viernes 03 de abril de 2026 - Edición Nº414

El Bardo de Siempre | 8 feb 2026

ANÁLISIS (PONELE)

El arte de gobernar con poco: la paz inquieta de Walter Cortés

Después de meses turbulentos, el intendente encontró su ritmo. No tiene mayorías, enfrenta conflictos permanentes, pero domina la agenda política con una habilidad que sus antecesores no lograron. ¿Cómo se gobierna Bariloche cuando todo parece un campo de batalla pero la batalla ya está ganada?


Por: Bache3000

Hay algo que cambió en los últimos meses en Bariloche y que cuesta definir con precisión, pero que todos perciben: reina la paz. O casi. Una paz extraña, ruidosa, llena de declaraciones cruzadas y peleas que parecen interminables, pero paz al fin. El gobierno municipal de Walter Cortés atraviesa su momento más estable desde que arrancó, allá por diciembre de 2023, cuando todo era incertidumbre, caos y funcionarios que parecían enemigos del propio intendente. Hoy, con todo en su lugar o casi todo, Cortés ha logrado lo que otros con más poder no consiguieron: gobernar con muy poco y hacer que ese poco alcance para imponer agenda, controlar el debate público y blindar su gestión de los golpes que vienen desde todos los flancos.

El punto de inflexión tiene nombre y apellido: Sergio Herrero. La salida del secretario de Turismo no fue un cambio de gabinete más, fue el fin de una era de conflictos internos que amenazaban con desintegrar el gobierno desde adentro. Herrero era el generador serial de problemas, el que tensaba relaciones con todos, el que convertía cada reunión en un campo minado. Cuando se fue, el Ejecutivo respiró. Los secretarios, subsecretarios y directores empezaron a trabajar sin mirar de reojo, sin esperar la próxima bomba. Sin que les diera verguenza ser oficialista. Y Cortés, liberado de apagar incendios, pudo concentrarse en lo que mejor sabe hacer: manejar el poder.

Porque Cortés tiene una virtud que no es menor ni frecuente en la política local: sabe ejercer el poder. Y lo hace con una economía de recursos que asombra. No tiene siete concejales a favor como tuvo Genusso, no tiene mayorías automáticas, no tiene una alianza sólida que le garantice gobernabilidad. Tiene, si acaso, una relación tácita con algunos concejales, y con Lucas Pérez, ese concejal que asumió después de la renuncia de Natalia Almonacid y que, aunque el oficialismo lo niegue con vehemencia, tiene el sello cortesista. Es una jugada inteligente, astuta, del tipo que no se anuncia pero que todos ven. Y eso, sumar un concejal sin decir que lo sumaste, es gobernar con inteligencia.

Entonces, el escenario es este: Cortés tiene poco, pero con poco hace mucho. Define el rumbo del gobierno casi solo, sin necesidad de consensos amplios ni negociaciones desgastantes. Sus ejes son claros y funcionan: el pavimento, la pelea con el sindicato, la pelea con los concejales, la pelea abstracta contra la burocracia. Todo es pelea en el discurso de Cortés, todo es límite que se corre, todo es batalla que se da. Pero acá está el truco, el secreto de su éxito: mientras todos dicen que se pelea con todo el mundo, lo que hace es imponer agenda. Y en política, imponer agenda es ganar.

La oposición tiene algunas batallas ganadas, sí, algunas pequeñas victorias que se celebran con entusiasmo. Pero no logra quedarse con el predominio de los temas, no logra instalar debates que duren más de una semana. Cortés, con su estilo confrontativo y su capacidad de generar conflicto permanente, arrastra al conjunto de la oposición hacia las temáticas que él elige. Puede reclamar dinamismo y practicidad para la toma de decisiones aunque después no se decida nada, puede denunciar trabas del Concejo aunque los proyectos no existan o no sean tan urgentes. Lo importante no es si tiene razón, lo importante es que es efectivo. Porque la política, en definitiva, no es lo que cada uno cree que es la política, sino lo que percibe la gente. Y la gente percibe que hay un intendente que empuja, que pelea, que no se queda quieto. Y eso, en un contexto de gobiernos débiles y fragmentación política, es mucho.

Ahora bien, esto tiene un costo. Cortés se lleva todas las victorias pero también todos los cachetazos. No hay nadie que reciba los golpes por él, no hay fusibles que salten cuando algo sale mal. Todo pasa por su figura, todo se ancla en su estilo personal de conducción. Es un riesgo, pero hasta ahora ha funcionado. Y desde la salida de Herrero, ha funcionado mejor que nunca.

Se viene un año de mucha disputa, eso es innegable. La alianza con Juntos Somos Río Negro está en marcha y el objetivo es doble: reforma de la Carta Orgánica y aprobación del proyecto de Cerro Catedral para que CAPSA pueda avanzar. Los dos temas van de la mano y los dos definen posiciones en un arco político que se va ordenando lentamente. La Carta Orgánica es el escenario donde se va a dirimir gran parte del futuro político de Bariloche. Si la oposición va dividida a las elecciones de convencionales, Cortés puede sacar ventaja y lograr la reforma que necesita. Si la oposición logra un milagro y va unida, con un programa compartido y acuerdos mínimos, la pelea será otra.

El peligro es que la discusión sobre la Carta Orgánica se convierta en una pelea cortoplacista, atravesada por los conflictos del presente y no por una visión de largo plazo. Uno puede estar a favor de darle más poder al Ejecutivo, de que la gestión sea más dinámica, pero no porque hoy haya bronca con el Concejo Deliberante y se quiera reducir de once a siete concejales. Eso no es una discusión seria, es un capricho de coyuntura. Lo que necesita Bariloche es una Carta Orgánica que piense la ciudad para los próximos veinte o treinta años, no para las próximas elecciones. Y eso requiere que oficialismo y oposiciones se sienten a dialogar, que pongan sobre la mesa qué cosas comparten y cuáles no, que dejen de lado las peleas personales y piensen en la ciudad.

Pero volvamos al presente, a este momento de paz inquieta que vive el gobierno de Cortés. Es una paz que no se parece al silencio, que no tiene nada de tranquilidad en el sentido tradicional. Es una paz construida sobre el dominio de la agenda, sobre la capacidad de hacer que todos hablen de lo que él quiere que se hable. Cortés pelea, sí, todo el tiempo pelea. Pero mientras pelea, gobierna. Y eso, en una ciudad fragmentada, con un Concejo dividido y una oposición que no termina de encontrar su norte, es suficiente. Por ahora, es suficiente.

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