Por: Bache3000
Brunenger es visitante, es famoso, es un nombre. Pero lo que le pasó a él le pasa a cualquiera: al vecino que vuelve del trabajo, al turista que salió a tomar un helado, al pibe que camina a la una de la mañana por Ecuador. La diferencia es que él tiene cámara, tiene público, tiene reach. Y lo que pasó quedó registrado.
Al rato, nueva increpación. Esta vez con invitación a pelear incluida. Hasta que aparece un policía. Y ahí la cosa se pone más densa todavía: la conversación entre el influencer y el uniformado es de una familiaridad pasmosa, como si fueran compinches de bar. "Ya los agarramos y les pegamos una apretada", dice el oficial. "No los podemos hacer nada, porque son menores". Brunenger asiente. Hablan de "los pibitos" como quien habla del clima. "Son re carna, boludo, re intensos", suelta el policía. Como si la violencia policial fuera anécdota, como si la impunidad fuera lo normal, como si todo estuviera bien así.
El video circula. Y ahí empieza el segundo capítulo: otro creador de contenido toma el asunto y lo convierte en denuncia. Pero no cualquier denuncia: señala a los agresores como "marrones", como "villeros". Resuelve todo con los mismos insultos, la misma discriminación, la misma violencia que supuestamente denuncia. El círculo se cierra: inseguridad, racismo, clasismo, bronca mal canalizada. Todo junto, todo revuelto.
Y en medio de ese desastre, Susy. Susana, para el registro oficial. Portera de la Escuela 325, barilochense de ley, una de esas personas que conoce todo el mundo. Al día siguiente, en el Bariloche Experiencia, lo ve y se acerca. "Perdón por lo que te pasó anoche", le dice. Brunenger la frena: "¿Pero por qué te disculpás vos? Vos no tenés nada que ver". Pero Susy insiste: "Me da vergüenza ajena con la gente que tenemos en Bariloche". El influencer le devuelve algo de calma: "Fue más la gente buena que me crucé". Con diálogo, con gesto, con humanidad. Salva los trapos de una ciudad que anda pidiendo auxilio.
Susy se convirtió en símbolo. "Un ejemplo a seguir", dijeron en redes. "Te queremos, Susy", escribieron los barilochenses que se sintieron representados por ese gesto sencillo y necesario. Porque en medio de la violencia, la discriminación y la impunidad, alguien tuvo que salir a pedir disculpas por una ciudad que no sabe cómo arreglar lo que está roto.
Porque lo que pasó con Brunenger es síntoma, no enfermedad. El centro de Bariloche está cada vez más tomado por situaciones de violencia, alcoholismo, drogas. Y la respuesta del Estado es un policía que habla de apretadas a menores como si fuera parte del protocolo. Mientras tanto, la grieta se hace más grande: unos echan la culpa a "los villeros", otros miran para otro lado, y en el medio están los que caminan por la calle preguntándose cuándo les va a tocar.
La postal se pudrió. Y nadie parece tener idea de cómo arreglarla, excepto Susy.