Por: Bache3000
Hay una frase que se repite en cada asamblea vecinal, en cada reclamo que llega a los medios, en cada conversación de vereda: "los políticos no vienen al barrio". Es un diagnóstico tan extendido como preciso sobre la desconexión entre la dirigencia y la gente. Pero Marcela González Abdala, legisladora provincial por Bariloche, decidió hacer de ese reclamo una tarea concreta. Se propuso recorrer todos los barrios de la ciudad, y ya lleva 38 en total.
No es una caminata protocolar ni una foto para las redes. González Abdala se sienta con los vecinos, escucha, pregunta, y después lo sube todo a sus redes sociales. Todo, literalmente. Las críticas duras a la dirigencia política, los testimonios sobre inseguridad y economía, las quejas por el mal funcionamiento del Estado, las historias de emprendedores que resisten, los trabajos comunitarios en temas ecológicos o tecnológicos, y también los testimonios descarnados sobre problemáticas como la droga. Sin anestesia, sin edición complaciente.
"No escuchar a la sociedad es uno de los principales reclamos que tiene la gente, por eso me parece importante estar, y que sea una de las tareas que me propuse como legisladora", asegura González Abdala. La frase sintetiza una propuesta política que, aunque parezca elemental, resulta poco habitual en la práctica: ir, estar, escuchar, y mostrar lo que la gente dice sin el filtro del marketing político.
En sus redes sociales, el registro de estos recorridos funciona como un termómetro social sin mediaciones. Hay vecinos que cuentan cómo la inseguridad les cambió la vida cotidiana, otros que explican el impacto de la crisis económica en sus bolsillos, y también están los que aprovechan la ocasión para criticar, a veces con dureza, a todos los dirigentes políticos sin distinción. González Abdala no esquiva nada. Sube las conversaciones completas, con las incomodidades incluidas.
Pero el recorrido también muestra otra cara de los barrios. Aparecen emprendimientos productivos que sobreviven a pesar de todo, vecinos que trabajan en proyectos ecológicos o tecnológicos, historias personales que dan cuenta de la relación de cada uno con la ciudad. Y también están los temas que suelen quedar fuera de la agenda pública, como el consumo de drogas, que González Abdala registra con la misma crudeza con la que los vecinos lo relatan.
La práctica de recorrer barrios no es nueva en la política argentina, pero sí es infrecuente que ese recorrido se sostenga en el tiempo y que se transforme en un registro público permanente. La apuesta de González Abdala parece ser esa: demostrar que es posible estar, escuchar, y mostrar lo que la gente tiene para decir, incluso cuando lo que dicen no resulta cómodo para la dirigencia política. El desafío, ahora, será qué hace con todo lo que escucha.