Por: Bache3000
Hay algo en el aire en Bariloche que no tiene que ver con el frío ni con la nieve. Es otra cosa. Es esa mezcla de celeste y blanco que aparece en las vidrieras, en los negocios, en los semáforos, y también en la esquina de Moreno y Quaglia, donde Hilario Gaona vende sus productos desde hace veinte años, ahora sentado en una silla de ruedas porque atraviesa una recuperación posoperatoria, pero firme igual. "Arriba Argentina. Arriba Bariloche", dijo esta semana cuando le preguntaron cómo estaba. No hizo falta decir mucho más.
Bariloche ya palpita el Mundial.
La Copa del Mundo 2026 se jugará en tres países —Estados Unidos, México y Canadá— entre el 11 de junio y el 19 de julio, con un formato histórico: por primera vez participarán 48 selecciones, distribuidas en 12 grupos. El torneo arrancará el 11 de junio con México vs. Sudáfrica en el Estadio Azteca.
Argentina integrará el Grupo J. La Albiceleste iniciará su participación el 16 de junio ante Argelia, a las 22 horas argentinas, en el Arrowhead Stadium de Kansas City. Luego enfrentará a Austria el 22 de junio en Dallas a las 14, y cerrará la fase de grupos el 27 de junio contra Jordania, también en Dallas, a las 23.
Rivales que, sobre el papel, no asustan. Pero el fútbol no se juega sobre el papel.
Nadie lo sabe mejor que los argentinos que vivieron Qatar 2022 de principio a fin. La Selección arrancó aquel torneo perdiendo contra Arabia Saudita en uno de los golpes más inesperados de la historia del fútbol mundial. El grupo se tambaleó, el país entró en crisis, y Messi cargó el peso de todo. Pero lo que vino después fue una de esas historias que el fútbol reserva para muy pocas generaciones: partido a partido, la Albiceleste fue creciendo hasta llegar a una final épica contra Francia, que se resolvió en los penales después de un partido que tuvo de todo. Fue el tercer título mundial de Argentina y el primero de Lionel Messi. Una deuda histórica saldada en el desierto.
Ahora, cuatro años después, el mismo capitán vuelve a ponerse la camiseta celeste y blanca. Y esta vez hay algo diferente. Se espera que esta sea la última participación de Messi con la Selección Nacional. Un dato que convierte al Mundial 2026 en algo más que una competencia deportiva: es una despedida. Una biografía que se cierra. Un mundo que querrá ver, una última vez, a Messi levantar una Copa o luchar por hacerlo.
En Bariloche, eso se siente. La gente que para en la esquina de Hilario, que le compra palo santo y artículos con los colores nacionales, no necesita que nadie le explique lo que está en juego. Lo saben. Lo llevan adentro, como siempre que hay un Mundial. Pero esta vez, con algo extra: la consciencia de que puede ser la última vez.
El país entero está mirando hacia junio. Y en la esquina de Moreno y Quaglia, un hombre en silla de ruedas ya tiene la Celeste y Blanca desplegada, de diez a diecisiete, todos los días.
Eso también es Argentina.