Por: Bache3000
Las ráfagas de hasta 120 km/h provocaron destrozos en viviendas, calles y tendido eléctrico. Desde la madrugada el aire se había puesto violento, como un borracho que despierta con ganas de pelea. San Carlos de Bariloche vivió este domingo una jornada marcada por la furia del viento. Con ráfagas que rozaron el suelo como águilas, según datos del Servicio Meteorológico Nacional, la ciudad sufrió destrozos materiales, cortes de energía y complicaciones en la circulación.
No importaba si eras un pobre tipo durmiendo en su casita o un camionero chileno manejando por la Ruta de Circunvalación. El viento no discriminaba. El temporal que azotó a Bariloche provocó este domingo a la tarde el vuelco de un camión en la Ruta de Circunvalación, a la altura del Parque Tecnológico. No hubo personas heridas. Imaginate, un camión de varias toneladas volteado como si fuera una lata de cerveza vacía. Según se informó, el vehículo de gran porte fue arrastrado por la fuerza del viento y terminó volcado sobre la calzada.
Los techos volaban por el aire como pájaros gigantes de chapa, pero pájaros muertos, destructivos. El primer balance incluyó al menos siete techos arrancados y una docena de árboles caídos. Uno de los episodios más impactantes ocurrió en la intersección de Remedios de Escalada y avenida 12 de Octubre, en el barrio El Ñireco: el viento voló por completo el techo de un edificio donde funciona un salón de fiestas infantiles. Un salón de fiestas infantiles. Donde los pibes van a soplar velitas y a comer torta barata. El viento no tiene corazón.
Las escuelas también se llevaron su parte. En la ESRN 45, la voladura de chapas obligó a suspender las clases del turno mañana del lunes. Los gurises no iban a tener clases el lunes. Debido a los fuertes vientos registrados y el pronóstico de continuidad de esas condiciones climáticas para este lunes, el Ministerio de Educación y Derechos Humanos decidió suspender las clases del turno mañana en las escuelas de San Carlos de Bariloche. Qué ironía, el viento les daba un día libre a los chicos, pero a costa de volar los techos de sus aulas.

Los árboles, esos gigantes que habían visto pasar décadas, cayeron como soldados derrotados. La Cooperativa de Electricidad Bariloche (CEB) informó que las interrupciones fueron ocasionadas por árboles y ramas que cayeron sobre las líneas de media y baja tensión, en su mayoría desde propiedades privadas. Pinos que habían crecido junto a la gente de Bariloche, que les habían dado sombra en verano y refugio en invierno, ahora yacían tirados en las calles, cortando cables, bloqueando rutas, jodiendo la vida de todo el mundo.
La luz se fue como se va todo lo bueno en la vida: de golpe y sin avisar. En la zona Este, Dina Huapi resultó la más afectada, donde se registró la salida de servicio del alimentador Industrial y LU8 Limay. También hubo inconvenientes en Cerro Leones y en barrio Las Chacras, donde pinos caídos cortaron cables de distribución. Miles de personas se quedaron sin electricidad, sin calefacción, sin televisión, sin nada. En la zona Oeste se produjeron cortes en el barrio Hipódromo y en parte del Circuito Chico, donde la caída de ramas no solo afectó el tendido eléctrico sino que también quebró columnas y dificultó el acceso vehicular.

Los tipos de la CEB salieron como soldados a la guerra contra el viento. Personal de la CEB también recorrió Villa Mascardi, el kilómetro 24,300 de la Av. Bustillo y otros puntos donde los árboles caídos interrumpieron el servicio. Pero era una guerra que no se podía ganar ese día. Desde la Cooperativa recordaron que las tareas de reposición avanzan de manera paulatina, ya que las fuertes ráfagas ponen en riesgo la seguridad de los trabajadores e impiden en algunos momentos subir a los postes.
Los bomberos, los tipos de Protección Civil, todos corrían de un lado para el otro como hormigas tratando de salvar el hormiguero. Desde temprano, cuadrillas de Protección Civil, Bomberos Voluntarios, Parques y Jardines del Municipio y el cuartel de Melipal trabajaron sin descanso para atender las consecuencias del temporal. Pero el viento no descansaba, no tenía compasión, seguía soplando como un maldito que no se cansa nunca.
Las autoridades locales decidieron cerrar de manera preventiva el Parque Municipal Llao Llao, debido a la caída de ramas y árboles que ponían en riesgo a los visitantes. Hasta el lago quedó sin turistas ese día. El viento se había adueñado de todo, había convertido a Bariloche en su reino de destrucción.

Y ahí estaba la gente, encerrada en sus casas, escuchando el rugido del viento contra las ventanas, rezando a cualquier dios que estuviera de guardia para que sus techos no salieran volando también. "Solo estamos pidiendo que la gente no suba a sus techos que es más riesgoso, pedimos que no arriesguen", decían las autoridades. Como si la gente fuera pelotuda. Como si alguien quisiera subirse a un techo con semejante viento.
El temporal de viento en Bariloche del 24 de agosto de 2025 fue uno de esos días que te recuerdan que la naturaleza no jode. Que por más que construyas casas y pongas postes y hagas rutas, ella puede venir cuando se le cante y volarte todo a la mierda. Las tareas de remoción no se podrán realizar hasta que calme el viento. Había que esperar. Siempre hay que esperar. El viento manda, nosotros obedecemos.
Al final del día, cuando las ráfagas empezaron a calmarse, Bariloche parecía una ciudad bombardeada. Techos de chapa tirados por todas partes, árboles partidos, cables colgando como tripas de un animal herido, gente sin luz, chicos sin clases. El viento había pasado por ahí y había dejado su firma: destrucción pura, hermosa y terrible a la vez.
Porque eso es lo que hacen los vientos de 120 kilómetros por hora. No vienen a joder nada más. Vienen a recordarte quién manda en este mundo de mierda.
