Por: Bache3000
El avance del jabalí sobre territorios cada vez más cercanos a las ciudades dejó de ser una preocupación exclusiva del mundo rural. En Bariloche, la señal de alerta llegó desde los propios barrios: en los últimos meses, ejemplares fueron avistados en la zona este de la ciudad y, anteriormente, en el área de Circuito Chico, dos sectores que grafican cómo la especie ya no respeta los límites entre el campo y lo urbano.
Frente a ese escenario, semanas atrás el municipio encendió la alarma con una advertencia que resonó entre productores, vecinos y organismos de conservación: "Estos animales van a empezar a invadir, es inevitable que ocurra". La frase no fue un alarmismo aislado sino el reconocimiento de un proceso que ya está en marcha y para el que todavía no hay una respuesta coordinada a nivel local.
En ese contexto, cobra relevancia una iniciativa que nació precisamente en la Patagonia y que busca dar una respuesta concreta al problema. Se trata de un sistema de trampas de red diseñado originalmente en Estados Unidos para el control de especies invasoras, que comenzó a fabricarse en Argentina desde diciembre del año pasado y que ya tiene 15 unidades instaladas en distintos puntos del país.

El impulsor del proyecto es Cristopher Sly, quien encontró en el jabalí una amenaza directa a los campos de la región patagónica. "Es nuestra primera visita a este predio y lo que estamos presentando es un sistema de trampas para jabalíes, que comenzamos a fabricar en Argentina, bajo la licencia de una empresa americana. Es una trampa diseñada por una empresa de control de especies invasoras de Estados Unidos", explicó.
El origen del proyecto tiene raíces locales. Sly observó en su propia experiencia patagónica cómo los jabalíes aceleran la propagación de la rosa mosqueta, un arbusto invasor que termina inutilizando los lotes ganaderos. "A mí me interesó porque los jabalíes en la zona donde nosotros vivimos, en la Patagonia, consumen la rosa mosqueta, que es un arbusto con muchas espinas, y diseminan las semillas por todo el campo. Si uno no hace nada al respecto, la rosa mosqueta termina invadiendo un lote y los animales ya no pueden ingresar", detalló.
Para sortear los obstáculos de importación, Sly buscó fabricar el sistema localmente. "Me contacté y les propuse la posibilidad de fabricar esta red acá en Argentina; el tema de la importación y los aranceles lo hacía muy prohibitivo, por lo que me contacté con el dueño de una fábrica que hace 40 años se dedica a hacer redes de pesca", contó. Tras desarrollar tres prototipos y obtener la aprobación de la firma original, la producción arrancó y los primeros resultados comerciales no tardaron en llegar. "Esta es nuestra primera presentación en sociedad, y afortunadamente recibimos más de 50 consultas en apenas un día", señaló.
El sistema funciona mediante una red de fácil traslado que puede instalar una sola persona en menos de una hora. La clave del método está en la paciencia y el monitoreo: se coloca cebo alrededor del perímetro y se observa el movimiento de los animales mediante cámaras, permitiendo que ingresen y se habitúen a la estructura hasta alcanzar un número suficiente antes de activar el cierre. "Es una solución muy efectiva, sencilla, es de transporte fácil; una sola persona lo puede montar en menos de una hora. Uno instala la trampa y comienza a llevar el cebo alrededor del perímetro, mientras con una cámara se monitorea el movimiento de los jabalíes", explicó Sly.
Los resultados pueden ser contundentes. "El récord de animales capturados en una sola enredada es de 85 ejemplares", destacó. El dato no es menor si se considera la magnitud del problema a escala nacional: "En Argentina estamos hablando de más de 2 millones de jabalíes en 16 de las 23 provincias".

El sistema tiene un costo de 3.500 dólares al cambio oficial, más flete, y ya genera interés más allá de las fronteras argentinas. "Ahora somos representantes en Chile, Argentina y Uruguay", indicó Sly. La demanda crece con presentaciones previstas en Corrientes, Córdoba y La Pampa, y con primeros acercamientos desde parques nacionales y organizaciones de conservación, actores que en Bariloche tienen un peso específico importante dado el ecosistema que rodea a la ciudad.
Más allá del control poblacional, el proyecto empieza a explorar el aprovechamiento económico del animal capturado. "Después de capturarlos, la decisión queda en cada uno que compre este sistema, pero normalmente pasa por hacer el sacrificio del animal; estamos analizando la posibilidad de aprovechar toda la cadena de valor del animal", sostuvo Sly. La carne de jabalí, de bajo contenido graso y alto valor proteico, ya tiene mercado en otras partes del mundo, incluso como insumo para alimento balanceado para mascotas.
En ese sentido, la región tiene un pie adelante: "Hay dos frigoríficos, uno en Junín de los Andes y otro en Beltrán, en la provincia de Río Negro, que ya están autorizados, y la idea es que esto se regule a nivel nacional. Sino, de lo contrario, se tira y se pierde", advirtió. Con presencia en 35 países y más de 10.000 unidades instaladas globalmente, el sistema da sus primeros pasos en un mercado argentino donde la urgencia, especialmente en zonas como Bariloche, parece crecer más rápido que las respuestas disponibles.