Por: Bache3000
La construcción en Bariloche atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Con la veda invernal acercándose y la obra pública prácticamente paralizada, los trabajadores del sector enfrentan un panorama de desempleo creciente y vulneración de derechos laborales que el gremio intenta frenar obra por obra. Nicanor Espinoza, secretario general de la UOCRA regional, describió en una entrevista radial el estado actual del sector con una claridad que no deja margen para la duda: "La construcción está como pega un pantallazo como está el país. Estamos todos bastante complicados".
Para Espinoza, el problema central es la ausencia del Estado como empleador. La obra pública —rutas, puentes, viviendas, hospitales— no solo generaba fuente laboral directa sino que también facilitaba el control sindical y el cumplimiento del convenio colectivo. Sin ese contrapeso, el peso recae sobre el sector privado, donde la realidad es otra: "Nosotros obra que vamos, nunca hemos salido sin problemas. Siempre hay un problema". Esta mañana, antes de la entrevista, ocho trabajadores se acercaron al gremio preguntando por trabajo, y la veda invernal ni siquiera comenzó.
El dirigente detalló las irregularidades más frecuentes que encuentra en las obras privadas financiadas por fideicomisos: falta de ropa de trabajo, ausencia de comedores y baños en condiciones, no pago de adicionales por hormigón, altura o zanjeo, y extensión de la jornada laboral sin la compensación salarial que exige el convenio. En lugar de pagar las horas extras con los recargos del cincuenta o el cien por ciento que corresponden, muchos empleadores intentan compensarlas con francos al día siguiente, esquivando el impacto en el bolsillo del obrero.
A eso se suma la práctica sistemática de traer trabajadores del norte del país —Salta, Jujuy— para esquivar a los obreros locales y abaratar costos. El caso más reciente y concreto que mencionó Espinoza fue el de la ampliación y renovación del hotel Llao Llao: la empresa contratista trajo trabajadores de otras provincias sin abonar el 30% de desarraigo que exige el convenio colectivo cuando un obrero es desplazado cientos de kilómetros de su familia. Cuando el gremio intervino junto al Ministerio de Trabajo y exigió ese pago, la ecuación económica para la patronal se invirtió de inmediato.
"Cuando le empezás a reclamar lo que le corresponde al trabajador, ya no le empieza a servir traerlos de afuera. Ahí sí ya empiezan a buscar gente de acá", explicó el dirigente. Lo mismo ocurrió en obras del kilómetro veinticuatro y en los Baguales, donde el gremio sostuvo cuatro o cinco paros hasta lograr que se regularizara la situación.
Espinoza precisó qué implica ese adicional que las empresas se niegan a reconocer: un trabajador traído desde Salta o Jujuy pasa meses lejos de su hogar, sin poder acompañar a sus hijos en el colegio ni estar presente en la vida familiar cotidiana. El desarraigo no es un capricho del convenio sino el reconocimiento económico de ese sacrificio. Cuando se suma al salario básico, al pago de pasajes, comida y estadía, el trabajador del norte deja de ser el negocio que la empresa esperaba y la contratación local vuelve a ser la opción.
Las condiciones en que esos trabajadores son alojados constituyen uno de los puntos más graves del relato. Espinoza describió un operativo en una obra de pleno centro de Bariloche, donde los vecinos denunciaron la situación y el gremio intervino junto al Ministerio de Trabajo: los obreros dormían en un cuarto de chapa de cuatro por cuatro metros, con maderas de encofrado usadas como aislante, con temperaturas de cuatro o cinco grados bajo cero. "Estaban ahí engripados", dijo. El gremio logró que les consiguieran un lugar digno, pero advirtió que la dinámica se repite: cuando se los obliga a regularizar la situación, las empresas mandan a los trabajadores de vuelta a sus provincias y contratan otros.
Desde la UOCRA, Espinoza destacó que a través de reclamos y audiencias ante el Ministerio de Trabajo lograron recuperar entre cuarenta y sesenta millones de pesos que llegaron al bolsillo de los trabajadores. Pero insistió en que el sistema solo funciona si los propios obreros se animan a denunciar: muchos callan por miedo a perder el trabajo, cediendo derechos que les corresponden para no quedar en la calle. "Si ustedes denuncian, el empresario la va a pensar dos veces antes de cometer el mismo error. Ustedes son los que hacen la obra. Sin el obrero no son nada".