

Por: Bache3000
En las calles de Bariloche, un mítico no es un ser mitológico ni una criatura fantástica - aunque a veces parezca tan difícil de encontrar como el monstruo del lago. Es esa máquina amarilla que, de vez en cuando, se digna a aparecer para rellenar los pozos que han estado decorando las calles durante meses. Y cuando digo decorando, me refiero a esos hoyos que ya tienen nombre propio y forman parte del paisaje urbano.
Los barilochenses han desarrollado un sexto sentido para detectar míticos. Es impresionante cómo la noticia se propaga: "¡Hay un mítico en la calle Charcao!" Y de repente, como por arte de magia, aparecen vecinos con mate en mano para presenciar el espectáculo. Es como un flash mob, pero en vez de bailar, la gente se reúne para ver cómo desaparece un pozo que llevaba tanto tiempo en el barrio que ya lo consideraban parte de la familia.
Los conductores de Bariloche tienen una relación de amor-odio con estos pozos. Por un lado, sirven como puntos de referencia: "Dobla a la derecha después del pozo gigante, ese que parece una piscina cuando llueve". Pero cuando finalmente aparece el mítico para arreglarlo, la alegría es comparable a ganar la lotería. Los rostros de felicidad se parecen bastante a la cara de SpongeBob en el meme - esa expresión de emoción incontrolable que solo puede provocar ver un mítico en plena acción.
¿Y los turistas? Pobrecitos, no entienden nada. Mientras los visitantes disfrutan de los paisajes del Cerro Catedral o navegan por el Nahuel Huapi, los locales están compartiendo por WhatsApp la última ubicación confirmada de un mítico. "¡Rápido! ¡Está en el kilómetro 3! ¡Corre que ya casi termina de tapar el pozo!" Los turistas miran confundidos cómo la gente se emociona por una máquina amarilla, sin entender que están presenciando un momento histórico.
Lo más gracioso es que los míticos han generado su propio sistema de creencias. Hay quienes juran que son nocturnos y solo salen cuando nadie los ve. Otros afirman haber visto uno trabajando un domingo, aunque nadie les cree. Y existe la leyenda urbana de un mítico que arregló cinco calles en un solo día - obviamente, nadie tiene pruebas fotográficas de semejante hazaña. Pero así son las cosas en Bariloche: entre lagos, montañas y míticos, la vida sigue su curso, un bache menos a la vez. Y cuando finalmente ves uno, no puedes evitar poner esa cara de SpongeBob, porque amigo, eso sí que es una verdadera emoción barilochense.