Por: Bache3000
Mañana es martes 14 de abril y el cielo tendrá ese color de moretón mal curado, un gris sucio que te dice que nada bueno va a pasar. No hace falta ser un genio, solo abrir la ventana. Pero el Servicio Meteorológico y los tipos del Parque Nacional Nahuel Huapi, que se pasan el día pensando en estas cosas, se tomaron la molestia de emitir un alerta amarillo. Nevadas, dicen. Diez, veinte milímetros de precipitación acumulada, como deudas que te caen de golpe. Y en lo alto, nieve. Nieve de la que se te mete en los huesos y te recuerda que no sos más que un trozo de carne esperando congelarse.
Pero vos vas a ir igual, ¿no? Porque tenés el "espíritu libre", un alma aventurera y el cerebro de un mosquito borracho que se cree invencible.
Imaginate la escena. Yo la vemos clarita. Vas a subir a la montaña con esa camperita de nylon que te salió barata en la liquidación del shopping, la que dice "térmica" pero que el viento atraviesa como si fuera un chiste malo. Te ponés las zapatillas de lona, porque "son cómodas", y empezás a caminar. El primer milímetro de lluvia te pega en la cara como una bofetada helada. "Es solo agua", pensás. Error. Es el principio del fin de tu dignidad.
A los diez minutos, el agua ya no te pega, te penetra. La campera está pegada a tu cuerpo como una segunda piel mojada y fría. El "aire libre" se siente como la morgue. Y tus zapatillas... bueno, tus zapatillas son dos esponjas pesadas que hacen chof chof con cada paso. El frío empieza a trepar por tus piernas, buscando tu cordura.
"Debería haber chequeado el estado de las rutas en Vialidad Nacional", pensás, recordando vagamente el link de https://www.argentina.gob.ar/obras-publicas/vialidad-nacional/estado-de-las-rutas que ignoraste mientras te servías otra copa de vino. "O mirar el pronóstico del SMN en https://www.smn.gob.ar/". Pero no, vos sos el rey de la montaña, el que no necesita consejos de burócratas del clima.
Y entonces, en una zona más alta, donde la lluvia decide volverse nieve para terminar de joderte, intentás la selfie épica. Te paras en un montículo, con el pelo chorreando agua y la nariz colorada, y ponés tu mejor cara de "conquistador/a". Pero el barro debajo de tus zapatillas empapadas no tiene sentido del humor. Resbalás. No hay cámara lenta, solo un descenso rápido, desprolijo y humillante sobre tu propia gravedad, mientras tu celular sale volando hacia el abismo. El abismo, por cierto, no te devuelve la mirada, amigo/a. Te devuelve una patada en el orgullo y un par de moretones que vas a sentir por semanas.
Terminás abajo, en medio del sendero que ahora es un río de barro, empapado, congelado, sin celular y con un hambre que te carcome. Intentás sacar tu sándwich de jamón del bolsillo, pero entre tus dedos entumecidos y la humedad, lo que sacás es una pasta grisácea y pastosa. Un bocado y sentís el gusto a la derrota más amarga. Te acordás de los refugios. "¿Estarán abiertos?", te preguntás desesperado, como si el link del Club Andino https://www.clubandino.org te fuera a salvar ahora. La montaña te mira y se ríe. No es un lugar para picnics románticos en días de alerta, es una pelea de bar que estás perdiendo por knock-out.
Al final, alguien te va a encontrar, o vas a arrastrarte hasta la ruta, donde algún conductor piadoso (y con un auto que no se quedó encajado en el barro porque él sí chequeó Vialidad) te va a levantar, mirando con asco tu estado lamentable.
Hacete un favor. Antes de salir a que la montaña te mastique y te escupa como si fueras un chicle viejo, abrí una botella. Quedate en casa. Escuchá cómo la lluvia golpea el techo, un sonido hermoso cuando no te estás muriendo de hipotermia. Alegrate de no estar allá arriba, siendo un titular en el diario del miércoles, otro "turista incauto" que hubo que rescatar. La montaña va a seguir ahí, amigo. Es vieja y tiene paciencia. Tu dignidad, si salís hoy, probablemente no sobreviva la jornada.