jueves 23 de abril de 2026 - Edición Nº434

Sólo el vecino salva al vecino | 23 abr 2026

CON ACENTO FRANCÉS

La Junta vecinal del Arrayanes que estaba llena de basura y olor insoportable hoy es otra: pintada, con baños renovados y limpia

19:26 |La sede que Máximo Calfuquir dejó en estado de abandono —con comida de la pandemia, colchones, escombros y heces de animales— quedó irreconocible. Los vecinos dicen que nunca la habían visto así.


Por: Bache3000 // producción Martín Pargade

Hace poco más de un mes, las integrantes de la nueva comisión directiva de la Junta Vecinal del barrio Arrayanes entraron por primera vez a su sede y no reconocieron el lugar. El olor era insoportable. Había bolsas de basura apiladas, alimentos vencidos del tiempo de la pandemia, colchones deteriorados, ropa tirada, escombros y heces de animales por todos lados. Ese era el estado en que Máximo Calfuquir —expresidente de esa misma junta— les entregó el espacio después de retener las llaves durante años, en un traspaso que derivó en escándalo público.

Hoy, ese mismo lugar luce pintado de arriba a abajo, con baños renovados, papel higiénico, sin un solo rastro de suciedad ni desorden. Los vecinos que se acercan no pueden creerlo.

De la vergüenza al orgullo vecinal

La recuperación no fue obra de nadie más que de los propios vecinos y la nueva comisión. Trabajaron el sábado del traspaso desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche, y retomaron el domingo desde las diez de la mañana. Sacaron bolsas y bolsas de basura, cajas con comida en mal estado, muebles inservibles, cables sueltos y todo lo que cuatro años de abandono habían acumulado. Silvia, una de las integrantes, lo resumió en pocas palabras: "Cuando nosotros entramos acá, olía espantoso."

Lo que vino después fue trabajo colectivo, pintura, herramientas, tiempo y ganas. El resultado habla solo: una sede barrial en condiciones, digna, funcional. No es un hotel cinco estrellas, pero para quienes la recibieron llena de mugre y sin libros contables, quedó hermosa.

"Nunca lo habíamos visto así", dijeron los vecinos del barrio. Y no es una expresión de euforia: es literalmente cierto. Hace cuatro años que ningún vecino del Arrayanes tenía acceso real a esa sede. Cuatro años en los que el espacio se fue degradando mientras permanecía cerrado y fuera del alcance de la comunidad.

La historia de esta junta vecinal arrancó con una elección donde la lista oficialista, avalada irregularmente por el propio Calfuquir desde su cargo de funcionario municipal, fue impugnada por la Junta Electoral y no pudo competir. La lista blanca de Nataly Mansilla Pérez quedó proclamada, pero el traspaso se demoró y cuando finalmente ocurrió —ante la presencia del concejal Leandro Costa Brutten, que acompañó a los vecinos— Calfuquir llegó tarde, increpó al concejal diciéndole que "no se tenía que meter en los asuntos de los barrios" (siendo que fiscalizar es precisamente la función de un concejal), realizó un comentario misógino frente a las vecinas y cedió las llaves solo cuando la presión fue insostenible. Los libros contables nunca aparecieron.

Nada de eso pudo frenar lo que vino después. La nueva comisión tomó lo que recibió —que era poco y estaba mal— y lo transformó. La sede del Arrayanes está abierta, limpia y lista para funcionar. Para los vecinos del barrio, eso ya es una novedad en sí misma.

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