Por: Bache3000
Un vecino que reside frente al vertedero municipal presenció esta semana una escena que lo indignó profundamente: una camioneta perteneciente a una fundación de Bariloche se detuvo en el ingreso al CRUM, abrió las puertas y sus ocupantes comenzaron a arrojar bolsas y residuos directamente sobre la banquina, a metros del predio habilitado para la disposición de basura.
El residente no dudó en acercarse a interpelarlos. Les indicó que existían otras formas y otros lugares para deshacerse de los residuos, y les pidió que detuvieran lo que estaban haciendo, pero la respuesta de los tres hombres fue ignorarlo por completo: terminaron de descargar lo que llevaban, cerraron la camioneta y se fueron sin mediar una sola palabra de justificación.
"Esto fue recién, me pasó a mí. Me acerqué de buena manera, eran tres personas, tiraron casi la mayoría de la basura que llevaban y se fueron", relató el vecino, con una mezcla de incredulidad y hartazgo que no necesita demasiada explicación.

Lo que hace más grave el episodio no es solo el descarte irresponsable de residuos, sino la institución detrás del volante: la camioneta fue identificada por los vecinos como perteneciente a una fundación con actividad en la ciudad, es decir, una organización que en principio debería tener entre sus valores el cuidado del entorno y el respeto por las normas básicas de convivencia urbana.
La zona de ingreso al vertedero es uno de los puntos donde con mayor frecuencia se registran episodios de basural a cielo abierto, y los vecinos que habitan en sus inmediaciones llevan tiempo soportando una situación que el municipio no ha logrado resolver de manera definitiva, pese a que el debate en torno al CRUM y su gestión ocupa desde hace meses el centro de la agenda política local.
Ante la impunidad con la que actuaron los ocupantes de la camioneta, los vecinos de la zona están analizando presentar una denuncia formal ante la Municipalidad, con la identificación del vehículo como elemento central, para que el episodio no quede en una anécdota más de un lugar que parece habilitado, en los hechos, para que cada uno tire lo que quiera cuando nadie mira, aunque esta vez sí había alguien mirando.