondiers". El contenido, no tanto. La compañía les informaba que hasta ese momento no contaba con una fecha confirmada para pagar los sueldos de marzo. Sin precisiones, sin plazos, con la promesa vaga de mantenerse informados "ante cualquier novedad concreta". En Bariloche, los trabajadores de la agencia local recibieron el mismo mensaje. Y el mismo silencio.
La situación no llegó por sorpresa. Hace apenas quince días, la empresa había convocado a sus empleados por videoconferencia para presentarles un cronograma de plazos cortísimos para aceptar retiros voluntarios. Según trascendió, el argumento detrás del plan era directo: sanear un tema financiero y de caja que tiene la compañía.
El deterioro de Flybondi tiene historia reciente. La aerolínea arrancó 2026 cancelando 22 vuelos entre el 1 y el 2 de enero, lo que afectó a cerca de 4.000 pasajeros en plena temporada alta de verano. Entre los destinos impactados estaba Bariloche, junto a El Calafate, Mendoza, Salta, Iguazú, Neuquén y Córdoba. El problema de fondo era estructural: la empresa operaba con diez aeronaves fuera de servicio, lo que generó un efecto dominó en su programación diaria.

Las cifras siguieron escalando. En una sola jornada de enero, Flybondi suspendió 24 de los 47 vuelos programados, lo que obligó a reforzar la seguridad con presencia policial ante la tensión entre pasajeros y personal aeroportuario. En apenas dos semanas de ese mes ya acumulaba 125 vuelos cancelados. Un análisis de más de 7.600 vuelos programados entre octubre de 2025 y enero de 2026 concluyó que el 20% registró incumplimientos, mientras que el 52,4% de los vuelos llegaron con demoras, y casi un tercio de esos retrasos superó las dos horas. En el mismo período, otras aerolíneas como Aerolíneas Argentinas y JetSmart tuvieron una tasa de incumplimiento del 2%.
La ANAC reaccionó. En enero, la autoridad aeronáutica labró actas de infracción contra la aerolínea por cancelaciones de vuelos en diciembre y en ese mes sin aviso previo, dando inicio a un sumario administrativo que podía derivar en sanciones que van desde multas económicas hasta la suspensión temporal de la autorización para operar.
En marzo, el problema se repitió con otro argumento. Entre los días 10 y 13, ocho aeronaves de la flota permanecieron fuera de servicio porque dos proveedores de ACMI —modalidad de alquiler que incluye avión, tripulación, mantenimiento y seguro— retiraron momentáneamente sus equipos mientras se renegociaban las condiciones comerciales. El conflicto impactó en entre un 40% y un 45% de los vuelos programados durante esa semana.
La provincia de Río Negro aplicó una multa millonaria por los incumplimientos en el servicio. Y el contexto político alrededor de la empresa se volvió cada vez más incómodo. Flybondi está bajo el control de COC Global Enterprise, cuyo CEO es el empresario Leonardo Scatturice, quien asumió en junio de 2025 con promesas de una inversión de 1.700 millones de dólares para ampliar la flota en un 230%. Sin embargo, a pocos meses de aquellos anuncios, la realidad mostró un giro abrupto hacia el ajuste, y circulan versiones sobre la posibilidad de mudar la operación a Paraguay como una salida para reducir costos.
Ante el impago de los salarios de marzo, la Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi (ATAF) anticipó que denunciará el incumplimiento ante el Ministerio de Capital Humano y evalúa medidas de fuerza con potencial impacto en la operación.
Los empleados de la agencia Bariloche, que ya conocen de cerca las cancelaciones que dejaron pasajeros varados en el aeropuerto local en más de una ocasión este año, esperan ahora cobrar un sueldo sin fecha. La empresa que prometió democratizar los cielos argentinos parece, por estas horas, estar más ocupada en encontrar la salida.