Por: Bache3000
La movilización ciudadana refleja el hartazgo de los habitantes de los barrios aledaños al basural, que durante décadas han soportado los efectos nocivos de una problemática ambiental que se ha convertido en una de las principales deudas pendientes de la ciudad turística. Los vecinos instan a la comunidad a "sumar fuerzas para frenar el flagelo del vertedero", según indica la convocatoria que circula en redes sociales.
La situación del vertedero barilochense se enmarca en un complejo entramado normativo que incluye tanto legislación provincial como ordenanzas municipales. La Ley Provincial 5491, sancionada en diciembre de 2020, establece que "los Planes Municipales de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos deben tener como objetivo principal la erradicación de los basurales a cielo abierto" y obliga a las autoridades municipales "a clausurar dichos basurales en el plazo de tres (3) años a partir de la sanción de la presente ley". Esto significaba que el cierre debía haberse concretado hacia diciembre de 2023.

En respuesta a esta legislación provincial y ante la presión de los vecinos afectados, el Concejo Municipal de Bariloche aprobó por unanimidad en diciembre de 2022 la ordenanza que establecía el cierre definitivo del vertedero para el 4 de diciembre de 2023. Sin embargo, esa fecha límite llegó y pasó sin que se cumpliera el objetivo trazado.
El actual intendente Walter Cortés, quien asumió el cargo tras el vencimiento del plazo original, mantiene al basural "ubicado sobre la ruta 40 Sur en condiciones similares" a las de la gestión anterior. La administración municipal argumenta que ya no existe un vertedero a cielo abierto en sentido estricto, ya que "se va tapando el manto a través del trabajo que hace la empresa Rowing", pero los vecinos consideran insuficientes estas medidas paliativas.
El basural de Bariloche concentra décadas de acumulación de residuos urbanos. Según estimaciones municipales, el manto contiene aproximadamente 500.000 toneladas de residuos acumulados a lo largo de los años. El sitio, que "ha sido un lugar de disposición final de residuos desde los inicios de la década del ochenta del siglo pasado", se ubica en un predio de 34 hectáreas que anteriormente funcionó como cantera de áridos para la construcción de la ruta nacional.
Los vecinos más afectados por esta situación son los residentes de barrios como 645 Viviendas, El Pilar y Valle Azul, quienes deben soportar los efectos de los frecuentes incendios que se producen en el basural. Según autoridades municipales, estos incendios "son intencionales" y "molestan mucho en toda la zona", generando humo tóxico que penetra en las viviendas y afecta la calidad de vida de miles de familias.

La problemática del vertedero barilochense trasciende las fronteras locales y se inscribe en un contexto nacional alarmante. Se estima que en Argentina existen 5.000 basurales a cielo abierto, prácticamente dos por municipio, y el vertedero de Bariloche figura "en un ranking de los 50 basurales más contaminantes a cielo abierto del mundo", según datos de la Asociación Nacional de Residuos Sólidos.
A pesar de las promesas y anuncios oficiales, el progreso hacia una solución definitiva ha sido limitado. En 2023, la entonces gobernadora Arabela Carreras anunció que la provincia había recibido "una propuesta de iniciativa privada que permitirá que San Carlos de Bariloche y otras cinco localidades de la región dejen de tener basurales a cielo abierto", pero esta iniciativa tampoco se ha materializado en acciones concretas.
El nuevo gobierno provincial encabezado por Alberto Weretilneck y la administración municipal de Walter Cortés enfrentan ahora la urgente necesidad de dar respuesta a una problemática que ya no puede posponerse más. Actualmente, el municipio enfrenta "el complejo problema del vertedero municipal, que está en una situación crítica con una instrucción judicial de cierre", lo que añade presión legal a las demandas ciudadanas.
La convocatoria del lunes 8 de septiembre representa un nuevo capítulo en la lucha ciudadana por el saneamiento ambiental de Bariloche. Los vecinos han dejado en claro que no aceptarán más dilaciones y exigen que las autoridades cumplan con las normativas vigentes que ordenan el cierre definitivo del vertedero y su traslado a un sitio adecuado fuera del casco urbano.
La imagen que acompaña esta problemática es elocuente: un paisaje desolador donde montañas de basura se extienden hasta el horizonte, con las cumbres nevadas como telón de fondo, evidenciando el contraste entre la belleza natural de la región y el daño ambiental que representa este basural a cielo abierto en una de las ciudades turísticas más importantes del país.
La pregunta que resuena en los barrios afectados es cuánto tiempo más deberán esperar para que se concrete una solución que debió haberse implementado hace casi dos años, cuando venció el plazo establecido por la ley provincial, y que ya suma otro año de incumplimiento desde la ordenanza municipal.