lunes 11 de mayo de 2026 - Edición Nº452

El Bardo de Siempre | 9 oct 2025

DULCE LIMAY

Río Negro refuerza la protección del río Limay con infraestructura y personal calificado tras 30 años de su creación como área natural

La provincia celebra tres décadas de preservación de este patrimonio natural que abarca 15.000 hectáreas desde el lago Nahuel Huapi hasta la confluencia con el río Traful, destacando los avances logrados en conservación de especies amenazadas, equipamiento de guardas ambientales y fortalecimiento de la presencia institucional en una zona que combina bosques andinos, formaciones rocosas y una biodiversidad única.


Por: Bache3000

A treinta años de haberse convertido en un símbolo ambiental para la región, gracias a la lucha y movilización de miles de vecinos, el Área Natural Protegida Río Limay atraviesa un momento de consolidación que va mucho más allá de las declaraciones formales y se materializa en acciones concretas sobre el terreno, con una inversión sostenida en recursos humanos, infraestructura operativa y políticas de conservación que buscan garantizar la supervivencia de un ecosistema fundamental para la provincia de Río Negro.

La Secretaría de Ambiente y Cambio Climático ha implementado en los últimos tiempos una serie de iniciativas que apuntan a fortalecer la protección de este territorio de aproximadamente 15.000 hectáreas que se extiende desde su naciente en el lago Nahuel Huapi hasta donde confluye con el río Traful, un corredor natural que alberga especies emblemáticas como el huillín —mamífero acuático en situación de amenaza—, cipreses de la cordillera y una fauna acuática nativa que encuentra en estas aguas condiciones ideales para su desarrollo.

Entre las medidas más destacadas se encuentra el fortalecimiento del banco de semillas nativas, una herramienta fundamental para la restauración forestal que permite recuperar áreas degradadas con especies autóctonas y mantener la integridad genética de los bosques andinos que caracterizan la zona. Esta iniciativa se complementa con un trabajo articulado con la administración de Parques Nacionales para el registro y monitoreo del huillín, una especie cuya presencia es indicadora de la buena salud del ecosistema fluvial y que requiere de seguimiento permanente para asegurar su supervivencia en un contexto de creciente presión antrópica.

El cuerpo de guardas ambientales ha sido clave en este proceso de consolidación, llevando adelante tareas de monitoreo de biodiversidad, instalación de señalética en zonas de riesgo como Las Cuevas —donde la afluencia turística representa un desafío para la conservación—, y la recolección sistemática de semillas que alimentan los programas de restauración.

La incorporación de infraestructura operativa reforzada, que incluye un módulo habitacional y una oficina destinados a los puestos de guardas en zonas precordilleranas, ha mejorado notablemente la capacidad de acción en territorio y la presencia institucional en áreas remotas donde antes la vigilancia era esporádica.

"Estos avances muestran que la protección no es solo una declaración, sino trabajo efectivo en terreno, con guardas bien equipados, comunidades informadas y políticas ambientales que protegen lo que somos", expresó Exequiel Braccalente, guarda ambiental y coordinador del área, quien ha sido testigo directo de la evolución que ha experimentado la gestión del espacio protegido en los últimos años.

La estrategia impulsada desde la Secretaría promueve una mirada integral que combina la conservación estricta de los recursos naturales con la educación ambiental, la participación activa de las comunidades locales y un sistema de monitoreo continuo que permite detectar tempranamente cualquier amenaza al equilibrio ecológico de la región. Este enfoque busca evitar la degradación progresiva del ecosistema, la pérdida de especies y el deterioro del paisaje que caracteriza a uno de los corredores fluviales más importantes de la Patagonia andina.

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