Por: Bache3000
Hace dos días, un zorro apareció enredado en un alambrado en un domicilio de Bariloche. Una de las personas que participó del rescate, relató lo que ocurrió a Bache3000: la dueña de la casa creyó al principio que el animal estaba muerto porque no se movía. Al día siguiente, desesperada y sin saber a quién llamar, le pidió ayuda a su compañera de trabajo, quien se comunicó con múltiples organismos sin conseguir respuesta de ninguno.
Llamaron al 103, que derivó el llamado a Parques Nacionales. Parques Nacionales, a su vez, derivó a la Guardia Civil. Desde Parques Nacionales de Buenos Aires enviaron un mail con números de teléfono a los que nadie atendió: "Las líneas estaban colgadas", describió la fuente. También contactaron a varios veterinarios de la ciudad, entre ellos el estudio Percario, donde les explicaron que no podían hacerse cargo por tratarse de un animal silvestre.
Finalmente, el rescate fue posible gracias a dos rescatistas voluntarias y a un veterinario de fauna que actuó por iniciativa propia, sin obligación institucional. "Él aclaró que no le competía. Lo hizo de onda, pura y exclusivamente de corazón", señaló la fuente. Al parecer, después intervinieron Zoonosis municipal o Fauna de Río Negro, aunque la informante aclaró que nunca quedó claro quién actuó ni en qué momento, porque nadie les comunicaba el estado del animal.
Lo que les dijeron fue que el zorro quedaría en observación. Sin embargo, a través de una de las rescatistas se enteraron de que el animal fue sacrificado ese mismo día. La indignación por esa información se sumó a otro hecho que la fuente califica de grave: al contactarse con un periodista de ese medio local para contar lo sucedido y visibilizar la ausencia de protocolos, el medio publicó una nota afirmando que dicho protocolo existe.
"Todo lo que dice la nota de ese medio está todo tergiversado", aseguró la fuente, una de las varias personas que participaron activamente en el rescate del animal, y quien pidió el anonimato por temor a represalias. Según su relato, ella misma redactó y entregó al periodista un resumen detallado de lo ocurrido, con la intención de que la comunidad supiera que no hay un sistema de respuesta ante animales silvestres heridos que no sean huemules o pumas, y que tampoco existe en Bariloche un centro de conservación, rehabilitación o cirugía para estos casos.
"La gente piensa que hay un protocolo y no es así. Intenten llamar ustedes mismos y se van a dar cuenta de que ni atienden", advirtió. La pregunta que deja abierta es quién se beneficia con que esa información no circule: "¿A quién están cubriendo? ¿Quién lo silenció?", se preguntó.
El caso del zorrito deja una pregunta sin respuesta oficial: si mañana aparece otro animal silvestre herido en Bariloche, ¿a quién llama un vecino? Por ahora, la única respuesta concreta la dieron dos rescatistas voluntarias y un veterinario que eligió ayudar porque quiso.