Por: Bache3000
El invierno todavía no había terminado cuando los agentes de la Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos de Gendarmería Nacional empezaron a moverse por el oeste de Bariloche. Era enero. Hacía frío. Y alguien, en algún punto del barrio Valle Escondido, había construido adentro de una casa lo que la naturaleza no podía dar afuera: luz artificial, temperatura controlada, ventilación constante. Un verano privado y clandestino para que creciera el cannabis.
Tres meses duró la investigación. Tres meses de tareas de campo, análisis de información, verificaciones cruzadas. Hasta que la Unidad Fiscal Federal de Bariloche firmó la orden y los agentes entraron.
Eran seis domicilios. El primero que abrieron lo dijo todo.

Adentro había un invernadero. No improvisado, no amateur. Un sistema sofisticado, con sectores diferenciados para cada etapa del proceso: una zona de crecimiento, otra de secado, ventilación mecánica, iluminación artificial. Alguien había pensado esto con cuidado. Alguien había invertido tiempo y dinero en hacerlo funcionar.
En ese primer domicilio encontraron 28 kilos y 447 gramos de marihuana.
Los otros cinco allanamientos completaron el cuadro. Al final del operativo, coordinado con el apoyo del Escuadrón 34 "Cabo Primero Marciano Verón", el decomiso total alcanzó los 28 kilos y 879 gramos. También se incautaron 10 teléfonos celulares, una notebook, tres balanzas de precisión, una tarjeta SD, un disco externo y 275 semillas. Las semillas —ese detalle— hablaban de un ciclo que ya estaba pensado para seguir.
Ocho personas quedaron vinculadas a la causa. La acusación es precisa: integrar una organización dedicada al cultivo y comercialización de estupefacientes. No consumidores. No tenencia simple. Una organización.
La investigación continúa bajo la órbita de la Unidad Fiscal Federal de Bariloche.