

Por: Bache3000
El caso no solo expuso la agresión sexual ocurrida en la oficina del condenado, sino también un patrón sistemático de hostigamiento laboral que siguió al ataque. Según quedó establecido en la sentencia, Fraima utilizó su posición jerárquica para aislar profesionalmente a la víctima, limitando sus funciones a tareas peatonales, excluyéndola de patrullajes y modificando arbitrariamente sus horarios y licencias.
La persecución se extendió al ámbito personal mediante el envío de mensajes con insinuaciones y fotografías de contenido sexual explícito. Cuando la agente intentó denunciar la situación ante el comisario de la Unidad Regional III, este desestimó su reclamo, calificándolo como "cuestiones personales".
El hostigamiento se intensificó cuando la víctima solicitó su traslado. Fraima emprendió entonces una campaña de desprestigio, llegando incluso a presentarse en la oficina del Área de Género de Desarrollo Social para advertir sobre una supuesta "mala conducta" de la agente. Este comportamiento generó sospechas en la responsable del área, quien decidió escuchar a la víctima y brindarle asistencia.
Durante el juicio, profesionales de la Oficina de Atención a la Víctima (Ofavi) confirmaron el relato de la denunciante, aportando detalles sobre el impacto emocional y los efectos devastadores del acoso prolongado. Los testimonios incluyeron la verificación de las imágenes inapropiadas enviadas por el condenado y el conocimiento que los compañeros de trabajo tenían sobre la situación.
En su declaración, la agente manifestó que su objetivo no era lograr el encarcelamiento de Fraima, sino "curar un ciclo, que se sepa la verdad" y visibilizar una problemática que, según expresó, no constituye un caso aislado dentro de la institución policial.
La sentencia, que aún no está firme, incluye la prohibición de acercamiento y la obligación de realizar un curso sobre nuevas masculinidades fuera del ámbito policial.